Estigma


No sería acertado comenzar este trabajo sin puntualizar la definición de estigma. Así, por tanto, podemos definir estigma como “ marca o señal en el cuerpo “, según el diccionario de la Real Academia Española, existe otra definición que también es acertada para la consecución de este trabajo: “ desdoro, afrenta, mala fama “. En el libro también se hace referencia a estigma como un término para referirse a signos corporales con los cuales se intenta exhibir algo malo y poco habitual en el status moral de quien lo presenta, debemos decir que esta definición la crearon los griegos.

Más tarde, durante el cristianismo, se agregaron al término dos significados metafóricos: el primero hacía alusión “ a signos corporales de la gracia divina, que tomaban la forma de brotes eruptivos en la piel ”; el segundo “ referencia médica indirecta de esta alusión religiosa, a los signos corporales de perturbación física “ .

Hechas las “ presentaciones “ de estigma podemos comenzar el trabajo.

El libro se compone de cinco únicos capítulos, por tanto, para hacer el trabajo, me dedicaré a comentar las ideas más significativas para mi de cada uno.

Después de esta breve introducción podemos comenzar con el comentario del libro.

El primer capítulo se basa fundamentalmente en la descripción de las personas estigmatizadas, hace referencia, por tanto, de la situación en la que se encuentran y de cómo se esfuerzan por hacer menos visible su falta física o psíquica.

Es por esto que cuando nos encontramos con una persona desconocida que además posee un defecto dejamos de verlo como una persona corriente y nos causa un sentimiento de menosprecio, cuando menos de pena, la cual, a mi parecer no merecen ya que muchos de ellos quieren ser tratados como personas normales, carentes del estigma.

Es importante señalar que no todos los defectos son temas de discusión, esto es porque determinados defectos no son admitidos en nuestra sociedad, quiero decir, no es tan grave una persona sorda o ciega o con una malformación que una persona homosexual, un antiguo delincuente o una prostituta.

Este libro hace referencia a tres tipos de estigma. El primer puesto lo ocupan las malformaciones físicas. En segundo lugar, los defectos del carácter del individuo como son la falta de voluntad, pasiones tiránicas o antinaturales, creencias falsas y rígidas o la deshonestidad. Por último los estigmas tribales de la raza, la nación y la religión, susceptibles de ser transmitidos por herencia y contaminar por igual a todos los miembros de una familia.

Según esta “ clasificación “ me da la impresión de que cualquier persona es susceptible de estar estigmatizada, ya que todo lo que no sea normal a los ojos de la sociedad es rechazado por salirse de los cánones establecidos por ella. Prueba de ello es lo que dice el libro unas cuantas líneas más abajo, creemos, por definición, desde luego, que la persona que tiene un estigma no es totalmente humana.

Es por ello que un individuo que podía haber sido fácilmente aceptado en un intercambio social posee un rasgo que puede imponerse por la fuerza a nuestra atención y que nos lleva a alejarnos de él cuando lo encontramos, anulando el llamado que nos hacen sus restantes atributos.

Algo que siempre nos ha llamado mucho la atención con respecto a las personas estigmatizadas es el gran esfuerzo que hacen por corregir su incapacidad, me refiero al manejo de áreas de actividad que por razones físicas o incidentales consideramos inaccesibles para quien posea su defecto, como puede ser para una persona lisiada cabalgar, nadar o pilotar un avión. Esta situación me parece muy favorable para ellos ya que les crea una seguridad para estar mejor integrados y demostrarnos que no existen, prácticamente, limitaciones para ellos.

También podemos encontrarnos con el caso contrario, es decir, aquella persona que utiliza su incapacidad para evadirse de todos los deberes desagradables de la vida social, y de la cual ha terminado por depender utilizándolo no solo como medio razonable para evadirse de la competencia sino como una forma de protegerse de la responsabilidad social. Es por eso que si el paciente recupera su vida normal se encuentra desprotegido, averiguando que la vida no es tan sencilla.

Para tratar de ayudar a estas personas existen en la comunidad grupos que tratan estigmas concretos, como puede ser una agrupación de personas con problemas auditivos o visuales. Estas asociaciones están conformadas y dirigidas por personas que poseen este estigma, tratan de dar apoyo y consejo a quien lo necesite, es decir, aquellas personas que se encuentran de manera repentina con la enfermedad o incapacidad y se encuentran perdidos en un mundo totalmente diferente y nuevo para ellos.

Esta situación provoca que casi siempre alguna de estas personas incapacitadas por su labor dentro de la sociedad sea más reconocida. Sea como fuere, aquellos que compartes el estigma de la persona célebre se vuelven repentinamente accesibles para los normales que los rodean en forma más inmediata y son objetos de una ligera transferencia de crédito o descrédito.

Existen, según el libro personas sabias. Un tipo de persona sabia es aquella cuya sabiduría proviene de sus actividades en un establecimiento, que satisface tanto las necesidades de quienes tienen un estigma particular como las medidas que la sociedad adopta respecto de estas personas. Un ejemplo de estas personas son las enfermeras y terapeutas. Un segundo tipo de persona sabia es aquella que se relacione con un individuo estigmatizado a través de la estructura social; esta relación hace que en algunos aspectos el resto de la sociedad más amplia considere a ambos como una sola persona. Por lo tanto, la esposa del enfermo mental, la hija del expresidiario, la familia del verdugo, están obligados a compartir parte del descrédito de la persona estigmatizada con la cual los une una relación.

Otra idea importante que encontramos en este capítulo es aquella en la cual nos habla de que cuando un individuo se encuentra de repente incapacitado le cuesta más relacionarse con las personas que ya conocía de antes que con personas que aún no conocía. Ya que las personas que lo conocían antes se ven afectadas por los recuerdos y son incapaces de brindarle un trato natural, mientras que las personas desconocidas lo ven simplemente como una persona que tiene un defecto.

El segundo capítulo comienza con la definición de desacreditado y desacreditable. El primero es el que hemos visto a lo largo del primer capítulo. Sin embargo el segundo término se refiere a aquella persona en la cual su diferencia no se revela de modo inmediato, y no se tiene de ella un conocimiento previo ( o, por lo menos, él no sabe que los demás lo conocen ).

Para conocer la información acerca del individuo, información referida a sus características más o menos permanentes, contrapuestas a los sentimientos, estados de ánimo e intenciones que el individuo puede tener en un momento particular, esto es lo que se llama información social.

Dentro de esta información podemos reconocer signos, que se denominan “ símbolos “. Estos símbolos pueden afianzar la imagen que ya teníamos del individuo o por el contrario pueden constituir un reclamo de prestigio y honor, en este caso se denominará “ símbolo de status “ o “ de prestigio “. Puede ocurrir, sin embargo, el caso contrario, en el que un símbolo no indique un status o posición, sino que puede llamar la atención sobre una degradante incongruencia de la identidad, disminuyendo nuestra valorización del individuo, estos se denominan “ símbolos de estigma “. Por otro lado existen los desidentificadores, que tienden a quebrar una imagen en una dirección positiva deseada por el actor, y que no busca otra cosa que formular un nuevo reclamo para suscitar profundas dudas sobre su identidad real.

Otro punto que me ha llamado la atención es el problema de la “ visibilidad ” de un estigma particular, es decir, en qué medida ese estigma sirve para comunicar que el individuo lo posee.

En primer lugar, hay que distinguir la visibilidad de un estigma de su conocimiento. Cuando un individuo posee un estigma muy visible, el simple contacto con los demás dará a conocer dicho estigma. Pero el conocimiento que los demás tienen de él dependerá de otro factor además de la visibilidad corriente: que conozcan o no al estigmatizado ( rumores ).

En segundo lugar, cuando un estigma es inmediatamente perceptible sigue en pie el problema de determinar hasta qué punto interfiere con el fluir de la interacción.

En tercer lugar, es necesario separar la visibilidad de un estigma de ciertas posibilidades de lo que podría denominarse su “ foco de percepción “.

Por consiguiente, y en términos generales, antes de hablar del grado de visibilidad hay que especificar la capacidad descodificadora de la audiencia.

También es conveniente señalar como un determinado sector o entorno social puede verse acostumbrado a un cierto estigma por la proximidad que tienen a él. Un ejemplo de esto podría ser un pueblo en el cual hubiese un hospital de ciegos, las personas de esta comunidad verán como algo normal a las personas ciegas, ya que las estarán viendo continuamente. Esto se denomina familiaridad. Es importante señalar que aunque la familiaridad es buena no siempre reduce el menosprecio. Por consiguiente, sea que interactuemos con extraños o con amigos íntimos, descubriremos que las huellas de la sociedad quedan claramente impresas en estos contactos, poniéndonos, aún en este caso, en el lugar que nos corresponde.

Un aspecto importante que me ha llamado especialmente la atención es que los estigmatizados pretenden ocultar con más celo su discapacidad a los familiares por miedo a hacerles daño o para protegerles. Un ejemplo muy bueno que nos describe el libro es aquella familia en la que uno de los padres tiene una discapacidad y considera que los niños de la casa no pueden enterarse ya que les perjudicaría muy gravemente.

Es interesante comentar que las personas que encubren su incapacidad se ven envueltas continuamente en un enorme nivel de ansiedad. Además se siente algo ajeno a su nuevo “ grupo ”, ya que posiblemente no puede identificarse en forma total con las actitudes que ellos tienen hacia los que son como él. Por último se

da por supuesto que la persona que se encubre prestará atención a aspectos de la situación social. Se puede esperar, pues, que aquellos que se encubren empleen voluntaria y estratégicamente,

diversos tipos de distancia. De esta forma evitará las relaciones más íntimas en las cuales se vea obligado a divulgar información.

Introducidos ya en el tercer capítulo que nos habla de la alineación grupal e identidad del yo. Primeramente nos habla de la ambivalencia en la cual el individuo estigmatizado adquiere estándares de identidad que aplica a sí mismo, a pesar de no poder adaptarse a ellos, es inevitable que sienta cierta ambivalencia respecto de su yo. El individuo estigmatizado presenta una tendencia a estratificar a sus pares según el grado en que sus estigmas se manifiestan y se imponen. Puede entonces adoptar con aquellos cuyo estigma es más visible que el suyo las mismas actitudes que los normales asumen con él. Mantenga o no una estrecha alianza con sus iguales, el individuo estigmatizado puede revelar una ambivalencia de la identidad cuando se ve de cerca de los suyos comportarse de manera estereotipada, poner de manifiesto en forma extravagante o lastimosa los atributos negativos que se le imputan. Pienso que esto es debido a que el individuo a adquirido recientemente la incapacidad y no está preparado todavía para asumirlo, es por eso que rechaza su condición y no se identifica con el problema ni con las personas que tienen su misma incapacidad.

Posteriormente nos habla de las alineaciones endogrupales, que son los grupos, en el sentido general de individuos ubicados en una posición semejante, pues aquello que el individuo es, o podría ser, deriva del lugar que ocupa su clase dentro de la estructura social. Uno de estos grupos es el agregado formado por los compañeros de infortunio del individuo. El verdadero grupo del individuo es, pues, el agregado de personas susceptibles de sufrir las mismas carencias que él por tener un mismo estigma

El individuo estigmatizado puede también cuestionar de manera abierta el desagrado semioculto con los que los normales lo tratan, y esperar “ encontrar en falta “ al “ sabio “ que se autodesignó como tal, es decir, continuar el examen de las acciones y de las palabras de los otros hasta obtener algún signo fugaz de que sus demostraciones de aceptación son tan solo una apariencia.

Además al llamar la atención sobre la situación de su propia clase, consolida en ciertos aspectos una imagen pública de su diferencia como algo real y de sus compañeros de infortunio como grupo real. Su desprecio por una sociedad que lo rechaza se comprende solo en función de la concepción que esa sociedad tiene de la dignidad, del orgullo y de la independencia.

Más abajo nos habla de las alineaciones exogrupales en las que se pretende que la persona estigmatizada se considere desde el punto de vista de un segundo agrupamiento: los normales y la sociedad más amplia por ellos constituida. En este caso se recomienda al individuo que se considere un ser humano tan pleno como cualquier otro, alguien que, en el peor de los casos, es excluido de lo que, en último análisis, es simplemente un área de la vida social. No debe avergonzarse de él o de otros que lo poseen, ni tampoco comprometerse tratando de ocultarlo.

Los normales no tienen, en realidad, la intención de dañar; cuando lo hacen es porque no saben cómo evitarlo. Cuando la persona estigmatizada descubre que los normales tienen dificultades para ignorar su defecto, tratará de ayudarlos, tanto a ellos como a la situación social, mediante esfuerzos conscientes para reducir la tensión.

Todos estos comentarios e ideas que nos hace el autor me parecen muy útiles para estas personas que sufren un estigma. Me parecen importantes ya que estas personas, según mi opinión, sufren más por la discriminación de que son víctima, que de la dolencia o estigma que padecen.

En el cuarto capítulo nos habla de las normas, estas se refieren a la identidad o al ser, y pertenecen, por consiguiente, a un género especial. Se refiere a como el individuo obedece a unas normas dictadas por una sociedad y como las acepta, o las rechaza. Mientras algunas de estas normas pueden ser por lo general sustentadas con total adecuación por la mayoría de las personas en la sociedad, hay otras que adoptan la forma de ideales y constituyen estándares ante los cuales casi todo el mundo fracasa en algún momento de la vida. Esto que acabo de decir es un tema de actualidad en nuestra sociedad, me refiero a las cientos de adolescentes que dejan de comer para perseguir unos estereotipos, provocando en su cuerpo una enfermedad que puede causarles la muerte por inanición. Esta norma viene dada por las imágenes televisivas de mujeres extremadamente delgadas que desfilan o actúan y que probablemente también se vean obligadas a estrictas dietas para conservar la “triste figura”.

Estigma.La identidad deteriorada

Erving Goffman

COLONIALISMO INTERNO Por Pablo González Casanova


En la historia del capitalismo
En una definición concreta de esta categoría, tan significativa para las nuevas luchas de los
pueblos se requiere: Primero, precisar que el colonialismo interno se da en el terreno
económico, político, social y cultural. Segundo, precisar cómo evoluciona el colonialismo
interno a lo largo de la historia del Estado-Nación y del capitalismo. Tercero, precisar cómo
se relaciona el colonialismo interno con las alternativas emergentes, sistémicas y
antisistémicas, en particular las que conciernen a “la resistencia” y a “la construcción de
autonomías” dentro del Estado-Nación, así como a la creación de vínculos (o a la ausencia
de vínculos) con los movimientos y fuerzas nacionales e internacionales de la democracia,
la liberación y el socialismo.
El colonialismo interno ha sido una categoría tabú para muy distintas corrientes
ideológicas. Para los ideólogos del imperialismo porque no pueden concebir que se den las
relaciones de comercio inequitativo, desigualdad y explotación ni en un plano internacional
ni a nivel interno. Para los ideólogos que luchan con los movimientos de liberación
nacional o por el socialismo porque, una vez en el poder, olvidados del pensamiento
dialéctico o ayunos del mismo, no aceptan reconocer que el Estado-Nación que dirigen o al
que sirven, mantiene y renueva muchas de las estructuras coloniales internas que
prevalecían durante el dominio colonial o burgués. Es más, estos ideólogos advierten con
razón cómo el imperialismo o la burguesía aprovechan las contradicciones entre el gobierno
nacional y las nacionalidades neocolonizadas para debilitar y desestabilizar cada vez que
pueden a los Estados surgidos de la revolución o de las luchas de liberación, y esos
argumentos, que son válidos, les sirven también como pretexto para oponerse a las luchas
de las “minorías nacionales”, de “las nacionalidades”, o de “los pueblos originales” sin que
la correlación de fuerzas subsistente sea alterada ni les permita modificarla en un sentido

