La Profecia autocumplida


La profecía autocumplida
Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14.
Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación.
Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:
“No sé pero he amanecido con el presentimiento que algo muy grave va a sucederle a este pueblo”.El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:
“Te apuesto un peso a que no la haces”.
Todos se ríen. El se ríe. Tira la carambola y no la hace.
Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla
Y él contesta: “es cierto pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo”.

Todos se ríen de él y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mama, o una nieta o en fin, cualquier pariente, feliz con su peso dice y comenta:
-Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.
-¿Y porqué es un tonto?
-Porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.

Y su madre le dice:
– No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.

Una pariente oye esto y va a comprar carne.
Ella le dice al carnicero:
“Deme un kilo de carne” y en el momento que la está cortando, le dice: Mejor córteme dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado”.

El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar un kilo de carne, le dice:
“mejor lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar y se están preparando y comprando cosas”.

Entonces la vieja responde: “Tengo varios hijos, mejor deme cuatro kilos…”

Se lleva los cuatro kilos y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata a otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor.

Llega el momento en que todo el mundo en el pueblo, está esperando que pase algo.
Se paralizan las actividades y de pronto a las dos de la tarde.
Alguien dice:
-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?
-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!
Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.

-Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.
-Pero a las dos de la tarde es cuando hace más calor.
-Sí, pero no tanto calor como ahora.

Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:
“Hay un pajarito en la plaza”.
Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito.
-Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.
-Sí, pero nunca a esta hora.

Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
-Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.
Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde todo el pueblo lo ve.

Hasta que todos dicen: “Si este se atreve, pues nosotros también nos vamos”.
Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo.
Se llevan las cosas, los animales, todo.

Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice: “Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa”, y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.

Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, le dice a su hijo que está a su lado:
“¿Vistes mi hijo, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?”

Gabriel Garcia Marquez

Carta de presentacion


Tecleandocambalache

Agradezco a mi familia, y a mis amigos, por apoyarme en este nuevo proyecto, hace rato que vengo escribiendo, volando alto, pero nunca me anime a mostrar lo que hacia; lejos de que esto parezca una pieza de oro rodeada de diamantes, los invito a ver lo que me apasiona, del modo en el que a mi me gusta mostrarlo. 

los comentarios van a ser bien recibidos, todo sirve para crecer, y si creen que esto es una locura o que estoy loco aqui les dejo una frase de Gabriel Garcia Marquez: 

 ”Ningun Loco Esta Loco Si Uno Se Conforma Con Sus Razones” Del amor y otros demonios, 1994.

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Motivos para ser perro


10525996_10204422621830521_5551399574218449070_nSi un día cualquiera me fastidiara de este diario martillear sobre la paciencia del público,y se me concediera el derecho de ser algo completamente distinto,y no tuviera limitaciones humanas -ni siquiera limitaciones naturales- el ejercicio de ese derecho, me dedicaria a ser ese perro gordo, rebosante de salud, que merodea por el sector comercial de la ciudad y tiene su cómodo y habitual dormitorio en el café «Japi».Nadie que tenga en su puesto los cinco sentidos se ha podido privar de un espectáculo tan envidiable, tan exquisito, como es el que ofrece ese animal tranquilo, parsimonioso, que ha hecho de la suya una vida perfecta, alejada de todo mundanal ruido, como sin duda no han logrado hacerla los innumerables y calumniados perros que en el mundo han sido. Quizá ninguna agrupación zoológica se parece tanto a la del hombre como la de los caninos domésticos. Quizá, por otra parte,sea ésa la razón que entraba a hombres y perros en una amistad proverbial, en un mutuo ejercicio de colaboración diaria. Y hasta es posible que fuera el perro quien domesticara al hombre, y no lo contrario,como se cree generalmente. Así encontramos perros vagabundos -como hombres vagabundos- que se acuestan a dormir en cualquier parte, sin preocuparse de que al día siguiente les caiga o no en la boca, como llovido del cielo, el hueso nuestro de cada día. Hay perros laboriosos, cumplidores de su deber, que ejecutan el trabajo cotidiano con una consagración de obreros responsables y asisten todas las no-ches al sindicato, donde resuelven, si las cosas están muy apretadas,organizar una manifestación callejera con elocuentes ladridos de reivindicación y públicas amenazas de morder al amo. Hay perros poetas, idealistas y románticos, perros que se dejan crecer el pelo y se pasan la noche en claro, ladrándole líricamente a la luna. Perros anarquistas que se rebelan hasta contra la bondad del agua, y salen a las calles protestando contra las instituciones vigentes, contra la organización universal, lanzando terribles aullidos de inconformidad y dejando un mordisco de muerte en cada pierna. Perros políticos hay -y en igual proporción a la de los hombres- con admirables capacidades oratorias que casi siempre ponen al servicio de una fórmula demagógica, con el objeto de convencer a sus semejantes, a ladrido herido, de que tienen derecho a vivir cómodamente durante trescientos sesenta días, porque ladraron de plaza en plaza durante cinco. Perros aboga-dos que se pasan la vida esperando a que haya una pelea, para interponerse entre los perros litigantes y dar, al fin y al cabo, el mejor mordisco. Perros proletarios de una fecundidad admirable. Perros aristócratas con collares de oro, descendientes en línea directa de Argos,el perro homérico que dio su último movimiento de cola cuando Ulises regresó a casa de Penélope, o del que mordió al patriarca Noé cuando trató de introducirlo al arca por la fuerza. Perros charlatanes, perros farsantes, perros policías. Perros exquisitos, refinados, que sólo apoyan la pata apremiante en árboles aromáticos; y perros modernos, civilizados, que sólo la apoyan en los metálicos postes del alumbrado eléctrico. Y finalmente, no sólo hay perros carnívoros, sino también -según autorizada afirmación del pintor Orlando Rivera- perros vegetarianos en Campeche, que se alimentan única y exclusivamente de maíz pilado.Pero de todos ellos, quizá el único perro filósofo es el que duerme to-do el día, a pata suelta, en el umbral del café «Japi», como durmió el otro su mediocridad versificada «en el umbral de la polvosa puerta».Posiblemente este perro ideal ni siquiera tiene el vulgar distintivo de un nombre. No tiene -como los otros hombres- preocupaciones cuotidianas, porque sabe que al despertar todo el sector comercial está en la obligación de alimentarlo. No muerde a nadie, no ladra a nadie,porque el mundo es demasiado imperfecto para que un perro se interese por sus fenómenos transitorios. Es el perro sabio, concentrado,despreciativo, indiferente, que un día se hizo cortar la cola -porque es perro sin cola- para libertarse hasta de los propios y naturales senti
mientos. Perro rabiosamente individualista, que no mueve la cola ante el regreso de nadie

G. G. Marquez

Atrapando corazones con una medialuna


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Estoy apreciando una imagen nítida que no se si es una visión o un sueño. Es muy clara y los colores son muy vivos, pero hay algo que no encaja. Lo cierto es que, como si fuera un cuadro, se puede ver a DIOS sentado sobre Saturno con una caña de pescar en la mano y usando de carnada una medialuna para poder atrapar corazones y llevarlos consigo quien sabe con que fines.