1
Este texto apareció por primera vez en González Casanova, Pablo. “Colonialismo Interno (una
redefinición)”, [en línea]. En Revista Rebeldía, No. 12, (octubre de 2003):
http://www.revistarebeldia.org/revistas/012/art06.html
2 liberador que incluya la desaparición de las relaciones coloniales en el interior del EstadoNación.
La definición del colonialismo interno está originalmente ligada a fenómenos de
conquista, en los que las poblaciones de nativos no son exterminadas y forman parte,
primero del Estado colonizador y después del Estado que adquiere una independencia
formal, o que inicia un proceso de liberación, de transición al socialismo, o de
recolonización y regreso al capitalismo neoliberal. Los pueblos, minorías o naciones
colonizadas por el Estado-Nación sufren condiciones semejantes a las que los caracterizan
en el colonialismo y el neocolonialismo a nivel internacional: 1. Habitan en un territorio sin
gobierno propio. 2. Se encuentran en situación de desigualdad frente a las élites de las
etnias dominantes y de las clases que las integran. 3. Su administración y responsabilidad
jurídico-política conciernen a las etnias dominantes, a las burguesías y oligarquías del
gobierno central o a los aliados y subordinados del mismo. 4. Sus habitantes no participan
en los más altos cargos políticos y militares del gobierno central, salvo en condición de
“asimilados”. 5. Los derechos de sus habitantes, su situación económica, política social y
cultural son regulados e impuestos por el gobierno central. 6. En general los colonizados en
el interior de un Estado-Nación pertenecen a una “raza” distinta a la que domina en el
gobierno nacional y que es considerada “inferior”, o a lo sumo convertida en un símbolo
“liberador” que forma parte de la demagogia estatal. 7. La mayoría de los colonizados
pertenece a una cultura distinta y habla una lengua distinta de la “nacional”. Si como
afirmara Marx “un país se enriquece a expensas de otro país” al igual que “una clase se
enriquece a expensas de otra clase”, en muchos Estados-Nación que provienen de la
conquista de territorios, llámense Imperios o Repúblicas, a esas dos formas de
enriquecimiento se añaden las del colonialismo interno
1
.
En la época moderna, el colonialismo interno tiene antecedentes en la opresión y
explotación de unos pueblos por otros, desde que a la articulación de distintos feudos y
dominios característica de la formación de los reinos, se sumó en el siglo XVII y la
Revolución Inglesa, el poder de las burguesías. Los acuerdos más o menos libres o forzados
de las viejas y nuevas clases dominantes crearon mezclas de las antiguas y las nuevas
formas de dominación y apropiación del excedente y dieron lugar a formaciones sociales en
las que fue prevaleciendo cada vez más el trabajo asalariado frente al trabajo servil, sin que
3 éste y el esclavo desaparecieran. La creciente importancia de la lucha entre dos clases, la
burguesía y el proletariado, se dio con toda claridad en la primera mitad del siglo XIX. A
partir de entonces, la lucha de clases ocupó un papel central para explicar los fenómenos
sociales. Pero a menudo se extrapoló su comportamiento, ya porque se pensara que la
historia humana conducía del esclavismo, al feudalismo, al capitalismo, ya porque no se
reparara en el hecho de que el capitalismo industrial sólo permitía hacer generalizaciones
sobre una parte de la humanidad, ya porque no se advirtiera que el capitalismo clásico
estaba sujeto a un futuro de mediaciones y reestructuraciones de la clase dominante y del
sistema capitalista por el que aquélla buscaría fortalecerse frente a los trabajadores.
En todo caso en el propio pensamiento clásico marxista prevaleció el análisis de la
dominación y explotación de los trabajadores por la burguesía frente al análisis de la
dominación y explotación de unos países por otros.
Con la evolución de la socialdemocracia y su cooptación por los grandes poderes
coloniales, no sólo se atenuó y hasta olvidó el análisis de clase sino se acentuó el
menosprecio por las injusticias del colonialismo. Estudios como el de J. A. Hobson sobre el
imperialismo fueron verdaderamente excepcionales. Sólo con la revolución rusa se planteó
a la vez una lucha contra el capitalismo y contra el colonialismo. Por parte de los pueblos
coloniales o dependientes durante mucho tiempo surgieron movimientos de resistencia y
rebelión con características predominantemente particularistas.
A principios del siglo XX, algunas revoluciones de independencia y nacionalistas
empezaron a ser ejemplares, como la china o la mexicana. Pero los fenómenos de
colonialismo interno, ligados a la lucha por la liberación, la democracia y el socialismo sólo
se dieron más tarde. Aparecieron ligados al surgimiento de la nueva izquierda de los años
sesenta y a su crítica más o menos radical de las contradicciones en que habían incurrido
los Estados dirigidos por los comunistas y los nacionalistas del Tercer Mundo.
Aún así, puede decirse que no fue sino hasta fines del siglo XX cuando los movimientos
de resistencia y por la autonomía de las etnias y los pueblos oprimidos adquirieron una
importancia mundial. Muchos de los movimientos de etnias, pueblos y nacionalidades no
sólo superaron la lógica de lucha tribal (de una tribu o etnia contra otra), y no sólo hicieron
uniones de etnias oprimidas, sino plantearon un proyecto simultáneo de luchas por la
autonomía de las etnias, por la liberación nacional, por el socialismo y por la democracia.
4 La construcción de un Estado multi-étnico se vinculó a la construcción de “un mundo
hecho de muchos mundos” que tendría como protagonistas a los pueblos, los trabajadores y
los ciudadanos. En ese proyecto destacaron los conceptos de resistencia y de autonomía de
los pueblos zapatistas de México
2
.
Obstáculos y logros en la definición
Los primeros apuntes del colonialismo interno se encuentran en la propia obra de Lenin.
En 1914, Lenin se interesó por plantear la solución al problema de las nacionalidades y las
etnias oprimidas del Estado zarista para el momento en que triunfara la revolución
bolchevique. En ese año escribió “Sobre el derecho de las naciones a la
autodeterminación”; en 1916 escribió específicamente sobre “La revolución socialista y el
derecho de las naciones a la autodeterminación”.
Lenin buscó “evitar la preponderancia de Rusia sobre las demás unidades nacionales”.
Hizo ver que la Internacional Socialista debía “denunciar implacablemente las continuas
violaciones de la igualdad de las naciones y garantizar los derechos de las minorías
nacionales en todos los Estados capitalistas…”
3
. A fines de la guerra planteó la necesidad de
una lucha simultánea contra el paneslavismo, el nacionalismo y el patriotismo ruso (que
constituían la esencia del imperialismo ruso) y en 1920 hizo un enérgico llamado a poner
atención en “la cuestión nacional” y en el hecho de que Rusia “en un mismo país, es una
prisión de pueblos”
4
.
La noción de colonialismo interno no apareció sin embargo hasta el Congreso de los
Pueblos de Oriente celebrado en Baku en septiembre de ese año. Allí los musulmanes de
Asia, “verdadera colonia del imperio ruso” hicieron los primeros esbozos de lo que
llamaron “el colonialismo en el interior de Rusia”. Es más, hicieron los primeros
planteamientos en el ámbito marxista-leninista, de lo que llegaría a conocerse más tarde
como la autonomía de las etnias. Concretamente sostuvieron que “la revolución no resuelve
los problemas de las relaciones entre las masas trabajadoras de las sociedades industriales
dominantes y las sociedades dominadas” si no se plantea también el problema de la
autonomía de estas últimas
5
. Advirtieron la dificultad de hacer a la vez un análisis de la
lucha de liberación, o por la autonomía de las etnias, que no descuidara el análisis de clase
o que no subsumiera la lucha de los pueblos y las naciones en la lucha de clases. De hecho,
5 frente a la posición del propio Lenin en el Segundo Congreso del Komintern, la presión fue
muy grande para pensar qué etnias y minorías se redimirían por la revolución proletaria.
Sultan-Galiev quiso encontrar una solución que aumentó los enredos metafísicos sobre
colonialismo y clase. En 1918 sostuvo que los pueblos oprimidos “tenían el derecho a ser
llamados pueblos proletarios” y que al sufrir la opresión casi todas sus clases “la revolución
nacional” tendría el carácter de revolución socialista
6
. Esas y otras afirmaciones carentes
del más mínimo rigor para analizar las complejidades de la lucha de clases y para construir
la alternativa socialista endurecieron las posiciones de quienes sostenían directa o
indirectamente que “la cuestión nacional” (como eufemísticamente llamaban al
colonialismo interno) “sólo podría resolverse después de la revolución socialista”. Los
propios conceptos que tendieron a prevalecer en el Estado centralista —enfrentado al
imperialismo y al capitalismo— se complementaron con reprimendas a las reivindicaciones
concretas de croatas, eslovenios, macedonios, etcétera. Se condenaron sus demandas como
particularistas, en especial las que reivindicaban la independencia. Así se cerró la discusión
en el V Congreso de la Internacional. A partir del VI “se abandonaron las posiciones
analíticas” y se concibió “lo universal” al margen de los hechos nacionales y étnicos. Desde
entonces prevaleció la dictadura de Stalin en el partido y en el país
7
.
Encontrar la convergencia de “la revolución socialista” y la “revolución nacional”
siempre resultó difícil. La teorización principal se hizo en torno a las clases, mientras etnias
o nacionalidades se atendieron como sobredeterminaciones circunstanciales. Los conceptos
de etnias y nacionalidades como los de alianzas y frentes oscilaron más que los de la lucha
de clases, en función de categorías abstractas y de posiciones tácticas. Clase y nación,
socialismo y derechos de las etnias, enfrentamientos y alianzas, se defendieron por
separado o se juntaron según los juicios coyunturales del partido sobre las “situaciones
concretas”.
El descuido del concepto de colonialismo interno en el marxismo oficial y en el crítico
obedeció a intereses y preocupaciones muy difíciles de superar. La hegemonía de la Unión
Soviética en los partidos comunistas del mundo dio a sus planteamientos sobre el problema
un carácter paradigmático. Las luchas de las naciones contra el imperialismo, y la lucha de
clases en el interior de cada nación y a nivel mundial, oscurecieron las luchas de las etnias
en el interior de los Estados-Nación. Sólo se encontró el sentido de las luchas nacionales
6 como parte de la lucha anti-imperialista y de la lucha de clases o de estrategias variables
como los “frentes amplios”.
Desde los años 30 y 40 toda demanda de autodeterminación en la URSS fue tachada de
separatista y de nacionalista. La hegemonía de Rusia y de los rusos correspondió a un
constante y creciente liderazgo. La participación de otros pueblos en las esferas públicas y
sociales llegó a ser prácticamente anulada. La propia “clase trabajadora” que perteneció al
Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) era sobre todo rusa. En la expansión de
las grandes industrias en el territorio de la URSS, los rusos hacían “colonias” aparte y eran
muy pocos los nativos que habitaban en ellas. La administración autoritaria dependía para
sus principales decisiones de Moscú. En los setentas se acentúo la lucha por la democracia
y las autonomías. Las respuestas del Estado fueron inflexibles. La Constitución de 1977 no
incluyó ningún artículo sobre los derechos de las minorías o de las etnias. En una reforma
que se hizo a la Constitución el 1 de diciembre de 1988 se formuló un artículo por el que se
pedía al Soviet de las Nacionalidades promover la igualdad entre las naciones, respetar los
intereses de las naciones y luchar por “el interés común y las necesidades de un Estado
soviético multi-nacional”. El partido se refirió a la necesidad de legislar sobre los derechos
a usar más la lengua de las nacionalidades, de crear instituciones para la preservación de las
culturas locales, de hacer efectivos y ampliar los derechos a tener representación en el
gobierno central. Todo se quedó en buenos deseos de una política que en parte sí se dio de
los años 20 a los 60 en que a la publicación de textos en varios idiomas de las
nacionalidades y al impulso a las culturas locales, correspondió un proceso de
transferencias de excedente económico de Rusia a sus periferias, proceso que se revirtió
desde entonces. En cualquier caso, incluso en los mejores tiempos, los rusos mantuvieron
su hegemonía en la URSS y sus Repúblicas. En medio de grandes transformaciones, y de
innegables cambios culturales y sociales rehicieron la dominación colonial hasta que la
URSS se volvió una nueva prisión de nacionalidades
8
. Más que cualquier otra nación de la
URSS, Rusia se “identificó” con la Unión Soviética y con el sistema socialista. El
centralismo moscovita aplastaba y explotaba tanto las regiones de Rusia como las
siberianas. Así, el comunismo de Estado suscitó en el interior de la propia Rusia
resentimientos nacionales y locales. El fenómeno se hizo patente con la disolución de la
URSS y con el nuevo gobierno ruso. Cuando se disolvió la URSS, Chechenia fue integrada
7 en las fronteras de la nueva Rusia, como una de sus 21 Repúblicas, a pesar de que nunca
quiso firmar el Tratado Federal de las Repúblicas, territorios y Barrios Autónomos
9
.
Todas las circunstancias anteriores y muchas más pusieron un freno intelectual y oficial,
inhibitorio y autoritario a la reflexión sobre el “colonialismo interno”. Ese freno se dio
especialmente en los países metropolitanos e imperialistas pero también en las “nuevas
naciones”. La lógica de la construcción del Estado y de las alianzas políticas, consciente e
inconscientemente logró que la categoría del colonialismo interno fuera objeto sistemático
de rechazo. En la periferia del mundo, Franz Fanon planteó el problema de los Estados
liberadores que sustituyen a los explotadores extranjeros por los explotadores nativos pero
no relacionó ese problema con las etnias explotadas sino con las clases
10
. Casi todos los
líderes e ideólogos dieron prioridad a la lucha contra el imperialismo y a la lucha de clases
como base para rechazar la lucha de las etnias, sin que éstas pudieran romper las barreras
epistemológicas y tácticas que llevaban a desconocer sus especificidades. Así, el problema
del colonialismo interno se expresó de manera fragmentaria y dispersa en el pensamiento
marxista y revolucionario.
Cuando la noción de colonialismo interno fue formulada de manera más sistemática en
América Latina, su vinculación a la lucha de clases y al poder del Estado apareció
originalmente velada. En mi libro La Democracia en México (1965) sostuve la tesis de que
en el interior del país se daban relaciones sociales de tipo colonial. “Rechazando que el
colonialismo sólo debe contemplarse a escala internacional”, sostuve que también “se da en
el interior de una misma nación, en la medida en que hay en ella una heterogeneidad étnica,
en que se ligan determinadas etnias con los grupos y clases dominantes, y otras con los
dominados”. En un artículo especialmente dedicado al fenómeno (1963), ya había
analizado el concepto a nivel interno e internacional y después lo hice en el libro de
ensayos sobre Sociología de la explotación (1969)
11
. En esos trabajos se precisaron los
vínculos entre clases, imperialismo, colonialismo y colonialismo interno. También se
amplió el alcance del colonialismo interno y se le relacionó con las diferencias regionales
en la explotación de los trabajadores y con las transferencias de excedente de las regiones
dominadas a las dominantes. El planteamiento correspondió a esfuerzos semejantes que
fueron precedidos por C. Wright Mills
12
. Mills fue el primero en usar la expresión:
“colonialismo interno”.
8 Por esos años el concepto empezó a ser formulado sobre todo en el marxismo
académico, en el pensamiento crítico y en las investigaciones empíricas de América Latina,
Estados Unidos, África, Europa, Asia y Oceanía. La literatura al respecto es muy abundante
e incluye investigaciones y trabajos de campo, entre los que sobresalió como uno de los
pioneros el de Rodolfo Stavenhagen
13
. Las discusiones sobre el concepto pasaron de ser
debates más o menos contenidos entre especialistas a ser verdaderos encuentros y
desencuentros entre políticos y dirigentes revolucionarios. Guatemala tal vez es el caso más
marcado de cómo se planteó la lucha en torno al “colonialismo interno” como categoría
para la liberación y el socialismo de indios y no indios. Allí también se dio el caso más
agudo de mistificaciones que reducían esa categoría a una perspectiva étnica y de
“repúblicas de indios”. A la violencia física se añadió la violencia verbal, lógica e histórica
que se hace sufrir a “los más pobres entre los pobres”
14
.
La historia del colonialismo interno como categoría, y de las discusiones a que dio
lugar, mostraron sus peores dificultades en la comprensión de la lucha de clases y de la
lucha de liberación combinada a nivel internacional e interno. Las corrientes ortodoxas se
opusieron durante mucho tiempo al uso de esa categoría. Prefirieron seguir pensando en
términos de lucha contra el “semifeudalismo” y contra el trabajo servil, sin aceptar que
desde los orígenes del capitalismo las formas de explotación colonial combinan el trabajo
esclavo, el trabajo servil y el trabajo asalariado. Los Estados de origen colonial e
imperialista y sus clases dominantes rehacen y conservan las relaciones coloniales con las
minorías y las etnias colonizadas que se encuentran en el interior de sus fronteras políticas.
El fenómeno se repite una u otra vez después de la caída de los imperios y de la
independencia política de los Estados-Nación con variantes que dependen de la correlación
de fuerzas de los antiguos habitantes colonizados y colonizadores que lograron la
independencia.
Una objeción menor al uso de la categoría de colonialismo interno consistió en afirmar
que en todo caso lo que existe es un semicolonialismo o neocolonialismo interno, lo cual en
parte es cierto si por tales se toman las formas de dependencia y explotación colonial
mediante el empleo (o la asociación) de gobernantes nativos que pretenden representar a las
etnias de un Estado-Nación. Sólo que no todos los gobernantes de las etnias oprimidas se
dejan cooptar por las fuerzas dominantes: muchos encabezan la resistencia de sus pueblos e
9 incluso buscan con ellos nuevas alternativas de liberación, en una lucha que en América
lleva más de quinientos años. Las etnias o comunidades de nativos o “habitantes originales”
resultan ser así objetos de dominación y explotación y también importantes sujetos de
resistencia y liberación.

Mistificaciones y esclarecimientos
El colonialismo interno ha dado lugar a innumerables mistificaciones que se pueden
agrupar en cinco principales: Primera: Se le desliga de las clases sociales e incluso se le
excluye de las relaciones de explotación. No se le comprende como un fenómeno
característico del desarrollo del capitalismo, ni se ve a quienes luchan contra él desde las
etnias colonizadas, como parte del pueblo trabajador y del movimiento por la democracia,
la liberación y el socialismo. Segunda: Se le desliga de la lucha por el poder efectivo de un
Estado-Nación multiétnico, por el poder de un Estado de todo el pueblo o de todos los
pueblos, o por un poder alternativo socialista que se construya desde los movimientos de
trabajadores, campesinos, pobladores urbanos. Tercera: En sus versiones más
conservadoras se le lleva al etnicismo y a la lucha de etnias, al batustanismo y a otras
formas de balcanización y tribalización que tanto han ayudado a las políticas colonialistas
de las grandes potencias y de los Estados periféricos a acentuar las diferencias y
contradicciones internas de los Estados-nación o de los pueblos que se liberan. En la
interpretación etnicista del colonialismo interno las etnias más débiles no son convocadas
expresamente a unirse entre sí ni a luchar al lado de la etnia más amplia y de sus fuerzas
liberadoras, o dentro del movimiento de todo el pueblo y de todos los pueblos. No se apoya
a las etnias en las luchas contra sus “mandones” y “caciques”, o contra los grupos de poder
e interés, muchos de ellos ligados a las clases dominantes del Estado-Nación y de las
potencias imperialistas. La versión conservadora del colonialismo interno niega u oculta la
lucha de clases y la lucha anti-imperialista, aísla a cada etnia y exalta su identidad como
una forma de aumentar su aislamiento. Cuarta: Se rechaza la existencia del colonialismo
interno en nombre de la lucha de clases, a menudo concebida de acuerdo con la experiencia
europea que fue una verdadera lucha contra el feudalismo. Se rechaza al colonialismo
interno en nombre de la “necesaria descampesinización” y de una supuesta tendencia a la
proletarización de carácter determinista, que idealiza a una lucha de clases simple. Para ese
10 efecto se invoca como ortodoxia marxista la línea de una revolución antifeudal,
democrático-burguesa y anti-imperialista. Esta mistificación, como algunas de las
anteriores, utiliza argumentos revolucionarios para legitimar políticas conservadoras e
incluso reaccionarias. Quinta: Desde posiciones nacionalistas y paternalistas, a menudo
ligadas al aburguesamiento del Estado-Nación que surgió de la revolución liberadora, una
quinta forma de mistificar la realidad social consiste en rechazar el concepto de
colonialismo interno con argumentos propios de la sociología, la antropología o la ciencia
política estructural-funcionalista, por ejemplo al afirmar: a) que se trata de un problema
eminentemente cultural de la llamada “sociedad tradicional”, el cual se habrá de resolver
con una política de “modernización”; b) que se trata de un problema de “integración
nacional” para construir un Estado-homogéneo que llegará a tener una misma lengua y una
misma cultura. En estas posiciones se sostiene, de una manera u otra, que el colonialismo
interno, en caso de existir, se acabará mediante el “progreso”, el “desarrollo”, la
“modernidad”, y que si algo hay parecido al “colonialismo interno” la semejanza se debe a
que sus víctimas, o los habitantes que lo padecen, se hallan en etapas anteriores de la
humanidad (“primitivas”, “atrasadas”). El darwinismo político y la sociobiología de la
modernidad, se utilizan para referirse a una inferioridad congénita de esas poblaciones que
son “pobres de por sí” y que “no están sometidas a explotación colonial ni a explotación de
clase”. Los teóricos del Estado centralista sostienen que lo verdaderamente progresista es
que todos los ciudadanos sean iguales ante la ley y afirman que los problemas y las
soluciones para las minorías y las mayorías corresponden al ejercicio de los derechos
individuales y no de supuestos derechos de los pueblos o las etnias de origen colonial y
neocolonial. Otros, invocan la necesidad de fortalecer a la nación-estado frente a otros
Estados y frente a las potencias neocoloniales, acabando con las diferencias tribales que
aquéllas aprovechan para debilitar el legado y el proyecto del Estado-Nación a que uno
pertenece. Semejantes argumentos se acentúan en la etapa del “neoliberalismo” y la
“globalización” por gobiernos que colaboran en el debilitamiento del Estado-Nación, como
los de Guatemala y México.
Las tesis que distorsionan o se niegan a ver el colonialismo interno, se enfrentan a
planteamientos cada vez más ricos vinculados a las luchas contra la agresión, explotación y
colonización externa e interna.
11 Entre las zonas o regiones donde se ha discutido con más profundidad el problema del
colonialismo interno se encuentran África del Sur y Centroamérica. El Partido Comunista
Sudafricano ha afirmado: “La Sud-África de la población que no es blanca es la colonia de
la población blanca de Sud-África”
15
. Ha hecho ver cómo el capital monopólico y el
imperialismo se han combinado con el racismo y el colonialismo para explotar y oprimir a
territorios que viven bajo un régimen colonial o neocolonial. El planteamiento ha dado
lugar a grandes debates, muchos de ellos formales, en que se niega el colonialismo interno
afirmando que “desde una perspectiva marxista (per se) la clase obrera bajo el capitalismo
no puede beneficiarse de la explotación colonial”
16
. El problema se ha complicado con la
mistificación de buscar la independencia de “subestados” o “estados étnicos” sin capacidad
real de enfrentar el poder de la burguesía y el imperialismo. El oscurecimiento ha sido aun
más grave con el uso del concepto de colonialismo interno por el pensamiento conservador
y paternalista, que pretende dar la bienvenida a la fingida independencia de los batustanes.
En ocasiones el debate se ha hecho tan complejo que muchos autores progresistas y
marxistas han recurrido más al concepto de racismo como mediación de la lucha de clases
que al concepto de colonialismo interno. O’Meara ha expresado este hecho de la siguiente
manera: “la política racial es un producto histórico diseñado sobre todo para facilitar la
acumulación de capital, y ha sido usado así por todas las clases con acceso al poder del
Estado en Sud-África”
17
. Con el racismo, como ha observado Johnstone “Los nacionalistas
y los obreros blancos logran la prosperidad y la fuerza material por la supremacía blanca”
18
.
Todo eso es cierto pero, con el sólo concepto de racismo se pierde el de los derechos de las
“minorías nacionales” o “etnias” dominadas y explotadas en condiciones coloniales o
semicoloniales y que resisten defendiendo su cultura y su identidad. Con el solo concepto
de “racismo” se pierde el del derecho que tienen las etnias a regímenes autónomos.
La noción de etnias ligada a la revolución de todo el pueblo y al poder de un Estado que
reconozca su autonomía es la solución que encontró el gobierno revolucionario de
Nicaragua finalmente derrocado por la “contra” y por las claudicaciones de muchos de sus
dirigentes. En 1987 fue promulgada en Nicaragua una nueva Constitución que en el artículo
90 incluye los derechos de las etnias a la “autonomía regional”. El concepto de autonomía y
su formulación jurídica lograron precisar con toda claridad la diferencia entre “autonomía
regional” y soberanía del Estado-Nación. Para fortalecer al Estado-Nación y respetar la
12 identidad y los derechos de las etnias se buscó resolver a la vez el “problema étniconacional”
19
. Se “reconoció la especificidad lingüística, cultural y socioeconómica de las
etnias o minorías nacionales” a las que con frecuencia trata de ganar para sí la
contrarrevolución y el imperialismo
20
. El planteamiento no logró sin embargo vincular
suficientemente las luchas de las etnias con las de las demás fuerzas democráticas y
liberadoras. La tendencia a plantear la lucha por la “autonomía” de los pueblos indios sin
vincularlas a las luchas por las autonomías de los municipios, y de las organizaciones de
pueblos, trabajadores y ciudadanos, haría de ese esfuerzo un ejemplo que sólo sería
superado por el movimiento de liberación de Guatemala y, sobre todo, por los zapatistas de
México.
Frente al “indigenismo marxista que no contempló ninguna reivindicación étnica”
21
o
frente al que pretendió oscurecer la lucha de clases con las luchas de las etnias, desde la
década de los ochentas los revolucionarios centroamericanos, en particular los de Nicaragua
y Guatemala aclararon considerablemente la dialéctica real de la doble lucha. “Para
nosotros —dice un texto guatemalteco— el camino del triunfo de la revolución entrelaza la
lucha del pueblo en general contra la explotación de clase y contra la dominación del
imperialismo yanqui, con la lucha por sus derechos de los grupos étnico-culturales que
conforman nuestro pueblo, complementándolos de manera dialéctica y sin producir
antagonismos”
22
.

Conceptos de la lucha y de los espacios de la lucha
A la presencia del colonialismo interno en el concepto de la lucha de clases y por la
liberación nacional se añade la de los espacios de la lucha de clases y de la liberación
nacional. Si en un caso el colonialismo interno enriquece la comprensión y la acción de las
luchas de los trabajadores y de los pueblos oprimidos, en otro plantea el problema de las
diferencias y semejanzas de los campos de lucha que no sólo interesan a los trabajadores o
a los pueblos oprimidos sino a todas las fuerzas interesadas en construir un mundo
alternativo desde lo local hasta lo global, desde lo particular hasta lo universal. La
diferencia entre precisar la lucha y precisar los campos de lucha se aclara a partir de
algunos textos de Mariátegui, de Gramsci y de Henri Lefebvre.
13 Mariátegui coloca a los pueblos indios en el centro de la problemática nacional. La
originalidad de su planteamiento y la dificultad de reconocerla se percibe mejor si se coloca
el problema de las etnias entre los problemas centrales de la humanidad. La idea resulta
políticamente chocante y epistemológicamente desdeñable. Para la mayor parte de las
fuerzas dominantes en Perú y en el mundo los problemas de los indios, de las minorías, de
las etnias son problemas “particularistas”, no universales. El planteamiento de Mariátegui
poco tiene que ver con buena parte de la izquierda de ayer y de hoy para las que los indios y
las etnias sometidas “no se ven”, no existen como actores ni en la problemática de la lucha
de clases ni en la lucha nacional contra el imperialismo, ni en el proyecto de una revolución
democrática y socialista.
Mariátegui plantea, por su parte, la imposibilidad (sic) de una política en Perú en que los
principales contingentes no sean los pueblos indios. Si generalizamos su reflexión,
Mariátegui plantea en cada país o Estado-Nación pluri-étnico la imposibilidad de una
política alternativa que no tome en cuenta entre los actores centrales a sus etnias, o pueblos
oprimidos, aliados e integrados a los trabajadores y a las demás fuerzas democráticas y
socialistas. Yendo más allá de los planteamientos populistas de su tiempo y de su país,
propone una lucha nacional e iberoamericana en que lo indonacional y lo indoamericano se
inserten en la realidad mundial de la lucha de liberación y de clases.
José Carlos Mariátegui (1894-1930), fundador del Partido Socialista del Perú, que
perteneció a la Tercera Internacional, se opuso con razón al proyecto populista de
“formación de las Repúblicas independientes” con los pueblos indios. Al mismo tiempo
reconoció como actor central en la lucha nacional y de clases a los indios unidos con los
trabajadores. Y esto no fue nada más un decir, o una reflexión quijotesca y dogmática de
indianismo y obrerismo. Fue una reflexión de realismo político y revolucionario.
Mariátegui indianizó la lucha de clases; indianizó la lucha antiimperialista y planteó la
necesidad de hacer otro tanto en cualquier país o región donde hubiera poblaciones
colonizadas, etnias, pueblos oprimidos, minorías o nacionalidades en condiciones de esa
explotación, discriminación y dominación que distingue a los trabajadores de las etnias
dominantes, o “asimilados”, frente a los trabajadores de las etnias dominadas,
discriminadas, excluidas.
14 En Mariátegui los espacios sociales y las particularidades de la lucha de clases y de
liberación aparecieron en relación a un determinado país, a un determinado Estado-Nación,
sin que ese autor precisara los diferentes espacios de dominación y explotación en el país ni
las categorías colectivas distintas que podían y debían integrarse o asociarse a la clase
trabajadora y sus frentes de lucha. Gramsci y Lefebvre llenaron algunos de esos vacíos a
partir de las propias experiencias europeas. En ese mismo terreno los seguiría René Lafont.
Entre las contribuciones de Gramsci al estudio de los campos de lucha destaca sin duda
su estudio sobre las relaciones entre el Norte y el Sur de Italia. Un párrafo de sus
Cuadernos de la cárcel sintetiza en forma magistral su pensamiento. “La miseria del
Mezzogiorno fue ‘inexplicable’ históricamente para las masas populares del Norte; éstas no
comprendían que la unidad no se daba sobre una base de igualdad sino como hegemonía
del Norte sobre el Mezzogiorno, en una relación territorial de ciudad-campo, esto es en que
el Norte era concretamente una ‘sanguijuela’ que se enriquecía a costa del Sur y que su
enriquecimiento económico tenía una relación directa con el empobrecimiento de la
economía y de la agricultura meridional. El pueblo de la Alta Italia pensaba por el contrario
que las causas de la miseria del Mezzogiorno no eran externas sino sólo internas e innatas a
la población meridional, y que dada la gran riqueza natural de la región no había sino una
explicación, la incapacidad orgánica de sus habitantes, su barbarie, su inferioridad
biológica. Estas opiniones muy difundidas sobre ‘la pobreza andrajosa napolitana’ fueron
consolidadas y teorizadas por los sociólogos del positivismo que les dieron la fuerza de
‘verdad científica’ en un tiempo de superstición en la ciencia”
23
. El texto es impecable.
Permite comprender cómo en un solo país, Italia, se planteó el problema del colonialismo
interno. Pero ese problema no se piensa entre “los hombres del pueblo” ni entre los
“científicos” como colonialismo ni como interno. Con el habitual oportunismo
epistemológico en la manipulación y mutilación de categorías, “el colonialismo”, como
explicación, es sustituido por los “sociólogos”. Para ellos “la inferioridad racial” de los
italianos del Sur y la superioridad de los del Norte constituye “el factor determinante”. Lo
interno del país llamado Italia es sustituido por lo interno inferior propio del Sur y por lo
interno superior propio del Norte. Oculta las relaciones entre Norte y Sur.
15 Gramsci usa la metáfora de la sanguijuela para hablar de la explotación regional. Aborda,
como contraparte el problema de la unidad en la diversidad para la formación de un bloque
histórico que comprenda la necesidad de la unidad con respeto a las autonomías. Rechaza el
temor de los reaccionarios que en el pasado vieron en la lucha por la autonomía de Cerdeña
un peligroso camino para la mutilación de Italia y el regreso de los Borbones. Defiende las
luchas por la autonomía del pasado y el presente.
En todo caso, como ha observado con razón, Edward W. Soja, la explotación de unas
regiones por otras sólo se entiende cuando en las regiones se estudian las relaciones de
producción y de dominación con sus jerarquías y sus beneficiarios
24
. De llevarse a cabo
ese análisis aparecen, entre otros fenómenos, los del colonialismo interno tanto en la
intensificación de la dominación del capital nacional e internacional como en la ocupación
de los espacios territoriales y sociales de un país a otro o en el interior de un mismo país. La
explotación, dominación, discriminación y exclusión de los “trabajadores coloniales”, por
el capital nacional y extranjero se da en el interior de las fronteras políticas nacionales, o
fuera de ellas. Plantea diferencias económicas, políticas y jurídicas significativas entre los
trabajadores “coloniales” o inmigrantes que viniendo de las periferias a los países o
regiones centrales compiten con los trabajadores residentes vendiendo más barata su fuerza
de trabajo. Las discriminaciones y oposiciones también se dan entre los trabajadores de las
etnias dominantes y los trabajadores de las etnias dominadas. Superar esas diferencias en
frentes comunes sólo es posible cuando se reconoce la unidad de intereses y valores en
medio de la diversidad de etnias y trabajadores residentes e inmigrantes.
Henri Lefebvre y Nicos Poulantzas critican al marxismo que descuida la ocupación y la
reestructuración del espacio. Precisan el vago método del análisis concreto de las
situaciones concretas, actuales. Se refieren, aun sin decirlo así, a la necesaria consideración
de distintas situaciones tanto a lo largo de los tiempos como a lo ancho de los espacios de
dominación y apropiación.
Lefebvre hace ver que la ocupación del espacio, y la producción de espacios por el
capitalismo es lo que le permite disminuir sus contradicciones. Analiza la manipulación
física y teórica de los espacios de la clase obrera, desde Haussmann con sus “bulevares”
hasta el actual mercado mundial. Y añade: “hay un semi-colonialismo metropolitano que
subordina a sus centros los elementos campesinos y de obreros extranjeros… todos
16 sometidos a una explotación concentrada… y que mantiene la segregación racial”
25
.
Observa que “… agrupando los centros de decisión, la ciudad moderna intensifica la
explotación organizándola en toda la sociedad y no sólo en la clase obrera sino en otras
clases sociales no dominantes…”
26
(Esas “clases sociales no dominantes” son las de los
medianos y pequeños propietarios, artesanos, y “clases medias pobres”, las de los
“marginados” y excluidos, base de los “acarreados” de los frentes populistas y
socialdemócratas, hoy elementos de lucha contra el neoliberalismo y por la democracia
incluyente).
El rico significado del “colonialismo interno” como categoría que abarca toda la historia
del capitalismo hasta nuestros días y que, con ese u otro nombre, opera en las relaciones
espaciales de todo el mundo es analizado por Robert Lafont en su libro sobre La revolución
regionalista
27
. Lafont analiza el problema en la Francia de De Gaulle, pero lleva el análisis
mucho más allá de las fronteras de ese país centralizado, cuyas diferencias étnicas o
regionales son a menudo olvidadas, y de un “Estado benefactor” particularmente pujante y
avanzado. Sus reflexiones generales se ven ampliamente confirmadas en países con muchas
mayores diferencias regionales como España, Italia, Inglaterra, Yugoslavia y Rusia en la
propia Europa, no se diga ya en la inmensa mayoría de los países de la periferia mundial.
También se ven confirmadas y acentuadas en la gran mayoría de los países post-socialistas,
que vivieron bajo regímenes de socialismo de Estado. Su peso alcanza magnitudes sin
precedente con el paso del “Estado de bienestar” o del “Socialismo de Estado” al Estado
neoliberal que surgió en Chile desde el golpe de Pinochet, y que se instaló en las metrópolis
con los gobiernos de la Tatcher y de Reagan. Las políticas neoliberales adquirieron perfiles
cada vez más agresivos en el desmantelamiento del “Estado social”, y desataron “guerras
humanitarias” y “justicieras” para la apropiación de posiciones militares, de vastos
territorios y de valiosos recursos energéticos, como las que han ocurrido desde las
invasiones de Kosovo, Palestina, Afganistán, hasta las de Irak, en todas han aprovechado y
manipulado las luchas entre etnias para invadir a los Estados-Nación y someter a sus
pueblos. La declaración de una guerra permanente o “sin fin previsible” por el gobierno de
Estados Unidos abrió una nueva época del “Estado terrorista”, y una nueva época de
conquistas y colonizaciones transnacionales, internacionales e intranacionales. En todas
ellas el colonialismo interno tiende a articularse con el colonialismo internacional y con el
17 transnacional, con sus redes de poderosas empresas oligopólicas y sus empresas
paramilitares o gubernamentales
28
.
Analizando a la Francia de los años sesenta, Robert Lafont observó un aplastamiento en
curso de las estructuras regionales subsistentes. La invasión colonizadora, nacionalfrancesa o extranjera, es la conclusión lógica del subdesarrollo mantenido por la forma del
Estado y por el régimen del gran capital que actúan conjuntamente.
Lafont no se refiere sólo al colonialismo interno sino a la colonización que se halla en
proceso de aumentar en un Estado- Nación, y que está a cargo tanto del capital nacional
como del extranjero. El perfil que da del colonialismo se puede actualizar y reposicionar.
Colonialización internacional y colonización interior tienden a realizar expropiaciones y
despojos de territorios y propiedades agrarias existentes, y contribuyen a la proletarización
o empobrecimiento por depredación, desempleo, bajos salarios, de la población y de los
trabajadores de las zonas subyugadas. Al despojo de territorios se añade la creación de
territorios colonizados o de enclaves coloniales; al despojo de circuitos de distribución se
añade la articulación de los recursos con que cuentan las megaempresas y los complejos; a
la asfixia y abandono de la producción y los productos locales se agrega el impulso de los
“trusts” extranjeros unidos al gran capital privado y público nativo.
La redemarcación de territorios y regiones rompe y rehace antiguas divisiones
geográficas y crea nuevos límites y flujos. Abre al país. Mueve, por distintos lados, el
“frente de invasión”. Elimina a buena parte de los medianos y pequeños empresarios y se
ensaña con los artesanos y con las comunidades. Crea una “conciencia colonizadora” entre
las distintas clases con pérdida de identidad de los nativos. Lleva a un primer plano las
industrias extractivas frente a las industrias de transformación, y a éstas las reduce a
“maquilas” en que los trabajadores reciben bajos sueldos, realizan grandes jornadas de
trabajo, se someten a procesos de producción intensiva, todo con bajos márgenes de
seguridad y salubridad, carencia efectiva de derechos de asociación, y control represivo por
sindicatos y policías patronales.
La debilidad de los trabajadores aumenta en tanto las unidades de producción situadas
en un mismo lugar elaboran “partes” de aparatos, máquinas y productos que se producen y
ensamblan en lugares distintos y distantes, y en tanto las instalaciones pueden ser
fácilmente desmontadas y removidas por los gerentes y propietarios. Así “se crean regiones
18 enteras que dependen de una sola compañía y que están sometidas a sus objetivos” y a su
dominación, no sólo corporativa, económica, para-policial, sino psicológica, cultural,
social, política, judicial… Las compañías dominan fábricas y dominan regiones. Esa
dominación es muy difícil de romper, pero de ocurrir un rompimiento, las compañías tienen
muchos recursos, incluidos los de la represión, de preferencia selectiva, con operaciones
encubiertas o con acciones legitimadas por un Estado privatizado. En todo caso, la
alternativa de “sumisión con expoliación o de desempleo con exclusión” se plantea como
“la opción racional” a los trabajadores y a sus familias.
Por otra parte, las conexiones y circuitos de distribución se hacen directamente de unas
empresas a otras o en una misma megaempresa con sus sucursales y sus proveedores, sin
que los flujos de importación-exportación-realización sean contabilizables a nivel
internacional o nacional, y sin que puedan darse interferencias fiscales o laborales. Los
circuitos internos de las compañías se benefician de la compra a los proveedores locales,
con precios castigados, que en el caso de las regiones periféricas están muy por debajo del
valor que alcanzan los mismos bienes y servicios en el mercado formal nacional o
internacional.
Las compañías son enclaves territoriales y llegan a privatizar de tal modo el poder en
regiones y países enteros que desaparece el monopolio de la violencia legal del Estado
cuando así conviene a los intereses de las compañías o de los funcionarios estatales
asociados y subordinados. En caso de conflicto con el gobierno local o con los trabajadores
y los movimientos sociales y políticos, las “compañías invasoras” recurren al estado
provincial, o al nacional, y si éstos no atienden sus intereses y demandas, se amparan en las
“potencias invasoras”. La lógica de que “lo que le conviene a las compañías le conviene a
la nación y al mundo” (“What is good for General Motors is good for the World”) se
impone de arriba a abajo entre funcionarios, directivos, gerentes y empleados de confianza,
o que aspiran a serlo. Corresponde al sentido común de una colonización internacional que
se combina con la colonización interna y con la transnacional. En ella dominan las
megaempresas y los complejos empresariales-militares. Todos actúan en forma “realista” y
pragmática sobre las bases anteriores y se ilusionan o engañan pensando que la única
democracia viable y defendible es la de los empresarios, para los empresarios y con los
empresarios, como dijo el presidente de México Vicente Fox.
19 Lafont habla de “la Francia de las relaciones humanas concretas”. Su contribución al
estudio analítico de lo concreto no sólo permite ver las diferencias entre el país formal y el
país real, sino entre sus equivalentes mundiales y locales. Permite también ver lo concreto
en relación a distintos tipos de organizaciones como los gobiernos y las compañías, y lo
concreto de categorías como las clases, las potencias, las naciones inviables y los complejos
con sus redes y jerarquías. El suyo es un análisis particularmente útil para determinar las
causas o el origen de los problemas en distintas etapas, regiones, estructuras y
organizaciones. También lo es para plantear las alternativas, las alianzas, los frentes, los
bloques y sus articulaciones en movimientos, organizaciones, redes y partidos o sus
combinaciones y exclusiones en contingentes de resistencia y liberación en la lucha actual
contra el sistema de dominación, acumulación, explotación, exclusión, opresión y
mediación internacional, intranacional y trasnacional.
Lafont plantea los problemas de la “revolución regionalista” advirtiendo que las
regiones —como el tiempo histórico y el capitalismo— tienen un punto de ruptura. Él
mismo esboza un proyecto de poder regional y de luchas democráticas y revolucionarias
con autonomías. Propone que los sindicatos y otras organizaciones construyan una
ciudadanía completa que incluya un humanismo regional en un mundo de pueblos.