Miro hacia todos lados y confieso que siento un poco de vergüenza. Sospecho que por ahí hay alguien que se esta riendo de mi, mirándome divertido desde  algún lado. Pero la imagen es tan real y tan clara  que me sobrecoge. Ahí  esta DIOS sonriendo feliz con su pesca de corazones. De pronto gira la cabeza y me observa de arriba abajo. Es tan dulce su sonrisa y sus gestos traslucen tanta bondad que el miedo se esfuma y entonces me acerco a EL. Detrás de El hay una cesta gigante repleta de corazones. Algunos están partidos, otros están enteros. DIOS no para de sonreír.

Así como esta, apoltronado sobre el planeta, comienza a hablarme y su voz, infinitamente melodiosa, me trae una serenidad de mar en calma hasta el horizonte. Despacio  me cuenta que las noches de luna llena le va  mucho mejor con la pesca. Pero a veces el peso de la luna completa hace que se quiebre su caña y los corazones vuelvan en tropel a la tierra dejando a sus dueños entristecidos o desesperanzados. Asimismo me explica que los cuartos crecientes y menguantes no le sirven de mucho porque nadie quiere a la luna desfigurada.

Pero la mitad de la luna, me cuenta cómplice, tiene un encanto especial y sus puntas superior e inferior hacen que los corazones se cuelguen como si fueran sombreros en un sombrerero. Algunos quedan enganchados porque si, simplemente los agarra desprevenidos. Otros esperan durante años mirando hacia arriba, como esperando una dadiva, ansiosos, con los ojos brillosos; pero como  EL no descubre buenas intenciones en sus interiores no los atrapa. Me señala que, a veces, pesca de uno y otras de a muchos, aunque generalmente los pesca de a dos y en el momento menos pensado.

Le digo que me parece muy extraño todo esto. Que no se si esta bien que el ande pescando corazones y metiéndolos en una canasta. Le pido perdón por atreverme a discutir sus métodos y sin dejar de sonreír me manifiesta que solo lo hace cuando los corazones tienen buenas intenciones, sentimientos, amor y hacen el bien a los demás, EL los tiene que elevar para protegerlos y hacer un seguimiento para asegurarse de que continúen desenvolviendo su bonhomia. Y a los que están partidos los trae a la canasta para curarlos y luego devolverlos a sus cuerpos originales. Muchos regresan, otros se pierden en la negra noche de la desesperanza y el egoísmo. Al mismo tiempo, mientras están dentro de la canasta, todos conocen su reino de bondad donde la paz y el amor son duraderos y si nadie quebranta las reglas estos valores son eternos.

La  charla se hace cada vez más amena, pero sin previo aviso deja su lugar en el mullido Saturno y recién ahí veo lo inmenso que es. Levanta la caña, saca de la punta con sumo cuidado la mitad de la luna y me dice que va a revisar la canasta para ver que hay de nuevo en estos corazones frescos. Yo me quedo parado e instintivamente me toco el costado izquierdo. Siento palpitar pero es como si hubiera un hueco junto al esternon. DIOS regresa tras sus pasos y con la misma melodiosa voz me dice: “… no te preocupes por tu corazón. Esta en mi canasta. Lo pesque hace un tiempo junto a otro, cuando los dos intentaban acercarse. Pero todavía los estoy sometiendo a diferentes pruebas, algunas fáciles y otras que parecen imposibles para ver si merecen estar juntos…”

Me voy de los alrededores de Saturno caminando tranquilo como si fuera mi barrio. Vuelvo a mirar hacia todos lados para ver si anda alguien por ahí, pero un silencio invade la galaxia. Voy inseguro como siempre. Pero ahora tengo más dudas que certezas y creo que eso es bueno.

Los cinco hermanos


Los equipos de fútbol de antes tenían formaciones fáciles de recordar por que sus jugadores pasaban muchos años en el mismo club y el equipo salía de corrido para el hincha de fútbol que los domingos escuchaba la radio o iba a la cancha. Aquella defensa de Boca de Vacca, Marante, Valussi y Sosa, la maquina de River con Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Lousteau, los rojos de Lacasia, Grillo y Cecconato o el San Lorenzo de Farro, Pontoni y Martino que, en aquellas viejas trasmisiones de radio, aprendíamos de memoria a recitar de acuerdo al club del cual éramos hinchas y que después  con el tiempo se convirtió en un torneo de memoriosos para ver quien recordaba mas y mejores equipos, me acuerdo por ejemplo de mi tío Tito que llevaba en la memoria incluso equipos que no pertenecían a su época y discutía con tipos mucho mas grandes que el  y les ganaba las discusiones porque se acordaba de equipos casi inexistentes. Un bocho el tío.

Pero la formación del Club Atlético Lamarque, del pueblito rionegrino del mismo nombre, allá por la década del 50 tenia una delantera muy fácil de recordar; es que estaba integrada por los cinco hermanos Saldaño. El wing derecho era el mas chico de edad, Juan Manuel, al mismo tiempo el mas moreno, no muy alto pero de buen físico, muy potente en su carrera y en su disparo cuando estaba cerca del área; el insider derecho era Martin, el segundo en edad, flaco, desgarbado y de buen manejo de pelota, además dueño de una tranquilidad absoluta, también era el mas rubio; el centro forward era Diego, el cuarto del grupo, el mas alto, el que mejor cabeceaba pero  a su vez el que menos sabia con la pelota, pero un terrible buscapleitos que siempre tenia algún encontronazo con los rivales o con los hinchas, un tipo con un carácter bastante fuerte. El insider izquierdo era Hernán, el del medio en edad, corredor incansable y gustoso de meter pierna fuerte, un jugador con mucha personalidad. El wing izquierdo era el mayor, Gabriel, un tipo distinto que felicitaba a los rivales cuando hacían una buena jugada y que era capaz de parar la jugada si el marcador que burlaba se golpeaba muy fuerte contra el suelo. Solía tener destellos de gran habilidad pero aparecía muy pocas veces en el partido, también flaco y uno de los tres zurdos junto a Diego y Hernán. Una característica común de todos ellos era su afición por la música y la habilidad con que tocaban cuanto instrumento caía en sus manos, es mas, muchas veces los invitaban para fiestas o actos escolares para que amenicen la festividad y tanto las navidades como los años nuevos, en la casa materna, daban lugar a largas sesiones de música y baile a la cual asistía casi todo el pueblo que pagaba por el espectáculo con corderos, chivos, novillos o bebida en abundancia. Mas de una vez la parranda duraba desde una fiesta a la otra y los hermanos de turnaban para dormir de a dos durante el día y por la noche ya estaban los cinco juntos como en la delantera del Atlético Lamarque

Dentro del campo de juego, Martin, era el mas completo de todos los hermanos, siempre se destacaba por sobre el resto del equipo fuerte, habilidoso y el que mejor le pegaba a la pelota de todos; hasta tuvo algunas oportunidades de jugar en Buenos Aires en clubes como Tigre o Estudiantes deLa Platae incluso jugo unos meses en la no muy lejana Bahía Blanca, en Comercial, en aquel año 49 que jugaron un desempate con Olimpo por el primer puesto que ganaron los aurinegros dos a uno y Martin convirtió el gol del descuento; sin embargo se volvió por que extrañaba el pueblo, mas que nada a su novia, la bella Carolina Solaris.