Colonialismo inter, intra y transnacional
Con el triunfo mundial del capitalismo sobre los proyectos comunistas, socialdemócratas y
de liberación nacional, la política globalizadora y neoliberal de las grandes empresas y los
grandes complejos político-militares tiende a una integración de la colonización inter,
intra y transnacional. Esa combinación le permite aumentar su dominación mundial de los
mercados y los trabajadores, así como controlar en su favor los procesos de distribución del
excedente en el interior de cada país, en las relaciones de un país con otro, y en los flujos de
las grandes empresas trasnacionales.
La política globalizadora y neoliberal redefine las empresas y los países con sus redes
internacionales, intranacionales y transnacionales. El mundo no puede ser analizado si se
piensa que una categoría excluye a las otras. En cuanto a las relaciones de dominación y
explotación regional, las redes articulan los distintos tipos de comercio inequitativo y de
colonialismo, así como los distintos tipos de explotación de los trabajadores, o las distintas
20 políticas de participación y exclusión, de distribución y estratificación por sectores,
empleos, regiones.
Las categorías de la acumulación se han redefinido históricamente. Procesos iterativos
ampliados se consolidan con políticas macro de las fuerzas dominantes. Éstas impulsan las
tendencias favorables al sistema. Frenan o desarticulan las tendencias que les son
desfavorables. Aunque ese proceder esté lejos de acabar con las contradicciones del
sistema, e incluso en plazos relativamente cortos lo coloque en el orden de los “sistemas en
extinción”, durante la etapa actual, cuya duración es difícil calcular, le da una fortaleza
innegable.
La fortaleza del sistema dominante proviene de la desarticulación de categorías sociales
como “la clase obrera”, el “Estado-Nación”, el “Estado Benefactor”, el “Estado
Independiente” surgido de condiciones coloniales y que se vuelve o resulta ser dependiente,
el “Estado socialista” o “Nacionalista”, surgido de los movimientos revolucionarios y de
liberación nacional que se vuelve o resulta ser capitalista y neoliberal y que hasta se
inscribe en los países endeudados sujetos a las políticas del Banco Mundial, el Fondo
Monetario Internacional, y la Tesorería del Gobierno de Estados Unidos.
La fortaleza de los centros de poder mundial y de los antiguos países imperialistas
también proviene de la estructuración y reestructuración de mediaciones en los sistemas
sociales con refuncionalizaciones “naturales” e inducidas de las clases, capas y sectores
medios y de políticas de distribución que incluyen desde “estímulos” especiales al gran
capital y sus asociados hasta políticas de marginación, exclusión y eliminación de las
poblaciones más discriminadas y desfavorecidas, todo combinado con políticas de premios
y castigos que en los Estados Benefactores corresponden a derechos sociales, y en los
neoliberales a donativos focalizados y acciones humanitarias.
La fortaleza de los centros de poder del capitalismo mundial también se basa en la
articulación y combinación de sus propias fuerzas desde los complejos militaresempresariales y científicos, pasando por sus redes financieras, tecnológicas y comerciales,
hasta la organización de complejos empresariales de las llamadas compañías trasnacionales
y multinacionales que controlan desde sus propios bancos pasando por sus medios de
publicidad hasta sus mercados de servicios, mercancías, territorios y “conciencias”.
21 Para la maximización del dominio y de las utilidades, la articulación de los complejos
militares-empresariales y políticos es fundamental. Todos ellos trabajan en forma de
sistema autorregulado, adaptativo y complejo que tiende a dominar al sistema-mundo sin
dominar las inmensas contradicciones que genera. Dentro de sus políticas caben los
distintos tipos de colonialismo organizado que se combinan, complementan y articulan en
proyectos asociados para la maximización de utilidades y del poder de las empresas y de
los Estados que las apoyan.
En esas condiciones, fenómenos como el colonialismo operan en sus formas
internacionales clásicas; en las intra-nacionales que aparecen con el surgimiento de los
Estados Nación que han hecho objeto de conquista a pueblos vecinos —como Inglaterra
hizo con Irlanda, o como España hizo con el País Vasco—, o que viniendo de una historia
colonial tras las guerras de Independencia mantienen con las antiguas poblaciones nativas
las mismas o parecidas relaciones de explotación de los antiguos colonizadores. Y a ellas se
añaden hoy las empresas transnacionales y las regiones transnacionales controladas por la
nueva organización expansiva del complejo militar-empresarial de Estados Unidos y
asociados internos y externos. La estrecha articulación de esas fuerzas es percibida cada vez
más por las etnias, nacionalidades o pueblos que se enfrentan a las oligarquías y burguesías
locales, nacionales, internacionales y a las empresas transnacionales.
Los movimientos alternativos, sistémicos y antisistémicos, no pueden ignorar los
grandes cambios que han ocurrido en las categorías sociales del sistema de acumulación y
dominación capitalista, hoy hegemónico a nivel mundial. Y si el reconocimiento de esos
cambios se presta a formulaciones que dan por muertas categorías anteriores como el
imperialismo, el Estado-Nación, o la lucha de clases, lo cual es completamente falso, y más
bien corresponde a las “operaciones encubiertas” de las ciencias sociales y al uso de
lenguajes “políticamente correctos” de quienes dicen representar a una “izquierda
moderna”, sistémica o antisistémica, el problema real consiste en ver cómo se reestructuran
las categorías de la acumulación y dominación, y en qué forma aparecen sus redefiniciones
actuales y conceptuales en los nuevos procesos históricos y en los distintos espacios
sociales.
En medio de los grandes cambios ocurridos desde el triunfo global del capitalismo, el
colonialismo interno, o intracolonialismo, y su relación con el colonialismo internacional,
22 formal e informal, y con el trasnacional, es una categoría compleja que se reestructura en
sus relaciones con las demás, y que reclama ser considerada en cualquier análisis crítico del
mundo que se inicie desde lo local o lo global.
Si los fenómenos de colonización externa en los inicios del capitalismo fueron el origen
del imaginario eurocentrista y anti-imperialista que no dio el peso que tenía al colonialismo
en el interior de los Estados-Nación estructurados como reinos, repúblicas o imperios, hoy
resultaría del todo falso un análisis crítico y alternativo de la situación mundial o nacional
que no incluya al colonialismo interno articulado al internacional y al transnacional.
A la necesidad de reconocer la enorme importancia de las luchas de los ciudadanos
contra el Estado tributario que hacía de ellos meros “sujetos”, o a la necesidad de incluir las
luchas de los trabajadores contra los sistemas de explotación y dominación del capital, o las
de los pueblos colonizados y oprimidos que luchan por la independencia soberana del
Estado-Nación frente al imperialismo y el colonialismo internacional, se añade la creciente
lucha de los pueblos que dentro de un Estado-Nación, se enfrentan a los tres tipos de
colonialismo, el internacional, el intranacional y el transnacional.
Las nuevas luchas que libran los pueblos rebeldes o en resistencia contribuyen a
esclarecer la complejidad o interdefinición que han alcanzado las categorías del capitalismo
y hacen acto de presencia en todas ellas. También registran las amargas experiencias de
mediación, cooptación y corrupción que las distintas revoluciones sufrieron con la
integración de los movimientos revolucionarios y reformistas a los sistemas políticos del
Estado, fuera éste liberal, socialdemócrata, nacionalista, socialista o comunista.
Las nuevas fuerzas emergentes, también llevan a replantear la democracia, la liberación
y el socialismo dando un nuevo peso a la lógica de la sociedad civil frente a la del Estado, a
los valores ético-políticos de las comunidades y las organizaciones autónomas de la
resistencia o de la alternativa, frente a un capitalismo que ha “colonizado el conjunto de la
vida cotidiana”.
En los planteamientos emergentes se pone el acento en la formulación moral y política
del respeto a uno mismo, a la propia dignidad y autonomía de la persona y también de la
colectividad a que se pertenece a fin de construir un poder alternativo indoblegable que
basado en las unidades autónomas y sus redes, redescubra, por sus recuerdos y
experiencias, la lucha encubierta de clases, hoy convertida en guerra por “los ricos y los
23 poderosos”, y que los ciudadanos, los pueblos y los trabajadores descubren o redescubren
por experiencias propias conforme las crisis se agudizan y los movimientos alternativos se
fortalecen.
La presencia del nuevo colonialismo internacional, interno y transnacional, encontró una
importante confirmación en el terreno militar desde que a la guerra internacional se añadió
la “guerra interna” hasta convertirse en el objetivo central teórico-práctico de las fuerzas
político-militares hegemónicas. La “guerra interna” fue considerada desde los años sesenta
por los complejos militares-empresariales de las grandes potencias como la forma principal
de la guerra mundial. El cambio implicó una importante innovación en las artes y las tecnociencias militares al articular los ejércitos de ocupación nacionales, con los multinacionales
y trasnacionales. El cambio se dio en las guerras abiertas y encubiertas, y en las fuerzas
convencionales y no convencionales, militares y paramilitares. En todos los tipos de guerras
y de guerreros, de soldados y de agentes se articuló lo nacional, lo internacional o
multinacional y lo transnacional. Los pueblos oprimidos por un colonialismo descubrieron
todos los colonialismos. Su dura vivencia fue parte de su inmensa capacidad teórica, de un
sentido y una práctica muy lejanos a la “sociedad tradicional”.
La guerra interna apareció originalmente asociada a la guerra contrainsurgente del
llamado Tercer Mundo; pero de hecho quedó incluida en la nueva teoría de la “guerra de
variada intensidad” que hoy se libra en el mundo entero, con previsiones de inclusión de la
misma en los países metropolitanos, hecho contemplado desde los años sesentas y que se
puso en marcha desde el 11 de septiembre del 200l.
La “guerra interna” no sólo mostró su carácter internacional, intranacional y trasnacional
como guerra contrainsurgente sino como nueva guerra de conquista que combina la
ocupación violenta y pacífica de los territorios de la periferia con las nuevas guerras de
conquista contra los Estados-Nación del ex Tercer Mundo y sus distintas etnias.
La “guerra interna” como guerra muestra que la mayoría de los Estados–Nación y sus
clases dominantes juegan predominantemente como cómplices o asociados en las acciones
contra los pueblos, sin que por ello dejen de existir enfrentamientos entre los EstadosNación de las grandes potencias.
Las etnias ven la unidad de sus opresores en la preparación de los ejércitos nacionales
que van a las escuelas metropolitanas, que reciben el entrenamiento de sus expertos para
24 usar las armas que esos países les venden a los ricos y poderosos del propio país o
provincia donde viven. Descubren cómo esa unidad se extiende a los paramilitares nativos
que reciben entrenamiento y armamento de caciques, gobiernos nacionales y extranjeros,
hasta formar verdaderos complejos transnacionales, con sus jerarquías y autonomías
relativas, convencionales y no convencionales.
Con las guerras internas y las de baja intensidad los pueblos adquieren una conciencia
creciente del carácter internacional de sus luchas, y aunque ven la conveniencia de apoyarse
en los Estados que simpatizan con ellas, sus referentes principales se hallan en la sociedad
civil de los pobres y empobrecidos, de los marginados y los excluidos en sus movimientos
y organizaciones.
Durante la nueva etapa de la conquista del mundo, cada vez más abierta y sin freno, en
que el complejo militar de Estados Unidos, sus asociados y subordinados muestran
disponer de una inmensa fuerza para destruir, intimidar, disciplinar y comprometer a casi
todos los gobiernos del mundo, y para dividir y enfrentar a los pueblos, ya no sólo cobran
especial relieve las luchas y guerras entre etnias que desde Kosovo hasta Irak se vuelven
instrumentos del imperialismo, sino los nuevos movimientos sociales por un mundo
alternativo que profundizan sus luchas contra el imperialismo, el neoliberalismo, el
capitalismo y contra las más distintas formas de opresión laica o religiosa, que impiden
alcanzar ciertos valores universales de democracia, justicia y libertad.
Esos movimientos de nacionalidades, pueblos y etnias constituyen la avanzada del
movimiento histórico mundial desde el fin del Estado Benefactor, Socialista o Populista, y
manifiestan en sus llamados y comunicados un nivel de conciencia sin precedente que no
sólo obedece a la lectura que han hecho de las rebeliones de fin de siglo, ni a la
reformulación de los legados de experiencias anteriores, sino a una contradicción necesaria
de los Estados socialdemócratas, populistas o desarrollistas y del socialismo de Estado. En
muchos de los países periféricos, durante los gobiernos populistas o socialistas, se dio una
política educativa que incluyó entre sus beneficiarios a muchos jóvenes de las
nacionalidades y minorías étnicas
29
. Ligados a sus pueblos originales, buen número de
jóvenes de las etnias o nacionalidades fueron capaces de captar lo universal concreto en sus
variedades, en sus especificidades y en sus novedades históricas. Descubrieron el nuevo
mundo sin encubrir el pasado. Descubrieron el mundo actual y las líneas de un mundo
25 alternativo emergente y a construir. El cambio ocurrió en las regiones periféricas y
centrales. Se dio entre los pobladores urbanos marginados, entre los movimientos de
jóvenes, mujeres, homosexuales, desempleados, endeudados, excluidos, y en algunos de los
viejos movimientos de campesinos y trabajadores o de revolucionarios y reformistas, pero
entre todos ellos destacaron los movimientos de las etnias, de los pueblos indios que
captaron la vieja y nueva dialéctica del mundo desde las formas de opresión, discriminación
y explotación local, hasta las trasnacionales, pasando por las nacionales e internacionales.
La lucha por la autonomía de los pueblos, de las nacionalidades o las etnias no sólo unió
a las víctimas del colonialismo interno, internacional y transnacional sino que se topó con
los intereses de una misma clase dominante, depredadora y explotadora, que opera con sus
complejos y articulaciones empresariales, militares, paramilitares y de civiles éstos
organizados como sus clientelas y allegados en un paternalismo actualizado y un populismo
focalizado.
En sus formas más avanzadas lo nuevos movimientos plantean una alternativa distinta a
la estatista revolucionaria o a la reformista, y también a la anarquista y libertaria. Ni luchan
por reformar al Estado, ni luchan por tomar el poder del Estado en una guerra de posiciones
y movimientos, ni luchan por crear aldeas o regiones aisladas dirigidas por sus
comunidades al estilo de aquellos anarquistas del Perú o de Cataluña que declararon que en
su pueblo había desaparecido el Estado, y más pronto que tarde el Estado acabó con ellos.
En los nuevos movimientos el planteamiento de los zapatistas está combinando las
antiguas formas de resistencia de las comunidades con su articulación a manera de redes
muy variadas. Las redes no sólo incluyen a distintos pueblos indios que antes se
enfrentaban entre sí y que ahora actúan conjuntamente para resistir y gobernar, sino a
muchas minorías, etnias o pueblos de las mismas provincias o países, y de regiones como
Mesoamérica o Indoamérica, y hasta otras mayores y más lejanas con las que al menos
entran en comunicación por vía electrónica. Las redes también incluyen a los campesinos
que no se identifican por una cultura o lengua distinta de la nacional. Incluyen a los
trabajadores, a los estudiantes, a los intelectuales, a las poblaciones marginales urbanas y a
otros llamados nuevos movimientos como los de género, los ecologistas, los de deudores y
jubilados, y en general los de los empobrecidos, marginados, excluidos, desempleados,
desplazados, y amenazados de extinción.
26 La formación de redes y organizaciones autónomas plantea una nueva alternativa de
lucha con crecientes capacidades de enfrentar al sistema dominante en tanto articule y
reestructure a fuerzas heterogéneas que no sólo den un valor primordial a la autonomía
necesaria sino a la dignidad, irrenunciable, de personas y colectivos.
Esos planteamientos no sólo incluyen un nuevo uso de los medios electrónicos y de
masas, sino comunicaciones también presenciales. A través de unos y otras la lectura y el
diálogo colectivos combinan los espacios de reflexión, creación y actuación de pequeños
grupos con los actos de masas con discursos dialogales. Además, trasmiten el proyecto en
distintas formas de razonar, sentir y expresarse, esto es, en una mezcla de géneros literarios
y de artes pedagógicas y retóricas que no permite separar los discursos histórico-políticos
de los filosófico-científicos unidos, sin perder mucho de lo que se está viviendo y creando.
El conjunto de un fenómeno de diálogo integral, o de pensar-sentir-hacer, que desde
siempre ha existido, adquiere un relieve especial como si sus articulaciones fueran en gran
medida intuidas y deliberadas. La comunicación interactiva e intercultural se vuelve posible
por un respeto al diálogo de las creencias, de las ideologías, y de las filosofías ligado a la
descolonización de la vida cotidiana y de los “momentos estelares” de la comunidad
creciente, esbozo de una humanidad organizada. La búsqueda de lo universal en lo
particular, de la unidad en la diversidad, recoge y combina las experiencias revolucionarias,
reformistas y liberadoras o libertarias anteriores, mientras enlaza viejas y nuevas utopías,
más asequibles a una práctica alternativa, y más dispuestas a comprender sus propias
contradicciones y algunas formas de superarlas.
Entre los zapatistas, el proyecto de redes como proyecto de gobierno que articula
autonomías, se ha materializado con la transformación reciente de zonas de solidaridad en
“municipios autónomos en rebeldía”, que no sólo se articulan entre sí sino con el exterior,
con la nación, y un poco, por ahora, con el mundo
30
. El centro del proyecto radica en
construir las autonomías de la alternativa desde las bases, y en articular comunidades y
colectividades autónomas decididas a resistir las políticas neoliberales que combinan
represión, cooptación y corrupción para la intimidación y la sujeción.
Los nuevos movimientos y muchos de los pobladores que son sus bases de apoyo saben
que el control del Estado llega a los partidos políticos y a los medios de comunicación, de
alimentación, de salud, de educación, de intimidación, de persuasión, e implica una lucha
27 por la alternativa que se planteé el problema de la moral colectiva como una de las fuerzas
más importantes para la resistencia pacífica de los pueblos, una resistencia armada de valor
e inteligencia, más que de fusiles, y dispuesta a negociar sin claudicar, construyendo
fuerzas de tal modo articuladas y autónomas que impongan una política de transición hacia
un mundo capaz de sobrevivir y de vivir.
En ese terreno los nuevos movimientos, se reencuentran con el único de los anteriores,
el del “26 de Julio”, que ha logrado subsistir no sólo frente a la ofensiva que el capital
neoliberal y oligopólico ha desatado en los últimos veinte años sino frente al asedio y
bloqueo que el gobierno de Estados Unidos le impuso desde hace medio siglo.
Aislar categorías como el colonialismo interno de otras como la lucha por las
autonomías y la dignidad de los pueblos y las personas es un acto de inconciencia
intelectual tan grave como aislar la sobrevivencia de Cuba y los inmensos logros sociales y
culturales logrados por su pueblo-gobierno, de la fuerza moral que le legó Martí, a quien
con razón se llama el autor intelectual de la revolución cubana. Los aislamientos de
categorías pueden ser la mejor forma de no definir las categorías. Son la mejor forma de no
entender las definiciones históricas de la clase trabajadora y de la lucha de clases
cuidadosamente encubiertas o mediatizadas por las estructuras actuales y mentales del
capitalismo realmente existente.

Notas:
1. Vid. Carlos Marx, “Discours sur le libre-échange, en Oeuvres, Paris, La Pléyade, 1963,
T.1, p. l55.
2. Pablo González Casanova, “Las Causas de la rebelión en Chiapas” en Política y
sociedad, núm. 17, septiembre-diciembre 1994, Madrid, pp. 83-94; en Identities. Global
Studies in Culture and Power, vol. 3, 1-2, pp. 269-290. Alternatives Sud, vol. III, 1996, pp.
37-63. Del mismo autor “Los zapatistas del siglo XXI” en Observatorio social de América
Latina, Publicación de CLACSO, pp. 5-8. Neil Harvey, La lucha por la tierra y la
democracia. México, Era, 2000. Jérome Baschet, L’étincelle Zapatiste. Insurrection indienne et résistance planetaire. Paris, Noël, 2002.
3. Lenin, Obras Completas, T. XXXVI, p. 360 y T. XXXIII, pp. 294-97
28 4. Cit. Por René Gallissot, “L’impérialismo e la questione coloniale et nazionale dei popoli
oppressi” en Storia del marxismo, Torino, Einaudi, 1981, T. III, 2ª. Parte, p. 843.
5. Stuart Shram, et Hélène Carrère d’Encausse, Le marxisme et l’Asie 1853-1954, Paris,
Armand Colin, 1965.
6. Gallisot, op cit. p. 850.
7. Milos Hájek, “La questione nazionale in Europa” en Storia del marxismo, Torino
Einaudi, 1980, vol. III, pp. 483-486.
8. Olga Vorkunova, “Management of national and ethnic conflicts in the Soviet Union”,
IPRA Conference, Groningen, Netherland, 3-7 July, 1990 (Mimeo). Ustinova, M. “Causes
of the Interethnic Conflicts in the Baltic Regions”, 1990, (Mimeo).
9. Vid. Marc Ferro y Marie-Helène Mandrillon, L’Etat de Toutes les Russies. Les états et
les Nations de l’exURSS, Paris, La Découverte 1993, en especial pp. 167-169; 179-180.
10. Franz Fanon, Les damnés de la Terre, Paris, Maspero, 1961, 111s.
11. Pablo González Casanova, La Democracia en México, Ediciones ERA, México, 1965.
Edición en francés, 1969; en portugués, 1967; en inglés, 1970; en japonés, 1982. Del
mismo autor: “Sociedad plural, colonialismo interno y desarrollo” en América Latina,
revista del Centro Latinoamericano de Ciencias Sociales, año VI, núm. 3, julio-septiembre
de 1963. Traducción al inglés “Internal Colonialism and National Development”, en
Studies in Comparative International Development, Vol. I, Washington University, 1965.
Pablo González Casanova, Sociología de la explotación, Siglo XXI Editores, 1a. edición,
México, 1969. 11a. edición, 1987.
12. C. Wright Mills, “The Problem of Industrial Development” in Irving L. Horowitz. Ed.
Power, Politics and People, New York, Oxford, 1963, p. 154.
13. Rodolfo Stavenhagen, “Clases, colonialismo y aculturación. Ensayo sobre un sistema
de relaciones interétnicas en Mesoamérica”, en América Latina, revista del Centro
Latinoamericano de Investigaciones en Ciencias Sociales, año VI, núm. 4, octubrediciembre, 1963, Brasil, pp. 63-104.
14. Pablo González Casanova, “La formación de conceptos en los pueblos indios”, en El
concepto de heurística en las Ciencias y las Humanidades, Ambrosio Velasco (coord.),
México, Siglo XXI, 2000, pp. 201-221.
29 15. South African Communist Party, The Road to South African Freedom, Moscow, Nanka
Publishing House, 1970
16. Roger J Southhall, “South Africa’s Transkei. The Political Economy of an Independent
Batustan”, New York, Monthly Review, 1983.
17. Dan O’Meara, “The 1946 African mine Workers Strike and the Political Economy of
South Africa”, Journal of Common Wealth and Comparative Politics, 13, 2 (July 1975), p.
147 (cit. 5).
18. Frederick Johnstone, “White Prosperity and White Supremacy in South Africa Today”,
African Affairs, 69, 275 (Apr. 1970), p. 136 (cit. 5).
19. Héctor Díaz Polanco, Etnia, nación y política, México, Juan Pablos Editor, 1987, pp.
95-116.
20. Héctor Díaz Polanco y Gilberto López y Rivas, Nicaragua: autonomía y revolución,
Juan Pablos Editor, 1986.
21. Alberto Saladino García, Indigenismo y marxismo en América Latina, México,
Universidad Autónoma del Estado de México, 1983, p. 35.
22. “Los pueblos indígenas y la revolución guatemalteca”, Guatemala, mimeo, 1982.
23. Antonio Gramsci, Quaderni del Carcere, Edizione Valentino Gerratana, Torino,
Einaudi, 1977, III, 2002l.
24. Edward W. Soja, Postmodern Geographies. The Reassertion of Space in Critical Social
Theory, London, Verso, 1995, pp. 117 y 184.
25. Henri Lefèbvre, Le droit a la ville suivi de Espace et politique, Paris, Anthropos, l972,
p. 65 (la edición 1968).
26. Op. cit. p. 200.
27. Vid. Robert Lafont, La revolución regionalista. Barcelona, Ariel, 1971 (edición
original, Gallimard, 1967).
28. Vid. James Larry, “Mercenaries, Private Armies and Security Companies in
Contemporary Policy”, International Politics 37, núm. 4 (2000), 433-455. El autor estudió
cómo “compañías privadas militares” entrenan a “compañías de seguridad de paramilitares”
que renuevan las relaciones del colonialismo interno.
29. Cf. Rodolfo Stavenhaguen, Conflictos étnicos y estado nacional, México, Siglo XXI,
l996, en especial pp. 105-ll4.
30 31
30. Pablo González Casanova, “Los caracoles zapatistas. Redes de resistencia y
autonomía”, 2003, en prens

Soviets


Este gobierno es antiobrero y quiere implantar los soviets. Sus integrantes son crueles, despiadados y vengativos. Los niveles de corrupción son alarmantes. En tren de perseguir inocentes pueden inventar que los hijos de sus enemigos fueron apropiados durante la dictadura militar. Aplican caza de brujas contra los disidentes y en sus medios adictos ejercen una censura estricta. Ninguno de sus miembros respira si antes no le dan la orden. CFK actúa como si únicamente su dolor personal mereciera respeto y se burla a sabiendas de un padre que acaba de perder a un hijo.