Esta joven era la única hija de uno de los hacendados más poderosos de la región, su abuelo había venido  con la campaña militar que al mando del general Roca había tenido como objetivo eliminar a los pueblos originarios o correrlos hacia los contrafuertes de la cordillera para ganar leguas de cultivo y pastoreo. Muchos soldados se quedaron por las zonas que iban siendo ocupadas y entre ellos Cosme Solaris quien “ligo “ unas ocho leguas de campo al sur del río Negro, por fuera de la isla de Choele Choel en las que parecía que las vacas parían de tres terneros por año por la velocidad con la que se incrementaba la majada.

Carolina y Martin se conocieron en una de las tantas parrandas de navideñas en la casa de los Saldaño. Néstor, el padre de la joven, aprobó la relación casi de inmediato por cuanto temía que sus propiedades quedaran a la deriva por no estar asegurada la descendencia. Puso dos condiciones. Un año de noviazgo vigilado, casamiento y lo principal: Martin se tendría que ir a vivir al campo para ayudarlo en todas las tareas para aprender el manejo del campo. Todo fue aprobado y la pareja en solo un año ya estaba instalada en el campo. Martin puso, a su vez, como condición seguir tocando con sus hermanos y continuar jugando al fútbol por lo que todos los viernes armaba el charre y junto con su esposa se venían a pasar el fin de semana,  cuando había partido de fútbol o fiestas y el domingo por la tardecita emprendían el regreso al campo.

Es una verdadera lastima que ese equipo que integraban los hermanos Saldaño no haya sido nunca campeón en la, por entonces, joven Liga Avellaneda.

Obtuvieron algunos subcampeonatos, es cierto y buenas actuaciones enla mejor delantera del At. Bilbao de los años 50:Iriondo,Venancio,Zarra, Panizo y Gainzaotros torneos, pero nunca alcanzaron la gloria; incluso en el 52 fueron punteros casi todo el campeonato y en la ultima fecha se les escapo perdiendo en Luís Beltrán frente al  también aurinegro equipo de Rivadavia. Pero el desquite vendría en el año 54 cuando le arruinaron el tricampeonato a los beltranenses, posibilitando a su vez la conquista de Belgrano, el “albiceleste” archirival del mismo pueblo que Rivadavia, hecho que no se recuerda tanto por la definición del partido si no por el tiro libre que Martin Saldaño tardo cinco días en poder efectivizar, si una semana en la cual el partido por diferentes motivos fue siendo aplazado todos los días.

Era un 18 de diciembre de 1954 y el partido  comenzó tal cual estaba pautado a las cinco en punto de la tarde. El día era diáfano, bien típico de los últimos días de la primavera, con una temperatura que había superado seguramente los 30 grados y sin nada de viento e inusualmente se estaba jugando en esa fecha tan cercana  a las fiestas de fin de año, cuando en general los torneos iban desde abril a noviembre con un breve paréntesis en julio, por las bajas temperaturas; pero esta vez el motivo estaba plenamente justificado y tenia que ver con la enorme crecida del río Negro que imposibilitaba a los equipos de fuera de la isla de Choele Choel, tales como Sportsman, Villa Mitre, Darwin, Belisle  y Chimpay entre otros, cruzar a jugar a Luís Beltrán o Lamarque, dos de los pueblos de la isla, que albergaban a Rivadavia y  Belgrano en el primero y al Atlético en el segundo. Esta contingencia hizo que deba postergarse la definición del campeonato hasta esta fecha cercana al fin de año; pero el torneo debía terminar porque luego entre las diferentes cosechas y los trabajos culturales de la época estival los equipos no se juntaban hasta finales de marzo por lo que debía haber un campeón antes de  la llegada de 1955.

Desde el comienzo se vio que el partido no iba a ser un dechado de virtudes. Muchos jugadores nerviosos, imprecisos, pierna fuerte y pitazos varios del referí eran la característica  del juego, a lo que se sumaban los gritos de afuera de la cancha por parte de los locales , los visitantes y algunos parciales de Belgrano que se encontraban en la cancha esperando un resultado que los beneficie para poder salir campeones.

La jugada previa al tiro libre que terminaría por ser histórico no había sido gran cosa, una doble pared entre Diego y Juan Manuel Saldaño, allá por los 23 minutos del segundo tiempo y con el partido cero a cero fue cortada de cuajo cuando el menor de los Saldaño estaba a punto de ingresar al área, por la férrea pierna de Tito Lamas, uno de los defensores de Rivadavia. La patada fue tan fuerte que no solo rompió la media del delantero lamarqueño si no que le produjo un profundo corte en la tibia a Juan Manuel Saldaño. Hernán, el tercero de los Saldaño que a pesar de tener 26 años tenia muy poco pelo, lo cual le daba aspecto de ser el mayor de los hermanos, cobró venganza aplicando un certero golpe de puño en la quijada del defensor beltranense provocándole el inmediato desmayo y un tumulto generalizado que, sin embargo, solo dejo como saldo la expulsión del entreala lamarqueño devenido en púgil. Lito Lamas, el hermano mellizo y compañero de zaga del desmayado corría con un viejo cubo de madera a buscar agua en la acequia que pasaba detrás de la cancha, para tratar de reanimar al que había perdido el conocimiento. Como wing derecho de Rivadavia jugaba el recién llegado medico cordobés Pablo Lima, paradójicamente de pasado en los celestes de Belgrano pero de Córdoba, quien recomendó no moverlo hasta que no volviera en si. Al décimo baldazo de agua pareció reanimarse, pero cuando el árbitro obligo a irse a Hernán Saldaño se desato una batahola tremenda en la cual intervinieron fundamentalmente los hinchas de los dos equipos y alguno que otro de Belgrano. Cuando finalmente la policía separo a los revoltosos, llevándose incluso algunos detenidos, el partido estuvo en condiciones de reanudarse,  pero ya el sol era una bola de fuego en el Poniente pintando de naranja todo el horizonte y don Ramón Legaz, el veterano arbitro de Darwin, decidió que no se jugaran los 22 minutos restantes y la comisión de la Liga Avellaneda, cuya mayoría de miembros  estaba en la cancha, creo que solo faltaban el gringo Alesio Olivieri de Chimpay y el rusito Haag de Belisle, decidió que se jugara el tiempo restante al otro día que era  lunes. El turco Terc representante de Lamarque protestó porque bien sabia que al termino del partido Martin Saldaño se iría para el campo provocando una sensible baja en los azulgranas lamarqueños, pero el resto de la comisión  lo convenció haciéndole ver que el domingo siguiente seria Navidad, el otro Año Nuevo y después todo el mundo estaría trabajando día y noche en las cosechas. Obviamente Martin Saldaño, muy a su pesar, debió marcharse al campo tal cual lo que había convenido con su suegro.