Semejante descripción no fue realizada por el ABC de Madrid, ni por Ricardo López Murphy. No le corresponde a Joaquín Morales Solá, ni –mucho menos– a Osvaldo Pepe.

El autor es nada menos que Hugo Moyano.

Si el jefe de la CGT tiene o no razón en esta caracterización es algo que está por verse, o será materia de discusión por los siglos de los siglos. De lo que no cabe duda es de que, para un sector del mundo oficialista, tiene legitimidad, o la ha tenido hasta hace muy poco. Apenas meses atrás, los defensores del Gobierno sostenían que Moyano podía tener defectos pero que, dentro de las posibilidades que ofrecía el sindicalismo, era el líder más capaz para organizar a los trabajadores y representarlos en la defensa genuina de sus derechos. Durante años, con ese argumento, prefirieron disimular algunos de sus detalles más conflictivos, como el episodio de “Madonna” Quiroz en San Vicente, el ajuste de cuentas del sindicato de camioneros de Santa Fe que terminó con el asesinato de Abel Beroiz, las denuncias de la ex ministra de este gobierno Graciela Ocaña, entre otros detalles. En el momento en que se produjo el asesinato de Mariano Ferreyra, muchos de sus defensores salieron a aclarar que “Moyano no es Pedraza”.

Pues bien: resulta entonces que este hombre al que tanto han defendido, ahora se despacha de esta manera.

No es algo que se pueda pasar sin más ni más. O Moyano no era un genuino defensor de los intereses de los trabajadores, sino apenas un burócrata desesperado por la plata y el poder, y entonces en todo este tiempo los forjadores del relato K mintieron, o les mintieron, o se mintieron (y si mintieron o se mintieron o les mintieron sobre este punto, ¿sobre qué otros mienten o se mienten?). O Moyano es ese que nos decían que era, y entonces sus definiciones acerca del perfil del Gobierno deben ser tenidas en cuenta, ya que vienen del líder más genuino que pueden tener los trabajadores. Que haya opositores al Gobierno para los cuales Moyano haya pasado de demonio a santo, si es que esto ocurre, no soluciona el problema: apenas refleja que el indómito Moyano no sólo desconcierta a los K.

Pero existe una tercera opción: que las caracterizaciones que algunas personas hacen de la realidad que los rodea no tengan que ver con ningún hecho objetivo sino, simplemente, con la manera en que personajes y situaciones son caracterizados por Cristina Fernández de Kirchner. En este caso, el razonamiento sería algo así: Moyano es el genuino representante de los trabajadores si apoya al modelo que defiende a los trabajadores, y la que decide cuál es la manera de apoyar al modelo es Cristina, porque es la Jefa y nadie entiende el modelo como ella. En este contexto, no importa si Moyano, o Cobos, o Eskenazi, o Bergoglio, o Magnetto, o Schoklender, o Alberto Fernández son ignorantes, sabios, chorros, generoso o estafadores. Lo que importa es la relación de cada uno con la Jefa.

Moyano es un líder sindical admirable si está bien con el Gobierno y un traidor si está mal. Porque sólo sirve lo que acumula para el modelo. Y el modelo no es un puñado de principios y políticas sino lo que, a cada momento, según venga en gana, dictamina la jefatura del modelo, que es la que mejor lo interpreta. Y no sólo Moyano: todo funciona de esta manera. Nadie es “per se” nada: cada uno es quien la Jefa dice que es. Y así se salda la contradicción, muy fácilmente. Hemos visto en estos tiempos admiradores de Sergio Schoklender que le saltaron a la yugular apenas fue excomulgado por la Casa Rosada, y veremos en los tiempos que vienen a personas nobles que han sido deslumbradas por Amado Boudou, despotricando contra él como si nada.

El bien y el mal, lo decide Ella.

Qué pensar sobre la tragedia de Once, sobre la importación de energía, sobre las declaraciones juradas, o sobre el caso Boudou, surge de su clarividencia.

Quién es nazi y antisemita, nos lo enseña Ella.

Y la bondad o maldad de Moyano, también.

Es una suerte tener una Jefa, porque eso ordena todo. No es necesario esforzarse demasiado. Uno mira el horizonte, ve dónde se para Ella, y entonces sabe para dónde marchar. Hacia la derecha, hacia la izquierda, al este o al oeste, siempre está bien, porque lo que decide la naturaleza de las cosas no es un hecho objetivo sino la persona que marca el rumbo la cual, en esencia, siempre es buena y sabia. Por eso, Moyano puede pasar de ser un líder sindical ejemplar a una porquería en cuestión de semanas, y viceversa, y a algunas personas eso no les hace ruido.

La relación con el Jefe siempre es sencilla. Si él va en la dirección esperada, entonces confirma que es bueno, único, admirable. Si va en la dirección contraria, seguro que es una movida táctica genial.
Si se descubre corrupción junto a él, seguro que es mentira. Y si es verdad, está claro que él es víctima de personajes inescrupulosos contra los que, a su debido tiempo, sabrá combatir. Siempre, el Jefe tiene razón. Muchos vivillos se refugian en estas ideas. El problema, a largo plazo, o quizás a corto, es de los que creen en serio en estas cosas.

No es nuevo que esto ocurra en la historia política argentina y mundial. En todos los tiempos, en todos los países, ha habido movimientos políticos cuya esencia básica era esa: seguir a un líder. Del talento de este dependía que sus seguidores se creyeran que a cada paso cada decisión era buena, y que la única política válida para los disidentes era el desprecio y la marginación. Esas historias no suelen terminar bien, pero eso no quiere decir que, como se ve, no se repitan una y otra vez.

Y el día que saltan el cerco, las personas alineadas de repente descubren todo un mundo. Eso le pasó, por ejemplo, a Julio Piumato, uno de los alter ego de Moyano, cuando reveló que existe censura en la televisión pública. Era raro escucharlo. En estos últimos años, periodistas y dirigentes políticos fueron no sólo censurados sino agredidos desde esas pantallas, una y otra vez. Las listas de personajes que no se pueden entrevistar allí es eterna: Rubén Sobrero y ninguno de los delegados del Sarmiento, Jorge Lanata, Alberto Fernández, Julio Cobos, Félix Díaz, los familiares de Once, Julio César Strassera, las víctimas del Indoamericano, Hermenegildo Sábat, Victoria Donda, Victoria Moyano, Elisa Carrió, Hermes Binner, Felipe Solá, Claudio Lozano, Humberto Tumini, Rubén Carballo. Son cientos y cientos de personas que, para la televisión pública y también el canal Encuentro, directamente no existen.

Le pregunté a Piumato si no había percibido esto mientras estaba cerca del Gobierno:

–Es que cuando a uno le toca, lo ve más claro –dijo.

Una buena advertencia para aquellos a los que (aún) no les tocó.

Por lo pronto, lo de los soviets, quiero aclarar, me parece tan disparatado como aquel título de La Nación sobre el “marxista” Kicillof. Sólo que esta vez la astilla vino del mismo palo. Del lado de los buenos y no de los malos.

Era así, ¿no? Había buenos y malos, ¿no?

El FBI se declara incapaz de hacer frente a los hackers


“No estamos ganando”. Así de lapidaria es la conclusión a la que llega Shawn Henry, la máxima autoridad del FBI en sus reflexiones sobre la lucha contra el ciberdelito.“Los ciberdelincuentes simplemente son demasiado talentosos y las medidas defensivas demasiados débiles para frenarles”, explica. Y en cuanto se atrapa a uno, rápidamente otro le sustituye.

Henry se expresaba así en una entrevista al Wall Street Journal, en el que el conocido como “cíber zar” parece tirar la toalla en la lucha contra las organizaciones criminales de Internet. No sabemos si es por resignación, pero después de dos décadas en el FBI Henry está a punto de abandonarlo para dirigir la seguridad de una compañía privada.

“No sé cómo saldremos de esta sin cambios en la tecnología o en el comportamiento, porque con el status quo actual es un modelo insostenible”, declaró Henry al WSJ. “Insostenible en el sentido de que nunca vas por delante, nunca estás seguro, nunca tienes expectativas razonables sobre privacidad o seguridad”. Pues vaya panorama.

Lo peor es que, si ya es grave que el FBI opine de esta forma, parece que no son los únicos. Esta semana otro pez gordo de la seguridad en los EEUU, el director de la Agencia Nacional de Seguridad, afirmaba ante una comisión del Senado que China está robando una gran cantidad de propiedad intelectual de los EEUU, y que éstos no pueden hacer nada por impedirlo.

Fuente: Analítica

El sujeto de la orientacion vocacional a fines del milenio


A modo de presentación … 
Es en las últimas décadas del siglo XX cuando se producen y aceleran a escala mundial, una serie de cambios en los procesos productivos, en las tecnologías y en las formas de organización, que constituyen una verdadera mutación de los entornos educativos.

No solo hablamos de mutaciones y cambios, sino de transformaciones esenciales que penetran en todos los dominios de la actividad humana.

Las innovaciones tecnológicas, las nuevas formas de producir y utilizar conocimiento, la anticipación de nuevos paradigmas que modifican el contexto educativo, la apertura hacia una economía cada vez más globalizada que provoca la reorganización de los espacios socio-productivos, plantean la necesidad de atender a nuevos procesos de formación de recursos humanos que atiendan a los desafíos de estos inéditos escenarios.

La Orientación Vocacional , como mediadora entre educación y trabajo, anticipa también un profundo replanteo de su campo de intervención, revisando sus prácticas, reconceptualizando su campo, incorporando nuevos saberes , atendiendo a los requerimientos “marcados” por la incertidumbre frente a las transiciones.

Sin ánimo de hacer un recorrido lineal por las últimas décadas del siglo XX en nuestro país, intentaremos focalizar la mirada en el sujeto de la orientación vocacional, a través del análisis del entramado de las transformaciones de los procesos productivos y educativos.

Del sujeto vocante…. 

A partir de los inicios de la década del ’70, el optimismo que caracterizaba la expansión de los sistemas educativos latinoamericanos en general y del sistema educativo en Argentina en particular, y la consiguiente visión de la educación como garantía de acceso al mercado de trabajo y a la empleabilidad, fue decreciendo y permitiendo cuestionar la inadecuación del sistema educativo a los requerimientos del mercado laboral. Se va percibiendo en este período un desfase entre el clima político optimista de 1973 , en el que se reinstaura un breve período de democracia, y la mirada económica internacional.

Durante esta década se produce un fuerte incremento de la sobre-educación o desvalorización de las credenciales educativas en el mercado de trabajo, en contraste con la concepción que tradicionalmente consideraba a la educación como factor de promoción social (Filmus; 1993).

Justamente son las teorías reproductivistas de la educación (Bourdieu, Passeron, Althuser) las que re-interpretan el papel de ésta en relación a la reproducción de las desigualdades sociales, responsabilizando a la escuela por la formación de sujetos “ajustados” a las expectativas y a los objetivos políticos de los sectores dirigentes.

La perspectiva optimista también tuvo un duro embate con la crisis del modelo del Estado Benefactor. Los cuestionamientos al Estado planificador y asistencial permitieron emerger la imagen de una escuela “no productiva”, y favorecieron el crecimiento de la educación privada en general y de las universidades privadas en particular.

En el contexto de la dictadura militar de 1976 se incrementa la especulación financiera, el endeudamiento externo, el desmantelamiento fabril, el debilitamiento del papel de los sindicatos, la parálisis productiva y el capitalismo de mercado con alto costo social y productivo, obturando un corto período de democracia (1973-1976) que se había caracterizado por ideales de “compromiso revolucionario bajo el ideal de la liberación: política, sexual, educativa”. (M. Müller:1998;104).

Con el gobierno militar del ’76 se reinstala una fuerte represión política y cultural, un control ideológico y también un vaciamiento de contenidos que incide notoriamente sobre la calidad de la enseñanza.

A inicios de los ’70, Rodolfo Bohoslavsky publica “Orientación Vocacional: Una Estrategia Clínica”. Con esta obra, que sintetiza una vasta experiencia del equipo de profesionales de la Dirección de Orientación Vocacional de la Universidad de Buenos Aires, se difunde y toma terreno un modo de entender la orientación vocacional que cuestiona la ideología vigente: el desarrollismo en lo político y económico, y el eficientismo y cientificismo en lo educativo.

“Los procesos de orden económico son entendidos como efecto del desarrollo tecnológico, y éste, a su vez, de desarrollos o ‘mejoramientos’ educacionales”. (Bohoslavsky, 1971;10). Es así que, en el caso de la educación universitaria, ésta debía garantizar una óptica de “cientificismo” frente a los problemas del subdesarrollo.

La Orientación Vocacional como estrategia clínica cuestiona los supuestos, instrumentos y técnicas difundidos y vigentes hasta el momento. Con el desarrollo de aportes y líneas teóricas basados fundamentalmente en el psicoanálisis, en la psicología social, en la clínica, en el no-directivismo y en otros aportes se conforma una escuela Argentina de Orientación Vocacional ampliamente difundida y reconocida en América Latina.

El afianzamiento y difusión de esta modalidad de Orientación Vocacional coincide con el retorno de la democracia en 1973, oportunidad más que propicia para revisar una serie de planteos vigentes hasta el momento:

*la Orientación Vocacional no es una práctica a-valorativa, ni tampoco puede “abstenerse” ni ser neutral. Como toda práctica técnica-teórica, la Orientación Vocacional genera una ideología científica que refuerza en los orientados una ideología previa.

*no todos acceden a la Universidad, por lo que queda en tela de juicio el slogan de la”libre elección”. Se cuestiona la idea de la educación como promotora natural de ascenso social.

*la información en Orientación Vocacional debe tener en cuenta que no es lo mismo responder a “demandas sociales” que a “necesidades sociales”. Y en ese sentido se duda de los supuestos teóricos, ideológicos y políticos de las “profesiones” y sus prácticas.

*los instrumentos y técnicas que se utilizan en Orientación Vocacional derivan de las teorías e ideologías que los fundamenta. En ese sentido se pregunta: transformar, pero ¿hacia dónde?; orientar vocaciones, pero ¿para qué?, ¿cómo?: ¿develando u ocultando?, ¿desmitificando o reforzando?.

Se va perfilando una concepción de Orientación Vocacional Clínica, basada fundamentalmente en el psicoanálisis y en la formación clínica del orientador psicólogo, con una fuerte repercusión nacional por la novedad de sus aportes, y abriendo las perspectivas de los abordajes psicodinámicos en diferentes contextos, aún cuando es importante destacar la dudosa viabilidad de su práctica total dentro mismo de las instituciones escolares. Esta es una de las razones que dificultan que este modelo orientativo se instale masivamente dentro mismo del sistema escolar, coexistiendo una ‘mixtura’ de enfoques provenientes del abordaje actuarial y del abordaje clínico.

Esta nueva forma de entender la problemática de las elecciones vocacionales fue ampliamente difundida a través de las Jornadas realizadas desde 1971 a 1975 por la Junta Coordinadora de Organismos de Orientación Vocacional de Universidades Nacionales ( JOVUN) en reuniones y seminarios organizados en todo el país.

Quien elige, para la Orientación Vocacional Clínica, es un sujeto dinámico, pro-actor, histórico, en crisis, contextualizado y transversalizado por la historia personal, familiar, escolar y social. No es mensurable, “diagnosticable” ni predictible, pero sí capaz de hacerse cargo de su proyecto vital, de sus elecciones y de su toma de decisiones. En lugar de un sujeto con capacidades estáticas, se habla de un sujeto con potencialidades, con deseos, con conflictos, con imaginarios, con vínculos. Es un sujeto activo y colaborador, en permanente búsqueda de su identidad personal y vocacional.

El concepto de sujeto vocante en esta concepción alude a:

-un actor social que construye su subjetividad en relación con el contexto social, en donde hay un vínculo entre el esquema de sí y los diferentes esquemas sociales en que éste se forma.

-su subjetividad es relativamente maleable (depende del grado de complejidad de la estructura social y de la variedad de las interacciones en las que está inmerso). No se habla de una estabilidad cristalizada.

-está en constante búsqueda de conformar su identidad. Un sujeto, con su subjetividad relacionada con sus inserciones sociales, no definible por sus rasgos estables, nos lleva a pensar una Orientación que toma al vocante preocupado por la construcción de su identidad.

Es en este breve contexto de crecimiento y afianzamiento de la modalidad clínica de Orientación Vocacional cuando hay un incremento a nivel nacional de la matrícula de carreras humanísticas y sociales como Psicología y Sociología, las que a continuación- y con la dictadura- se repliegan, llegándose al cierre de estas carreras en muchas de las universidades nacionales.

Del sujeto subjetivo y sobredeterminado… 

Los ’80 están caracterizados por un fuerte cuestionamiento a la eficiencia del gasto social, lo que trae aparejado una serie de ajustes presupuestarios por parte del Estado, y políticas de descentralización que trasladan la responsabilidad de la educación a las provincias y los municipios.

A fines de 1983 se reinicia la democracia y la juventud retoma protagonismo y participación política. “Se reabren carreras clausuradas y crecen las postergadas: Humanidades y Ciencias Exactas; se duplica la matrícula en Derecho” (M.Müller, 1998;105). En 1982 los ingresantes a Ciencias Básicas y Tecnológicas llegan a casi el 50% de la matrícula correspondiente a las universidades nacionales, correspondiendo aproximadamente un 30 % de la matrícula total a los ingresantes de las Ciencias Sociales y Humanas.

En la interpretación de lo escolar, cobra fuerzas la perspectiva del “curriculum oculto” en la que se resalta lo latente, lo implícito y lo subyacente de la vida cotidiana escolar, y en la que el contenido curricular da sentido a las prácticas.

“Progresivamente, la posición social del docente se ha más que deteriorado” perdiendo “las fuentes de gratificación cultural o simbólicas que anteriormente revestían su imagen” (Davini:1994;10).

Los cambios sociales, el aumento de la marginalidad social, la industrialización, la crisis de la deuda externa, y fundamentalmente la incorporación de nuevas tecnologías informatizadas a los procesos de producción con su consecuente demanda de incrementos de responsabilidades y competencias por parte de los trabajadores, la coexistencia de modos de producción capitalista -dominantes y hegemónicos- con economías regionales segmentadas, son grandes temas que “marcan” esta década.

La intencionalidad política de los primeros tiempos de la post-dictadura acerca de las demandas democratizadoras de nuestro sistema de enseñanza, fue diluyéndose y “asimilándose cada vez más a la de los sectores dominantes, y asumiendo vertiginosamente el contenido y la fisonomía de los discursos neoconservadores y neoliberales que se expandieron en el continente” (Gentili;1994;22).

Filmus señala algunas de las características principales de nuestra educación de fines de los ’80: “desatención por parte del Estado, endogeneización de las metas, autolegitimación del sistema, corporativismo en el comportamiento de los actores y una constante pérdida de vigencia frente a las necesidades de la comunidad” (1994;72), más un estado de “anomia” respecto de las demandas sociales. ¿Para qué educar?. Simultáneamente, “las transformaciones mundiales colocan al conocimiento como factor principal de la competitividad de las Naciones” posicionando al conocimiento en una creciente centralidad que co-existe, paradójicamente, con la anomia edcativa a la que alude Filmus.

Es durante este período que la Orientación Vocacional en Argentina comienza a trabajar en contextos organizacionales. Agotada la JOVUN (Junta Organizadora de Organismos de Orientación Vocacional de Universidades Nacionales), nace AOUNAR como una organización que continúa agrupando a los profesionales orientadores de universidades nacionales. Simultáneamente surge la Asociación de Profesionales de la Orientación Vocacional ( primero APOV y luego APORA), en la que los orientadores vocacionales se nuclean convocando a todos los profesionales de la orientación (psicólogos, pedagogos y psicopedagogos) de todos los niveles del Sistema Educativo, tanto públicos como privados, e inclusive a profesionales independendientes de todo el país.

El campo de la Orientación Vocacional comienza a verse como una práctica muy amplia que no se aborda sólo desde la Psicología, de la Pedagogía o de la Psicopedagogía. A partir de los ’80 la orientación es vista como una trans-disciplina que se va enriqueciendo con los aportes de la economía, la sociología, el derecho laboral, la antropología, la ecología, entre otros, que le permiten comprender y abordar la compleja realidad próxima al fin de siglo, marcada por la incertidumbre y la irreversibilidad.

El sujeto de la Orientación Vocacional está sobre-determinado por la familia, las estructura escolar, los medios masivos de comunicación, la cultura. Se habla de un sujeto sobre-determinado y no determinado, pues se subraya el concepto de articulación compleja entre las instancias de causalidad estructural.

La Orientación Vocacional ve a la escuela como un espejo estructurado que le propone a los jóvenes un cierto reflejo de sí mismos, en el que se reconocen de cierta manera. Este espejo estructurado se convierte en estructurante, y para su entendimiento se integran enfoques de la psicología social y la psicología cognitiva.

El sujeto, en Orientación Vocacional, ya no es sólo el adolescente que elige su proyecto ocupacional o vocacional, que está en búsqueda y construcción de su identidad profesional en el paso de la escuela secundaria al nivel superior. Ahora se habla de un sujeto no necesariamente púber o adolescente, sino también de sujetos adultos que eligen en relación con el desarrollo de proyectos institucionales e institucionalizados.

Comienza a hablarse de un sujeto como:

*capital humano al que hay que “cuidar”

*recurso humano al que hay que “adiestrar”

*heramienta para la producción a la que hay que “instrumentar”

Del consultante abordado clínicamente desde lo psicológico, se pasa a una consideración de clínica institucional psicopedagógica, en donde va cobrando fuerza la situación de “aprendizaje de la elección vocacional”.

El contexto de creciente desempleo y la modificación de las reglas del mercado productivo y laboral, se convierte en terreno generador de cuestionamientos y estudios referidos a : la alienación y enajenación profesional; al replanteo de la elección de determinadas profesiones en función de ejes como prestigio y valoración social; la necesidad de incorporar en el curriculum escolar conocimientos sobre el mundo del trabajo que permitan su comprensión por parte de los sujetos en formación; el sujeto en relación a las transiciones vitales; los estudios de género y formación profesional y a planteos sobre retiro y jubilación, entre muchas otras problemáticas.

La Orientación Vocacional profundiza dos grandes funciones: la de asesoramiento (que apunta a esclarecer problemas y resolver situaciones de un sujeto o grupo de sujetos con determinadas necesidades para la toma de decisiones), y la función educativa (que apunta a “armar” un marco identitario para aprender mediante un repertorio de estrategias).

Del sujeto en carrera… 

En los ’90, van desapareciendo del mundo de la producción, algunos tipos de trabajo y otros pierden contenido tornando innecesarias ciertas calificaciones. Las organizaciones están cada vez menos dispuestas a proveer seguridad en la posesión del empleo, lo que genera un profundo cambio en el ‘contrato psicológico´ entre el individuo y la organización, constantemente renegociado. “Emerge una corriente de autores latinoamericanos quienes, desde la economía política, postulan que la función de la educación es articular y mediatizar los procesos educativos” (Llomovate;1993;16).

El clima de fin de siglo está fuertemente marcado por las teorías neo-conservadoras y neo-liberales, que otorgan al mercado mundial una fuerte definición sobre las economías nacionales y regionales , por sobre una presencia mínima por parte del Estado. En las medidas concretas de política existe un achicamiento del Estado y un retiro relativo de éste respecto de lo social, y de la creciente y dramática problemática de la exclusión, marginación, desempleo y pobreza.

El rol de la educación que alguna vez fue un instrumento de movilidad social, comienza a comportarse como un “duro instrumento de selección, debido a las restricciones del mercado de trabajo y al achicamiento del empleo público” (Gallart:1996; 103). Refiriéndose a la paulatina devaluación de la acreditación académica, G. Riquelme afirma que ésta se va generando por la mayor disponibilidad de la fuerza de trabajo educada, lo que tiene grandes beneficios para el sector empresario -que selecciona a los mejores- independientemente de los requerimientos educativos de los puestos de trabajo.

Las credenciales educativas pasan a a funcionar como “un filtro o indicador de la idoneidad laboral del joven”, de modo que “la sociedad establece unos ‘separadores sociales’ a partir del papel que tiene el sistema escolar” (Brunet y Valero;1997:337)

El sistema educativo formal se constituye así en un factor discriminante que divide, segmenta y jerarquiza al sistema social al imponer sus credenciales (exámenes, diplomas, dispositivos de prácticas, pasantías, etc) como una condición cada vez más necesaria para acceder al mercado laboral.

La personalización creciente “inducida” desde los modelos tecnocráticos, va llevando cada vez más a respuestas de exacerbado individualismo que permite pensar que cada sujeto es responsable de su propia ingeniería profesional o- en términos ocupacionales- de “inventarse” una ocupación, de emplearse a sí mismo o de crear servicios por medio de la capacitación o del perfeccionamiento en áreas novedosas.

Durante esta década se deja de lado la prohibición de crear nuevas universidades privadas, y por vía de excepción se incrementa el número de instituciones superiores tanto públicas como privadas, asciendiendo el número de universidades autorizadas a 87 en 1999. El total de títulos y carreras de nivel superior universitario y no universitario que se ofrecen en Argentina supera los 2.500, en un formidable proceso de expansión y diversificación casi caótica que se intensifica a lo largo de esta década, y que tiene como dato relevante un sostenido incremento de la matrícula en todo el nivel superior. “La creación de carreras no tiene demasiada lógica y en muchas ocasiones obedece más a razones políticas y comerciales que a cuestiones estrictamente académicas” (Rascován S:1997;14).

La Ley N° 24.195 sancionada en 1993 , marca el inicio de la reforma educativa nacional y significa un cambio curricular con la modificación de la estructura del sistema educativo. En su redacción confluyen distintas concepciones teóricas que convergen a la hora de asignar un papel desleído del Estado en cuanto a resposabilidad y sostenimiento del sistema educativo.

“La Ley Federal de Educación es una propuesta que se encuadra dentro de las políticas de ajuste del gobierno nacional que se propone descentralizar el sistema transfiriendo a las provincias la responsabilidad de su efectivización sin tener en cuenta la capacidad económica de las mismas”. (Bianchetti G: 1994; 38). Surge una valorización de la importancia de la educación general, por encima de la capacitación específica, basada en un análisis ocupacional estrecho de los puestos de trabajo.

En ese sentido, “es interesante señalar que el término sistema educativo, prácticamente está siendo reemplazado por el de sistema de producción y difusión del conocimiento, en el que se debe asegurar el acceso a los códigos de modernidad y la formación de la nueva ciudadanía”. (Feldfeber M:1999;298)

Resulta interesante transcribir el Título III, Capítulo IV, Artículo 15, inciso e: (Educación Polimodal): “Desarrollar habilidades instrumentales, incorporando al trabajo como elemento pedagógico que acredite para el acceso a los sectores de producción y del trabajo“. A partir de ésto, es relevante preguntarse cuáles son esas habilidades necesarias para que un joven sea ‘empleable’ y productivo en un mercado de trabajo moderno.

Surge todo un debate respecto de la noción de competencias, concepto que se sitúa a mitad de camino entre los saberes y las habilidades, en una implicancia que va más allá del curriculum escolar, relacionándose con trayectorias que implican una combinación de educación formal, aprendizaje en el trabajo y, eventualmente, educación no formal.

No cabe duda que se alude a un sujeto activo, abierto y flexible a la incertidumbre y a los cambios, en construcción y reconstrucción a partir de su interacción con el medio, y competente desde lo intelectual, lo práctico, lo interactivo – social y lo ético. Un sujeto que pueda responder a las tres funciones que se desprenden del Nivel Polimodal: a) función ética y ciudadana; b) función propedéutica y c) función de preparación para la vida productiva.

¿Cómo responde la Orientación Vocacional a esta problemática compleja de la incertidumbre frente a la formación, a la capacitación, a la actualización de determinadas competencias profesionales?. ¿Cómo puede mediar la Orientación Vocacional en los nuevos contextos de educación?

Deja de hablarse de vocación para pasar a referirse a carrera. Y este concepto de carrera también difiere del utilizado hasta el momento, en el sentido que ya no es el de un camino lineal, ordenado y progresivo, no es simplemente una estructura ni es una biografía. Podemos hablar de un concepto de carrera – que alude tanto a una realidad objetiva como subjetiva, en donde “lo objetivo (deberes observables, prerrogativas, requisitos, etc.- produce un modo de hacer y desemboca en toda una serie de sentimientos, aspiraciones y reflexiones personales que van delimitando y dibujando la carrera de un individuo en particular (Rodríguez Moreno :1998,158).

Puede entenderse la carrera en términos económicos (recursos, oferta, demanda), y también en términos sociológicos, políticos y psicológicos. A partir de estas consideraciones se va conformando lentamente, también en Argentina la orientación y la educación para la carrera en la que el énfasis se traslada de la elección de una ocupación o una profesión a la elección de un proyecto de vida, de estudio y de trabajo, incluyendo, (según D. Aisenson) a:

-la orientación, educación, desarrollo y planificación de la carrera profesional.
-el aprendizaje de recursos y competencias personales
-la transición escuela/trabajo y la inserción al primer trabajo
-la formación laboral; la reconversión y la reinserción laboral
-los itinerarios y trayectorias profesionales; las re-orientaciones y cambios; la relación que establecen las personas con su actividad laboral
-la problemática de la desocupación
-la preparación para la jubilación

Pero además, es necesario tener en cuenta que, a partir de acuerdos internacionales, y particularmente a partir del acuerdo Mercosur, la Orientación pretende ampliar sus fronteras. Para Veinsten (1993), éstos serían los ámbitos de acción de la Orientación a fines de milenio:

-Orientación de las negociaciones para convenir sin subsumir
-Orientación para los problemas de la preservación folklórica en el futuro intercambio cultural
-Orientación para la nueva producción de bienes y servicios
-Orientación para el cambio de actitudes frente al cambio
-Orientación de las actitudes cooperativas para pequeños productores que quieran crecer
-Orientación de actitudes para la producción de calidad

El sujeto de la orientación de fines de milenio da cuenta de un yo personal en el que inciden dos tipos de órdenes: el tecnológico-económico de la estructura social, y el simbólico-imaginario de lo cultural. Este es un yo en estado de “relacionalidad”, embebido cada vez más en una sobresaturación de mensajes y en una colonización de “otros” que lo lleva a tener una expansión indefinida de opciones identificatorias. Es lo que Gergen llama “saturación del yo” y “multifrenia”.

El proceso de autoconocimiento y de conocimiento de la realidad a que se dedica la Orientación Vocacional “es dificultado por estas características, ya que la proliferación de mensajes culturales contradictorios, conflictivos, obstruye su integración significativa, la discriminación de sus contenidos y la reflexión crítica sobre los mismos.” (Müller M:1998;51).

El sujeto al que alude la Orientación para la carrera requiere de su participación activa en el proceso de análisis y construcción de su autoconcepto y de la realidad contextual, con el objeto de desarrollar las competencias necesarias para su proyecto socio-profesional- personal.

Desde esta perspectiva, el sujeto desarrolla su carrera, y en interacción mutua, la carrera desarrolla al sujeto. En ese sentido, la carrera es un proceso de adaptación, que a lo largo de toda la vida – y atendiendo a procesos de cambio, progreso y crisis – relaciona al sujeto con la preparación para el trabajo, con el trabajo, con el cambio del trabajo y con dejar el mundo del trabajo.

No cabe duda que hablamos de un sujeto de la carrera, en carrera

A modo de reflexión… 

Si la Orientación Vocacional busca posicionarse como uno de los mediadores entre la educación y el trabajo, dinamizando la relación entre la lógica de la educación y la lógica del mundo laboral y de la producción, merece reflexionarse sobre aquellos colectivos que quedan en la exclusión y en los márgenes, sin la posibilidad de hacer elecciones y de hacerse cargo de la toma de decisiones sobre sus proyectos vitales y/o profesionales ; sobre aquellos sujetos enajenados de sí y del trabajo, sujetos de la diversidad, sujetos de la pobreza extrema, de la precariedad, sujetos excluídos y marginados, en fin, sujetos “no-decididores”.

Argentina-Inglaterra por E. Fernandez Moores


Como muchos ingleses radicados en la Argentina, Louis Lacey y Johnny Traill, acaso los mejores polistas del mundo a comienzos del siglo XX, volvieron a su país para combatir en la Primera Guerra Mundial. Lacey, miembro del Regimiento de Caballería de King Edward’s Horse, fue ascendido a teniente primero por su valor. Traill se lastimó y no pudo combatir. Primer 10 de handicap del polo argentino, nueve veces campeón del Abierto entre 1900 y 1917, Traill asombró a los ingleses cuando lideró al equipo de El Bagual, que en 1912 ganó por 10 tantos de diferencia al equipo del Duque de Westminster, que tenía 12 puntos más de handicap. “Un genio”, lo calificó The Times. Lacey, 10 de handicap en 1915, 6 veces campeón argentino en la década del 20, con Hurlingham, y tapa de El Gráfico, lideró al equipo de la Federación Argentina de Polo que en 1922 ganó sus 13 partidos de una gira por Gran Bretaña y conquistó el Abierto de ese país. Gran Bretaña los citó para los Juegos Olímpicos de París 1924. Y ellos, que ya habían servido a la patria en una guerra, respondieron que no podrían jugar contra el equipo argentino. Hacerlo, escribió el antropólogo argentino Eduardo Archetti, hubiese significado “jugar contra una parte de ellos mismos”.