Sin embargo el lunes 19 los lamarqueños no pudieron jugar por no tener medio de transporte.  Resulta que al regresar  el domingo de Luís Beltrán el camión Chevrolet modelo 39, con cabina verde y caja de madera roja, había dejado de funcionar y era el único medio con el cual se podían movilizar. Enterados algunos miembros de la comisión de la Liga del contratiempo decidieron enviar a un mecánico a verificar por un lado y por otro a tratar de solucionar el tema. Curiosamente, o no tanto, el elegido fue Roberto Fernández el centro forward de Rivadavia. Sin embargo la tarea fue infructuosa y el delantero beltranense debió quedarse a dormir en Lamarque para poder terminar el trabajo y tener al viejo camión en condiciones aunque sea para el otro día.

El martes 20 el inconveniente vino por el lado de la balsa que unía Choele Choel con la isla y don Pedro Legaz el árbitro del encuentro no pudo pasar. Resulta ser que un camión que traía a unas familias a una fiesta familiar de cumpleaños  se quedo sin frenos llegando a la pendiente que terminaba en la balsa.  Con la velocidad que traía corto los dos cables que servían de límites a ambos lados de la balsa y se precipito al rio en una parte profunda y con mucha correntada, además de contar ese sector, con varios remolinos. Solo dos de las 20 personas que iban en el camión pudieron salvar sus vidas  merced a sus destrezas en el nado. El resto de las personas que viajaron pereció y sus cadáveres fueron encontrados en los sucesivos días, incluso el del mayor de los accidentados, Don Ramón Molinero de 80 años, cuyo cuerpo fue encontrado quince días después enredado en unos raigones. De quien no se supo nunca más nada fue de chofer del camión Honorio Garay. Esto dio motivo a un dicho popular que se mantiene hasta nuestros días. La tragedia, en cuanto ha víctimas fatales, ha sido la mayor de la historia de la comarca Vallemediense.

El miércoles 21 la acequia que corría por la parte de atrás de la cancha se reventó  anegando parte del área contraria adonde se debía reanudar el juego con el tiro libre. Algunos vieron por el lugar al caracterizado hincha del Atlético y carnicero, el pollo Leguizamón, arreando una punta de vacas, seguro de dudosa marca y conociendo de sus pillerías algunos beltranenses elucubraban acerca de que este habría provocado el hecho para aplazar el partido. Aunque la verdad era que unos  nenes habían estado cazando renacuajos para lo cual habían hecho una especie de dique con adobes, maderas y ramas de sauces. Cuando los llamaron sus padres se marcharon corriendo y olvidaron la represa casera que termino inundando gran parte del área del arco que defendía Pocho Giuliani para los de Lamarque.

Con poquito la cancha se secaba pero el jueves 22 pasadas las once de la mañana se desato una terrible tormenta eléctrica que término de anegar la cancha, incluso, hubo que lamentar el fallecimiento de Catalina  Vidal, reconocida vecina beltranense, quien mientras se peinaba frente al espejo, fue alcanzada por una centella. A las 4 de la tarde dejo de llover pero ya era imposible jugar aquel día. Si seguía el sol con la misma intensidad, seguramente el viernes a partir de las 17 finalmente se iba  a poder jugar. Por otro lado era la última chance. Para los lamarqueños era un alivio porque precisamente en la mañana  del viernes Martin Saldaño llegaría del campo e iba  a estar en condiciones de jugar.

Como lo hacía cada vez que llegaba del campo sus pasos se dirigían hacia el Bar-Tito, donde lo esperaban sus hermanos tocando la guitarra y cantando mientras se tomaban algún vinito servido por el mítico Rodolfo González. Recién al llegar Martin se anoticio de lo ajetreado de la semana y de las sucesivas suspensiones, tuvo tiempo de lamentarse por las muertes de la balsa donde habían varios conocidos suyos y también con lo ocurrido con Catalina quien era prima de una antigua novia de Hernán el del medio de la hermandad, y se  sonrió ante lo sucedido con la acequia dando credibilidad  a lo que se decía del Pollo. Y así mientras Diego preparaba el asado cantaron todo el repertorio mientras se iban sumando los otros jugadores, curiosos, vecinos e hinchas.

A las 3 de la tarde partió el camión rumbo a Luis Beltrán en un viaje tranquilo con alguna que otra sacudida por los barquinazos del vehículo en algunos charcos dejados por la lluvia reciente. Llegaron a la cancha y como era costumbre se fueron a cambiar detrás de un tamarisco entre las bromas de Juan Manuel, el menor de los Saldaño, quien le ponía sobrenombres nuevos a todos cada vez que jugaban. A las 5 menos cinco entraron a la cancha. Gabriel saludaba a todos cortésmente, Juan Manuel seguía con las burlas, Diego provocaba y amenazaba a los rivales y Martin sonreía mientras esperaba que se acomoden todos; Hernán desde el camión gritaba con palabras de aliento. De todas maneras tampoco fue tan fácil ejecutar el tiro libre. Los hermanos querían que también fuera expulsado Lamas para que el partido sea parejo y que haya igualdad y justicia. Luego vino la discusión por el lugar de la ejecución, Don Pedro Legaz no acertaba recordar el lugar de la ejecución y ambos bandos trataban de sacar ventaja respecto del punto de  disparo.

Cuando finalmente se pudo ejecutar, después de cinco días de espera y pese a toda la expectativa generada, la pelota, ejecutada de zurda por Martin Saldaño tras 4 pasos de carrera, paso sin pena ni gloria a varios metros del palo izquierdo del arco que defendía  “Joselito” Llorente, el único de la familia que jugaba para Rivadavia pues los otros integrantes de la tradicional familia beltranense eran todos jugadores de Belgrano.

Desde que se volvió a poner en juego la pelota con un saque de arco tras el fallido tiro libre,  se jugaron tan solo 15 minutos en medio de un concierto de patadas por parte de los 21 jugadores que quedaron, ante la pasiva mirada de Don Legaz que quería que todo aquello terminara rápidamente y con el menor problema posible. Los de Rivadavia comenzaban a festejar el titulo mofándose de sus eternos rivales de Belgrano que también habían concurrido a la cancha, puesto que con el empate eran los campeones y además concluían con una racha de dos campeonatos seguidos de su rival. Pero en el minuto final Diego Saldaño conecto con el parietal derecho un preciso centro que envió su hermano Gabriel y la pelota se coló junto al palo derecho del arquero sin muchos aspavientos ni ceremonias, aunque en definitiva con el enorme sabor de gol de revancha para Lamarque, gol de campeonato para Belgrano y gol de desazón para Rivadavia.

Sacaron del medio y terminó el partido; la gente de Belgrano inicio la caravana del festejo hacia la sede de calle Vicente López y Planes, en pleno centro de Beltrán, haciendo explotar unos preparados con pólvora que les había entregado don Manuel Guerrero quien por aquellos años estaba a cargo de la construcción de los canales de riego de la región por lo que la pólvora era uno de sus elementos de trabajo.

Los de Rivadavia no entendían nada, los de Lamarque festejaban, la gente se retiraba de a poco, los jugadores también, pero dentro de la cancha un episodio conocido se repetía; Tito Lamas yacía en el piso desmayado y su hermano mellizo Lito corría con el cubo de madera; esta vez el golpe  se lo había propinado el lastimado Juan Manuel que jugo casi en una pierna. Este duelo iba tener sucesivos episodios marcado por la violencia pero eso ya es otra historia.

Tenemos un arquero que es una maravilla


Martin Haroldo se ve más flaco y más petiso que nunca bajo los tres palos. Pero sus músculos y sus tendones nudosos se oyen borboritar debajo de la camiseta amarilla y el pantalón corto blanco. A solo doce pasos de el una mole de piel cetrina con los brazos en jarra, lo espera, a punto de ajusticiarlo de tiro penal por un delito que cometió otro pero el como arquero debe pagar.

A simple vista es un mano a mano con el negro Constante, la mole en cuestión, numero 10 de Darwin con antecedentes de haber jugado a otro nivel; pero en verdad ninguno puede abstraerse del marco porque detrás del arco,  uno de esos que tenían los postes cuadrados, pisando firme el tercer o cuarto hilo del alambrado campero que bordea del campo de juego o aferrados, como a una novia reciente y deseada, a los postes que mantienen los 5 hilos del tendido, se escucha el ronroneo de leona en celo de unas trescientas personas que se apretujan como esperando un maná que no termina de llegar.

Es que el hecho, la infracción a cobrar, puede convertir a la fecha en epifanía, en efeméride o en réquiem para un arquero en este día donde el Atlético Lamarque, cuya valla defiende Martin Haroldo, puede coronarse por primera vez en toda su vida institucional  como campeón dela Ligade fútbol Avellaneda, en el Valle Medio de Río Negro y el puente que los separa de ese paraíso terrenal se recorre en tan solo 4 minutos que quedan de tiempo reglamentario para que el partido finalice, y aunque el resultado parcial sea de uno a cero, golazo del mas chico de los Sempé,  y aunque enfrente este el poderoso equipo multicampeón  darwinense , que con el empate retiene el titulo, el sueño es mas largo y mas ancho que el río que corre a mil metros de la polvorienta cancha.

Pero también y hay que ser sinceros en esto, hay que reparar en la endeble situación, mas allá del penal, en la que se encuentra el arquero, ante los ojos de su propio equipo de la hinchada y de todo el pueblo que ya no soporta las locuras del guardametas, que le han ido podando puntos al equipo que en este final apretadísimo se sienten y mucho.

Martín Haroldo, mientras camina como una fiera enjaulada de un palo al otro, ora mirando la pelota ora mirando el piso, medita un instante sobre esta encrucijada a todo  o nada, que será de su suerte;  el día lunes ¿estará en su casa bajo el verde frescor que le regalan los aromos del patio o esperara con tenacidad de detective bien pago , que su padre, el turco Elías Haroldo se duerma en la impávida siesta lamarqueña para poder manotearle unos pesos de la caja registradora del almacén de ramos generales?

Si sucede la segunda opción ira a jugar al billar con sus compañeros de equipo e invitara la copa, se comprara una cajetilla de Commander y quizas pueda ir al cine al salón del Bar-Tito. Parece mentira pero sus pensamientos no tienen nada que ver ni con el penal ni con el titulo ni con el enorme Negro Constante. Piensa también que quizas mañana le toque manejar el viejo y lustroso Ford T para llevar a alguna de sus 5 hermanas hasta el cementerio para llevarle unas flores a la “mama”  que se marcho para siempre unos diez años atrás, pero que vuelve todas las noches hasta su cama para recordarle que era su todo; ay si pudiera con alguna de sus voladas circenses llegar hasta donde ella…

Martin Haroldo carraspea y se suena la nariz con tres dedos en un gesto que ya es como su marca registrada, vuelve al domingo que puede ser de fiesta, trata de intuir algo en la mirada algo extraviada y torva del negro Constante, algo que delate hacia donde va disparar el cañón de su pierna derecha, ese arma letal que paseo por Lanús e Independiente de Avellaneda en primera división y con el que ahora esta a tiro de darle el empate a Darwin  y con ello el quinto titulo consecutivo

Que vivos, todos los domingos en el tren que llega desde Bahía Blanca a las 9 de la mañana, con el Rulo Carrera de maquinista,  que además juega de back central y juega fantástico el Rulo, se vienen jugadores dela Ligadel Sur, porque allá algunos partidos se juegan los sábados, y cada nene ¡mama mía!, Uriarte, Paz, De Pietri, Victorica y que se  yo cuantos mas, que se suman a algunos muchachos del pueblo que juegan bien y el negro Constante que patea como una mula aunque ahora tenga 35 años, quince mas que cuando hacia diabluras en el rojo de Avellaneda.

Martin Haroldo le dice al árbitro que la pelota esta muy cerca, quiere ganar un poco de tiempo, como si fuera un condenado a muerte. El es así, le gusta estirar las cosas, hacerse rogar. Que por una puta vez todos los ojos y la atención se posen sobre el.

Como la ultima vez que fuimos a jugar  a Beltrán contra Rivadavia y tuvimos que pasar a buscarlo por su casa en el camión de don Atilio, que era el transporte oficial del equipo, cuerpo técnico e hinchada, porque el no se apareció por el club. Si hasta tuvimos que cantarle eso de “tenemos un arquero que es una maravilla, se ataja los penales sentado en una silla” mientras el botaba una pequeña pelota de goma contra la pared del galponcito ubicado en el patio de su casa, haciendo mil cabriolas para evitar q la pelota pasara entre los dos aromos grandes del patio que hacían las veces de improvisado arco.