Archetti, que accedió a las memorias de Traill, cuenta la historia en su libro Masculinidades. Fútbol, tango y polo en Argentina. Lacey y Traill habían aprendido a montar de otro modo en la Argentina. Uno de los maestros de Traill fue el gaucho Sixto Martínez, capataz de estancia y figura de Las Petacas, el equipo que completaban los petiseros José y Francisco Benítez y el mayordomo Frank Kinchant. Las Petacas ganó los Abiertos de 1895 y 1896 y, según las crónicas, iniciaba un juego nuevo, “más abierto, con jugadores que pegaban la bocha de todos lados del caballo de una manera jamás vista”. Su campaña, sin embargo, se acabó cuando el patrón de la estancia, Charles Jewell, encontró que ningún empleado lo esperaba en la estación del pueblo porque estaban jugando al polo. A partir de 1910, The Polo Associacion of the River Plate prohibió la participación de capataces y peones en el Abierto. Los empleados no podían participar de una competencia exclusiva para deportistas “amateurs”. Por aquellos años, en las estancias argentinas se enfrentaban “England” versus “Scotland”. Trenes especiales de los ferrocarriles británicos Pacific Railways y la Central Railways partían de Retiro con familias y caballos. La fiesta de las elites terratenientes duraba días. La Argentina era el país con mayor cantidad de clubes de polo. Sin Traill ni Lacey, Gran Bretaña envió un equipo débil a los Juegos de París 1924. La Argentina, debutante en los Juegos, le ganó la final 15-2. Fue la primera medalla de oro en la historia olímpica de nuestro deporte.

Los Mundiales de fútbol siempre concitaron en la Argentina más interés que los Juegos Olímpicos. El de España 82 se jugó en plena Guerra de Malvinas. El 13 de junio, un día antes de la rendición, la Argentina, que venía de ser campeona en el 78 y ahora tenía a Diego Maradona, debutaba contra Bélgica. El soldado Roberto Herrscher, 19 años, estaba en la casa del funcionario inglés que los oficiales de marina habían tomado como cuartel general. Puerto Argentino estaba cercada y el ataque final era inminente. El teniente buscaba sintonizar al Gordo Muñoz para escuchar el partido por Radio Rivadavia. La radio era vieja y había que sostener la antena con la mano. Apenas comenzó el partido, sonó la alerta roja, señal de que los Sea Harrier estaban por atacar y había que correr al pozo que los soldados habían cavado en el jardín de la casa. El teniente, que quería seguir escuchando el partido, ordenó a todos que se escondieran debajo de la mesa. La misión de Herrscher, en pleno ataque inglés, fue mantener la mano levantada por debajo de la mesa para sostener la antena y seguir escuchando al Gordo Muñoz. “Siempre pensé que, para nosotros los argentinos, el fútbol es una guerra y la guerra es un partido. Pero nunca como ese día -escribió una vez Herrscher- se nos mezclaron tanto la muerte y los goles, la rendición y el silbato final, los disparos y las patadas”. Hoy periodista, Herrscher, director del máster de Columbia en Barcelona, me dice por correo: “Desde allá, se veía que en Buenos Aires la guerra y el Mundial se vivían como si fueran cosas parecidas”.

Ese mismo 13 de junio de 1982, Pedro Cáceres, otro conscripto de 19 años, miembro del Batallón de Infantes de Marina Nº 5, vivía su hora más dramática en la batalla final en el monte Tumbledown. Su compañero Diego Ferreyra cayó herido por una bomba. Un enfermero sintió miedo y Cáceres se ofreció para sumarse al rescate. Cayeron cinco bombas más. Pedro buscó refugio entre las piedras. Miró por debajo del casco, pensó en su madre, en su fe católica y sintió que nada le podría pasar. A Ferreyra le faltaban tres dedos. Tenía media rodilla destrozada. La morfina no fue suficiente. Ferreyra murió en los brazos de Pedro. Al día siguiente fue la rendición. Obligado a trabajar desde los 11 años para mantener a la familia, Pedro jamás había pasado más de una semana fuera de su casa. La Guerra de Malvinas lo alejó 15 meses de su familia. Volvió tirado en el piso de un 747 de Aerolíneas. “Me volvía en el ala del avión si era necesario”, me cuenta. Llegó a Quilmes a las 6 de la mañana. Los hicieron volver a escondidas. Pasó meses tremendos. Sus padres se turnaban para cuidarlo de noche. Consiguió trabajo, se casó y tuvo un hijo. Pero nunca se presentó como un ex combatiente. “Éramos los loquitos de la guerra”. En 2002, con la ayuda clave de una nueva pareja, Pedro decidió ir al psicólogo. “Me hizo valorar no sólo la guerra, sino toda la vida”. Expuso en su carnicería del barrio de Belgrano medallas y diplomas de Malvinas. Dio una charla en una escuela. Los niños le preguntaron si mató, si le disparó a alguien. Si se le murieron compañeros.

Pedro recordó a Ferreyra la semana pasada, al volver por primera vez a Malvinas. Todavía están los agujeros de las bombas que casi lo matan en Tumbledown. Visitó el lugar después de ganar con otros tres ex veteranos de guerra en la maratón de La Amistad en categoría postas. 42 kilómetros con ráfagas de viento en contra de hasta 60 kilómetros por hora, subidas, descampados, frío y cambios de clima. Fernando Marino y Luis Escudero corrieron primeros. Pedro recibió el relevo con dos minutos de retraso. El cambio de viento lo favoreció. También a su rival inglés, un equipo de una edad promedio 25 años más joven que el argentino. Pedro tomó la punta pasando por el medio de su rival y de la bicicleta que acompañaba al corredor inglés. “Tenía la adrenalina a mil”. Aceleró antes de tiempo porque le indicaron mal dónde era la meta. Los mil metros finales, en subida, fueron una tortura. Entregó el relevo con dos minutos de ventaja, suficientes para que Marcelo Vallejos completara el triunfo en los 12 kilómetros finales. Lo felicitaron hasta los rivales. “Pero creo que la próxima carrera van a traer keniatas con tal de que no ganemos”, se ríe. Intérprete mediante, los ingleses, cordiales, invitaron cerveza. Pedro intuyó que eran militares. No hablaron de la guerra. Se fotografiaron juntos. “Yo mismo les dije de hacerlo con la bandera británica y la bandera kelper”, la misma que la Unasur decidió no aceptar más en sus puertos. La policía les había ordenado no exhibir banderas argentinas. “Llevamos diez millones de banderas y cuando salimos a entrenar nos hicimos fotos clandestinas. Yo, hasta me hice una con la camiseta de Boca”, dice Pedro.

Pedro jamás sintió ganas de suicidarse, como les sucedió a cientos de combatientes, argentinos y británicos. “Empecé a correr a los 27 años y eso me ayudó un montón, psíquica y físicamente”. Sin entrenarse, Pedro comenzó a correr carreras y a marcar buenos tiempos. Ganó casi todas las carreras en los Juegos Olímpicos para veteranos de guerra que comenzaron a organizarse a partir de 2009. Ahí nació el equipo que ganó la semana pasada en Malvinas. “Fui con la idea de ganar, soy muy competitivo, y sé que hicimos historia, un equipo de veteranos de guerra ganándoles a pibes de 20 años. Pero lo bueno de correr es que, más allá de ganarle al otro -me dice Pedro-, buscás mejorar tus tiempos, competís con vos mismo”. La carrera seguramente será larga. Pedro siente que ahora corre más liviano.

Nunca Mas, ahora y siempre


NUNCA MAS,  dicen todos mientras miran en retrospectiva la peor etapa de estos 200 años. Sin embargo hoy en día se siguen observando, en menor escala, algunas de aquellas prácticas. Aquellos militares asesinos eran los perros de caza de un modelo económico que se nos impuso por la fuerza (yo ya había nacido) con el cuento del comunismo y la guerrilla (que ya estaba casi totalmente aniquilada en 1975) asesinaron 30.000 hermanos de esta tierra. En realidad la búsqueda era otra; deprimir a la clase obrera, eliminar a aquellos que podían ejercer una oposición critica desde lo intelectual, perseguir a quienes podían llevar su lucha a límites insospechables para defender los intereses de la mayoría. Aquella dictadura vino a instaurar el terror para que ellos, en menor medida y otros, los terratenientes, las multinacionales se apropiaran de lo que no era suyo para bien económico propio. Empresas, propiedades, dinero, bebes, vidas. Es increíble, a partir del legado ideológico-cultural del Proceso, como aun hoy opera un fuerte sentimiento anti-comunista, basado en el terror a las banderas rojas de la ex URSS, que de comunismo quizás tuvo algo entre el 17 y el 21, pero luego se convirtió en un capitalismo de Estado con una fuerte centralización  de la economía, una colectivización forzada y una burocratización del sistema político en aras de pervivir con una utopía que había desaparecido. 50 años más tarde esa excusa, les dio la chance de matar y someter para quedarse con todo haciéndonos creer que existía el cuco rojo. Algún día habrá que hablar de ese Pacto de no agresión entre EEUU y URSS que nos comimos como Guerra Fría.

Cambio el escenario la política de shock, con la muerte como principal arma, nos empezó a despolitizar, a cerrarnos a la participación,  nos enseño a descreer de la sindicalización, a ver fantasmas enormes y a creer en los mesías que venían a librarnos de todo mal. Siempre le pregunto a mi papa’ que tenían de bueno esos tipos que se lo llevaron de casa, pero no por razones políticas ni sindicales, si no porque no había trabajo en mi pueblo y el tuvo que andar sacrificándose lejos de nosotros, y de sí mismo, 30 años para que no nos falte nada y yo pueda estar escribiendo esto ahora. Vinieron a imponer una nueva lógica, nueva forma de hacer política, nueva relación capital-trabajo, nueva cultura y relanzamiento de la tasa de ganancia de un capitalismo con más vidas que un gato. Cambio la configuración en el mundo a partir de los 70 con el ingreso de los neoliberales monetaristas a dominar la escena económica y  como los remedios se prueban siempre primero en laboratorio y con otras especies, nos toco a nosotros ser sus conejillos de india. El programa económico aplicado por la dictadura militar produjo una reversión completa de las políticas implementadas en la industrialización sustitutiva, que  había configurado una realidad económica en nuestro país desde 1930 a 1976, posibilitando un crecimiento en el poder adquisitivo de las clases subalternas en torno a  la visualización del salario como un componente de la demanda y no como un costo tal cual lo veía y lo ve el liberalismo. Los nuevos objetivos fueron la apertura de la economía, la libre operación de los mercados de capitales, la desregulación de los diferentes mercados y un proceso de privatizaciones; dando por terminado la industrialización como objetivo de las políticas económicas. Por ello había que actuar fuertemente en contra del sector trabajo que se había beneficiado en la etapa anterior y que ahora iba a llevar la carga de las medidas y cuyos integrantes serian los perjudicados por  la concentración del ingreso en unos pocos grupos económicos dominantes, el crecimiento de la deuda externa, el incremento de la fuga de capitales y la desindustrialización de la economía que derivaría en un aumento de la pauperización social. Se imponía un fuerte disciplinamiento, la lógica del plomo y el garrote pero también la inducción a un nuevo imaginario cultural, la tan mentada combinación de violencia física y simbólica que se arroga para sí el Estado en términos de Bourdieu. Este tipo de dominación  nos hace ver con malos ojos a quienes perdieron hijos, esposos, trabajo y entonces los malos de la película son Madres y Abuelas, sindicalistas (no defiendo la burocracia sindical) estudiantes combativos, cantantes de pelo largo, artistas varios,  inmigrantes, habitantes de los barrios periféricos , haciéndonos aprender y desarrollar, fundamentalmente en la escuela (dale con Bourdieu)  un culto a todo lo que tenga que ver con el autoritarismo, con el machismo, con el chauvinismo y la exacerbación de una nacionalismo mal entendido más proclive a la diferenciación que a la coincidencia. En este proceso hemos naturalizado que la verdad está en manos de los poderosos, de las clases dominantes, los militares, la Iglesia (honrosísimas excepciones de trabajos reveladores  de la otra “verdad” como Mujica, Angelelli y nuestros patagónicos De Nevares y Hesayne quienes han sido replicados por otros, no muchos, integrantes de la grey) los profesionales de carreras tradicionales, los patrones y cualquier otra figura que ejerza mandos en cualquier sector. Eso también se lo debemos a la dictadura y su nueva construcción imaginaria que allano el camino para una mayor dominación invisibilizando la realidad que desprotegía a grandes sectores en beneficios de unos pocos. Por ello cuando Menem en el 89, tras prometer salariazo y revolución productiva, se ato al Consenso de Washington y ajusto las clavijas del modelo neoliberal, condenando a la marginación a generaciones enteras (antes-durante-después) las voces que se alzaron fueron muy pocas y desde aquellos lugares  de los que nos habían enseñado a desconfiar: Madres, Abuelas, sindicalistas (no los corporativos que estuvieron y están con todos los gobiernos haciendo negocios y llenándose los bolsillos) los artistas, algunos con el pelo más corto, los actores sociales representantes de las clases más desprotegidas y ese nuevo sujeto social estigmatizado como piquetero, aunque en realidad es desocupado, excluido, explotado, violado. La maravilla del ingreso al primer mundo (solo financiero) nos devolvió mas carentes que antes con un mismo modelo pero en democracia, claro los milicos ya habían hecho el trabajo sucio para las clases dominantes, Menem uso otras armas para profundizar la brecha y provocar un cataclismo social y una nueva cosmovisión de la cual aun no podemos salir.

Pero y hoy? De verdad NUNCA MAS? Seriamos hipócritas  si no viéramos los cambios acontecidos en nuestro país desde el 2003 hacia acá; algunos motivados por el escenario internacional beneficioso tras la devaluación que devolvió “competitividad” y el boom sojero. Además el férreo mantenimiento estatal de una política económica con fuerte incidencia en dos o tres variables fundamentales favorables a la producción y al consumo (otra vez la incidencia en la demanda) y por otra parte una real visibilizacion de demandas de grupos e individuos con procesos sociales y afectivos de hecho que traían sus luchas desde varios años atrás, Madres, Abuelas, Hijos, cuestiones de género, libertad en la elección sexual, medios de comunicación, familias en riesgo(embarazadas menores, violadas, madres de 7 hijos) han tenido la chance de hacerse oír, de manifestarse, de cambiar o en parte paliar sus situaciones, siempre y cuando que esto no vaya en desmedro del régimen de acumulación( ver el caso Kraft como ejemplo más vivido) por que como advierte Gramsci “el hecho de la hegemonía presupone indudablemente que se tienen en cuenta los intereses y las tendencias de los grupos sobre los cuales se ejerce la hegemonía (las clases subalternas) que se forma un cierto equilibrio de compromiso, es decir que el grupo dirigente haga sacrificios de orden económico-corporativo, pero es también indudable que tales sacrificios y tal compromiso no pueden concernir a lo esencial ( los que dominan siguen dominando), ya que si la hegemonía es ético-política no puede dejar de ser también económica, no puede menos que estar basada en la función decisiva que el grupo dirigente ejerce en el núcleo rector de la actividad económica”. Es cierto que ha habido un fuerte retroceso en ciertos sectores rentísticos como la oligarquía terrateniente y sus grupos económicos y adherentes intelectuales. Pero también es cierto que el concierto es ejecutado por otros intereses económicos que siguen yendo en desmedro de la clase dominada. Megamineria, especulación inmobiliaria en la Patagonia, sobrefacturación en las concesiones de servicios y obras públicas, concentración de estas en unos pocos grupos empresariales amigos, híper profesionalidad de la clase política (desde el punto de vista de las remuneración recibida) política fiscal regresiva, corporativismo sindical escaso federalismo son algunas de las críticas que se pueden hacer desde este lado que no es el lado que perdió sus pingues beneficios. Por lo demás sigue habiendo en democracia y actualmente incluso por ejemplo, en mucha menor medida es cierto, persecución política, ideológica y sindical, aculturación, explotación, marginación, muertes y tragedias  provocadas por el sistema (acción u omisión) Mariano Ferreyra, un emblema, pero también la Amia, Cromañón y los accidentes ferroviarios de los últimos seis meses  y también desaparecidos por diferentes cuestiones: Julio López, Marita Verón de los mas resonantes y por aquí Natalia Ciccioli, Florencia Penacchi y últimamente Daniel Solano por nombrar casos destacados sin resolución. Detrás de todos estos casos mencionados y de los demás que, no por no ser nombrados, no ocupan esta lista hay una densa trama que forma parte de los tentáculos del sistema de dominación que obviamente está encarnado por el Estado en su rol preponderante. Por lo que hay mucho por hacer y visibilizar aun para poder hacer una verdadera transformación y dejar atrás ese mundo de la vida que nos impuso con terror la dictadura del 76 pero cuyos coletazos y efectos nocivos aun están presentes.

NUNCA MAS, un gobierno inconstitucional, NUNCA MAS muertes y desapariciones con el Estado como ejecutor, NUNCA MAS mordazas para los que quieren gritar sus verdades, NUNCA MAS, hambre para los mas y beneficios para los menos. NUNCA MAS, AHORA Y SIEMPRE,  no solo el 24 de marzo y en repudio a los militares. Todos los días un poco.

Dedicado a mi mama que cumplía 26 años aquel 24 de marzo.

Marcelo Guerrero