Martin Haroldo discute con el arbitro porque este se niega a contar los pasos de nuevo. Según el arquero se comió dos pasos. El negro Constante se ríe con una carcajada franca: “estas nervioso pibe” le dice. Pero en realidad el “loco” Haroldo como lo conocen todos, esta siempre nervioso; todo en el es puro nervio. Su manera de andar chaplinesca, aunque en cámara súper ligera, el eterno cigarrillo del lado derecho de la boca, siempre apagado, que el va mordiendo de a poco, el castañeteo de dientes que lo acompaña desde que supo que la “mama” se moría y unas cuantas morisquetas y posturas de mimo sin maquillaje. Aparte de que por las noches no duerme bien, o lo que es peor: ni siquiera duerme. Se lo pasa en vela, como un fantasma silencioso que teme asustar a alguien. Mi viejo lo sabe muy bien porque, a veces, para tenerlo seguro en el equipo del domingo, los sábados se lo lleva a escuchar por radio las peleas del Luna y después se queda en casa; y el “loco” lo despierta en la madrugada “chueco, haceme un tilo que no puedo dormir” le dice.

Martin Haroldo vuelve caminando despacio hacia el arco mira el cielo y para sus adentros eleva una plegaria “ mama sáqueme de acá”; es que la terrible responsabilidad que esta por asumir le quema las sienes, el no esta acostumbrado a asumir ninguna responsabilidad, no quiere estar ahí, de hecho hoy no iba a venir a jugar el partido pero Julio, su cuñado, lo paso a buscar y a punta de pistola lo subió en su auto nuevo y se lo trajo para la cancha, mas allá de que el “loco” vive a una cuadra y media, don Julio quería cerciorarse de que llegara porque el año pasado y en las mismas circunstancias se escondió tan bien que nadie pudo hallarlo, ni siquiera su hermana Inés que le conoce todos los escondites y allá en Darwin tuvo que atajar un muchacho que había ido con la hinchada y se comió cinco.

Martin Haroldo esta otra vez en el arco. Vuelve a limpiarse la nariz con tres dedos de la mano derecha y le da unos golpecitos con el taco a uno de los postes cuadrados; el Negro Constante, ansioso, le hace gestos ampulosos al árbitro para que apure la ejecución. Los hinchas locales se enojan por los gestos del Negro pero nadie se atreve a gritarle nada. Una vez no hace mucho, en la cancha de Sportsman  de Choele Choel , la única con alambrado olímpico un tipo de entre el publico le grito “ quebrá la cintura  chancha negra” y Constante salio como una fiera, trepo por el alambrado y cayo en medio de la hinchada de Sportsman y cuando identifico al que le grito, bah en realidad todos se corrieron y lo dejaron solo, le dio una trompada terrible que le costo tres dientes al fulano mientras le espetaba “  a mi nadie me dice chancha”, volvió a la cancha como si nada hubiese pasado y hasta creo que metió un gol. Desde entonces nadie le grita nada.

Martin Haroldo se agazapa y repiquetea suavemente en el lugar. Ahora ya van 3 minutos desde que “Maíto” Guerrero bajo en forma desesperada a De Pietri dentro del área para evitar que el rubio definiera con su habitual y exquisita calidad. El arbitro ni lo dudo y cobró la pena máxima. Son tres minutos nada más pero para la hinchada ha pasado mucho mas, casi los 49 años que tiene de vida el club fundado en octubre de 1918. Grandes jugadores de la zona se pusieron la camiseta azul y roja a rayas, los Varela, “Facho” López, Héctor Sánchez, los Saldaño, “Tico” Cornejo, Lucas Martínez… todos de primerísimo nivel pero que no pudieron darle un campeonato al pueblito, ese ansiado titulo que es como una mujer requerida por todos que pasa por la vereda de enfrente y que coquetea con todos pero nunca satisface a ninguno y encima ahora cuando faltaban solo cuatro minutos para el definitivo encuentro con esos labios esquivos nos vienen a cobrar un penal y todos pasamos a depender del arquero piantado.

Martin Haroldo escucha el silbatazo del árbitro Medina en un estado de trance, en una somnolencia tal que le cala los huesos y los transforma en un espectro diurno secándose al sol. Ve llegar hasta la pelota como en sueños al Negro Constante, escucha el trote pesado de animal veterano, ve la mirada, ahora brillante, golosa, clavada en la pelota, ve la pierna derecha que se encoje hacia atrás preparando el furibundo remate, se coloca en puntas de pie y espera con todos los sentidos alertas, con la nariz dilatada por los nervios y la mente en blanco para no recordar que el Negro le pateo tres penales, todos a diferentes ángulos y le embocó los tres. Es que la estadística no ayuda muchos a los arqueros pero el no lo sabe; ataja por intuición pero jamás mira a otros arqueros ni escucha las charlas del técnico o de los jugadores con mas experiencia,  solo se dedica a evitar que la pelota pase debajo de la portería como cuando evita que la pelota de goma viboree entre en medio de los aromos del patio de la casa paterna.

Llega el disparo; Martin Haroldo adivina la intención del pateador y se arroja elásticamente hacia su derecha y atrapa el balón, que pretendía meterse contra el palo derecho, rodando como un trompo. El orgasmo es generalizado, nos abrazamos todos con todos, gritamos sin emitir palabra, no importa que se haya cortado el tercer hilo del alambrado y algunos hayan caído dentro de la cancha y otros se hayan lastimado las piernas, muchos lloran, otros se besan, beben, escupen, sonríen, todo al mismo tiempo y en un solo segundo que pasa entre la jugada y la reacción son dos grandes noticias el “loco “ le atajo un penal al Negro Constante y Lamarque esta a punto de salir campeón. Es carnaval, son mesas largas de bebidas y comidas que se preparan, es una caravana larga por todo el pueblo que esta por arrancar. Todo en un abrir y cerrar de ojos, pero…

Martin Haroldo nunca dejara de tener el mote de loco mientras viva. Desde que se escapaba del aula en primero inferior y se subía a lo mas alto de la planta de moras del patio dela Escuela25; la cantidad de anécdotas sobre sus locuras se multiplican hasta el infinito, algunas casi increíbles, otras graciosas, algunas patéticas, pero esta que acaba de cometer es la peor de todas porque involucra a todo un pueblo. Tras detener el penal vuelve al centro del arco, mira al Negro Constante que aun permanece estupefacto otra vez con las manos en jarra en el punto penal, paralizado igual que el resto de los jugadores de ambos bandos como no pudiendo creer lo que ha pasado, cuando de repente escucha la voz casi histérica del arquero lamarqueño que le grita “pateá de nuevo chancha” al mismo tiempo que le arroja la pelota a ras del piso.

Creímos que el mundo se acababa, algunos se desmayaron, otros comenzaron a insultar, algunos quisieron entrar a la cancha, don Julio se toco la cintura para asegurarse que el 38 este en el lugar, muchos creyeron que era broma, ningún jugador atino a nada, ni local ni visitante tampoco el arbitro. Encapsulados en una burbuja gigante el arquero trastornado y el delantero experto, nuestra versión de David y Goliat, con la pelota de tiento avanzando de a diez centímetros por hora. El Negro despierta, parece volver en si, da dos pasos y alcanza la pelota, el loco Haroldo ahora esta de pie, inerme, a punto de ser fusilados por delante y por detrás. Por el  eximio pateador rival y por la hinchada azulgrana. Ya se encuentran delantero y balón, nada se sabe de la mente del Negro en esa mezcla de rabia por el insulto y de oportunidad de resarcirse del penal atajado. Patea mucho mas violentamente esta vez, casi sin mirar, sin poner el cuidado de otras veces obnubilado por una mezcla de sensaciones encontradas, pero esta vez toma la pelota demasiado abajo y aunque esta tan solo a ocho metros de la valla, saca un bombazo que pasa a casi un metro del arco cruza todo el Boulevard Sarmiento y cae en la vereda del bar de doña Pepa que ya tiene algunas mesas ocupadas con parroquianos habituales.

Ahora si el festejo desenfrenado se desata en una orgía de brazos entrelazados, caras de carnaval, alaridos de viejo malón quizas de aquel Namuncurá que vivio por estos pagos. El Negro Constante esta de rodillas, con las manos en la cabeza, sosteniéndola para que no se caiga en la polvorienta cancha, balbucea tímidamente “el pibe me dijo chancha, el pibe me dijo chancha” Carrera y Uriarte tratan de sacarlo de ahí pero no pueden, tampoco el arbitro, que quiere terminar el partido lo antes posible, ni los hermanos Álvarez, delanteros del equipo local que lo conocen de los bailes y las carreras de caballos. Fuera de la cancha ya destapan botellas de vino, de cerveza, que tenían envueltas en arpillera, dentro de un tanque de200 litrosen el camión de don Atilio y hasta alguna que otra caña de durazno.

Martin Haroldo tiene un Commander en la boca, apagado, y se pasea nervioso por el área chica. Ni si quiera sabe lo que hizo ni por que lo hizo ni lo que ha terminado significando. Su cabeza vuela, su mente ya salio de la cancha, paso por su casa, le robó unos pesos a su padre y le compro todas las flores a doña Elena , ahí cerca de su casa frente a la plaza Santa Genoveva y ahora va siempre flotando en busca de su madre, para soltárselas de a una y una lagrima.

Ella me tiro un caño Señor Juez


Yo no soy un golpeador de mujeres señor juez, soy una persona común y silvestre, en el barrio todos saben quien es Martin Castro señor. ¿Como voy a golpear a una mujer señor? Si vengo  de una de ellas, y no importa que mi mujer me haya dejado porque eso no cuenta, yo nunca le toque un pelo, ella se fue porque le gustó mas otro hombre pero yo nunca le toque un pelo, lo juro por el recuerdo de  mi santa madre ¿como me van a decir golpeador? esa señora la asistente social que, yo no me meto pero, su propio marido la engañaba mientras ella estaba en el trabajo y encima después la golpeaba, hasta que se robo la plata de la cooperadora del Jardín y se tuvo que ir, una lastima porque era el nueve que le hacia falta al equipo, todavía me acuerdo el gol que le metió  a La Tablada en el ultimo torneo cuando ya se terminaba y en la cancha de ellos, se armo terrible lío si, uno de los Olmos me erró un botellazo que si me pega me mata, pero yo no le he pegado jamás a nadie y menos a una mujer, ay mi madre si estuviera mi madre; si yo le hubiese hecho caso no estaría sentado hoy acá en este banquillo. Ella quería que yo fuera alguien, que estudiara, que no fuera como mi papa que se la pasaba tomando y jugando a la pelota; dicen los que lo vieron que era un cinco espectacular, de esos que quitan y distribuyen, dicen que se quedo porque embarazo a mi mama y mi abuelo materno le dijo que si se iba le pegaba un tiro en cada rodilla, para que viva pero no pueda jugar mas al fútbol; si señor mi mama quería que yo estudiara y yo nada.

Me escapaba y me iba  a jugar al campito de Agua y Energia, ahí donde teníamos el equipo  de “El Martillo” en honor al zapatero Salazar, un chileno bueno que nos compraba gaseosas y  mortadela y pan, cuando jugábamos algún que otro sábado contra los Noriega que tenían un equipo terrible y los dirigía su mama, doña María que sabia un pedazo de fútbol, o jugábamos contra el hospital donde estaban los Flores y los Huincal que la descosían. Yo me la pasaba ahí en el campito señor Juez, con el Zurdo, el Pelado, el Bocha, el Gordo que atajaba y era re ágil y a veces venía a entrenarnos “Cachirula” que jugaba en primera y había estado en Buenos Aires en una prueba; yo quería ser como Randazzo, como Mastrángelo, como Feldman, quería gambetear a Passarella, meterle goles a Fillol. Pero ella no. Ella soñaba con  que yo fuera Favaloro, que fuera medico cirujano y salvara vidas que los operara del corazón así no se moría tanta gente como su mama y su abuela, que habían muerto así, pobrecita ella también murió así, disculpe las lagrimas señor Juez, pero yo nada no le hacia caso, era una obsesión la pelota. Cuando se hacia de noche y el barrio quedaba por completo a oscuras, solo con la luz esa de la esquina de doña Martina con ese viejo porta lámparas que simulaba el sombrero de un chino, cuando ya los ladrillos que habíamos usado de arco estaban molidos por el paso de los autos en esa misma esquina yo seguía con la pelota bajo el brazo. Después me encerraba en mi cuarto, después de haber tomado la consabida sopa y algún bife o milanesa u otras veces ropa vieja cuando sobraba puchero, yo mismo a veces dejaba un poco para que mi mama hiciera ropa vieja, que rica le salía por Dios, todavía siento el gusto de la sal , la cebolla y el huevo bañando la carne de cuadril, me encerraba en el cuarto y recortaba papeles y les ponía nombres de jugadores, armaba dos arcos chiquitos y con un bollito de papeles hacia una pelota y jugaba partidos interminables llenos de goles que yo mismo  relataba imitando a Muñoz o a Víctor Hugo. Siempre ganaba Boca por varios goles; y una vez para el mundial vinieron en el diario todas las fotos de los jugadores de la selección Argentina y yo las recorte y les pegue con plasticola unos cartoncitos detrás y me arme unos equipos fabulosos contra otros cartoncitos en blanco donde ponía el nombre de jugadores extranjeros, claro porque yo me sabia de memoria todos los jugadores de todas las selecciones que jugaban los mundiales, que lindos recuerdos los mundiales, yo no sabia señor Juez que los milicos andaban matando a la pobre gente, no se si esta bien que lo diga acá pero mataron un montón de argentinos y nosotros sin saber nada acá en el medio de la nada; que lindos los partidos con los cartoncitos y los papelitos en el piso gris de cemento alisado de mi pieza, ahí dónde Maradona era la gran estrella y metía goles mejores que el que le hizo a los ingleses.

Yo quería ser futbolista señor, pero mi mama murió y tuve que salir a vender diarios para poder subsistir. No sabe lo que llore y lo que me costo acostúmbrame a que ya no iban a estar mas sus guisos, ni sus estofados, ni la ropa vieja ni la ropa planchada. Pobrecita murió del corazón y yo que ni cerca estaba de ser Favaloro. Me hice canillita a la fuerza, no me quedaba ninguna otra opción, el sueño de Martin Castro figura del fútbol nacional en letras grandes en la revista El Grafico se termino para siempre, al contrario me tenia que levantar todos los días a las 5 de la  mañana ir a la distribuidora a buscar los diarios y a las 6 empezar a recorrer las calles de ripio en invierno y verano repartiendo el diario Río Negro, salvo tres días al año. Navidad, año nuevo y el día del trabajo, antes tampoco trabajábamos los viernes santos, pero seguro el dueño debe ser ateo, la verdad que  no lo se porque hoy en día es muy difícil conocer a los patrones. Ellos mandan de lejos nomás, como Bochini que gambeteaba los jugadores10 metrosantes de enfrentarlos.

Si si esta bien me fui de tema disculpe, es que es importante para el relato porque yo no pude ser futbolista, nada mas un picadito los sábados en el barrio y a veces jugar para El Fortín en la liga Independiente, pero es que los domingos generalmente trabajo en la casa del cura que siempre hay algo para hacer y además me invita a comer después y también cuando se puede miramos los partidos en la tele, el es fanático de San Lorenzo, no se porque pero me parece que todos los curas son de San Lorenzo.

Y bueno ahí en el barrio casi no hay buenos jugadores, porque se perdió el potrero y las canchas con arcos de ladrillo de la esquina de doña Martina, que tampoco esta con vida, el zapatero también murió y en la canchita de Agua y Energia hicieron casas para unas profesoras que se vinieron a vivir acá cuando abrió el secundario. Entonces jugamos en un baldío de la casa de don Roman, un viejito bueno del barrio que es de Boca como yo y que siempre nos deja  jugar aunque algún pelotazo mal dirigido le rompa alguna rama de los durazneros o ciruelos o incluso le rompa alguno de esos sifones pico verde que guarda como reliquia al lado de un viejo motorcito que le sirve para extraer agua.

Pero yendo al tema especifico yo no le pegue a la Mara por su condición de mujer ni nada por el estilo, si apenas la conozco, a veces nos saludamos pero no siempre y una vez se volvió del baile conmigo porque ella también se vuelve temprano pero vinimos hablando de fútbol nada mas, ni siquiera nos quedamos charlando en la vereda que ya no tiene los dos árboles adelante que usábamos con su hermano Jorge como arco en largas jornadas de penales, cuando los otros pibes del barrio no estaban o a veces cuando éramos los únicos que nos levantábamos temprano en la cuadra. Pero no fue una cuestión de genero señor Juez, lo que pasa es que ella juega lindo y te marea mucho, para mi juega mejor que Jorge, el hermano, a veces nos enfrentábamos porque íbamos a escuelas diferentes y me tocaba marcarlo y  nunca me pudo pasar, perola Maraes diferente, juega con las dos piernas, se arquea como una vara de mimbre y tiene un quiebre de cintura que ¡mamita mía! además se frena en toda la carrera y cambia de dirección como si nada, es muy completa si hasta la para de pecho y remata de cabeza con fuerza y sin que se le mueva la gorra negra que usa sobre su cabellera rubia. Ahora que se esta difundiendo el fútbol femenino podría irse a probar suerte. Lastima que sea hincha de River.

Pero yo no le pegue por ser mujer, pero resulta que nos estaba dando un baile bárbaro y  ¿a quien le gusta que lo bailen doctor? Póngase en mi lugar ¿usted no jugo nunca a la pelota maestro? O si no ponga en mi lugar a Hrabina, Mc Allister, Pernía o este que trajo Boca hace poco Bermúdez creo que es colombiano o venezolano, y que le hubieran hecho un enganche como el que me hizola Mara¿sabe que hubieran hecho? Se hubieran tirado a los pies llevando pierna pelota y pasto si preocuparse si  era Caniggia, Francescoli, Saviola o la mismísima Mara; y lo que paso después, fue otra cosa señor Juez, porque ella, que se ha aguantado peores patadas, porque yo la he visto con las piernitas flacas esas que tiene llena de machucones y a veces con algún hilito de sangre, ella Doctor se me paro enfrente con gesto desafiante y yo reaccioné como Zandoná con Edmundo, como Graciani  con Serrizuela, la faje, si es verdad, pero usted analice lo siguiente ¿para que se pone los cortos y entra a una cancha señor? Ese acto la convierte en unisex  Señor, es uno mas de nosotros, en la cancha las únicas diferencias son futbolísticas pero ahí no hay razas, ni edades ni religiones y tampoco hay cuestiones de genero. El zapatero Salazar nos enseño eso, que en la cancha siempre éramos once contra once, no importaba si los otros tenían botines y nosotros zapatillas  si ellos tenian camisetas y pantalones cortos y nosotros usábamos lo que teníamos en casa no importaba siempre éramos once contra once y la diferencia solo la hacia el que jugaba mejor, entonces para mi no era una mujer, era un futbolista como yo, mas hábil si pero yo podía impedir su juego vistoso con tenacidad y sacrificio; lo otro, bueno, fue otra cosa, entiendo lo que dice la ley Doctor  pero no me mande a la B, fue un hecho aislado yo le pedí perdón pero igual no se como se entero la asistente social esa y me denuncio, quizas porque nunca  se atrevió a denunciar al marido que como le conté la engañaba y además la fajaba pero viera en que forma. No me condene Doctor por favor, no me corte las piernas como paso con el Diego ¿no puede usar como atenuante que ella hacia un ratito nada mas me había hecho un caño de ida y vuelta?

Cuerpos pintados de mujeres en el futbol