Cuidemos nuestro ambiente (entero)


Por estos días calientes del verano 2012 el agua, que desde siempre ha corrido
libremente por la piel de la tierra, fertilizando la vida y convirtiendo a los territorios, sean las llanuras, las montañas, mesetas y cuencas, en reserva interminable para que los sentidos existencia les de los ecosistemas naturales y la diversidad infinita y enriquecedora de las culturas, re-existan, y para que el canto a la vida siga siendo el latido nutricio del planeta, ha sido aprisionada por el pensamiento de la racionalidad instrumental para que el productivismo que genera, la convierta en barro contaminado.
Ocurre, y no tan repentinamente, que por las regiones del Paraná, el río ha descendido descontroladamente su caudal en su ciclo de creciente. Este hecho coincide con la lucha por las aguas vida en contra de la instalación de las megamineras, marcando estas tensiones los crujidos de un conflicto en cuyo fondo se encuentra la crisis ambiental. Ahí, en ese rincón de la crisis, se aloja el Pensamiento Único, pensamiento totalitario, como el pensamiento científico de la Modernidad Insustentable “que objetivó a la naturaleza y cosificó al mundo”1. Afirmamos que la Modernidad se autoimpuso una misión salvífica y se autoinstituyó como referencia de lo político, lo social, lo cultural, configurando al unísono a los sistemas educativos y científicos y dándole un único sentido a la propia cotidianeidad, naturalizando, de un modo claustrofóbico, la metafísica de un conocimiento universal, totalizador, totalitario y negador de las diferencias.
Las aguas han sido repensadas por el capital instrumental depredador y la ciencia sin conciencia como un banal mecanismo cuya finalidad solo consiste en generar rápidos beneficios, acelerando vertiginosamente la producción agraria mediante la biotecnologización fundada en el anegamiento de la vida con océanos de agrotóxicos, y la explosiva producción minera a cielo abierto, que cierra los caminos de la vida y los cauces del agua con una racionalidad fáustica y deserotizada, dejaron a la naturaleza montañosa con la mera compañía del vacío del ser. Esta perversión arropada con el titulejo de Progreso, Desarrollo, Crecimiento para generar riqueza y eliminar la pobreza y la desigualdad, descuartizó la relación de los

ecosistemas, rompió el tejido articulador de los territorios y quebrantó el sentido de la naturaleza desnaturalizando al ser.
Durante un recital histórico de Calle 13, René arengó contra la “Minería Contaminante”:
http://www.diariouno.com.ar/vendimiatmp/Calle-13-arengo-contra-la-mineria–contaminante-en-un-recital-historico–20120205-0069.html
Compartimos con los lectores, un videoclip de la canción “Vamo a portarnos mal” que alude a la lucha contra la minería contaminante y que Calle 13 interpretara hace unos días en el festival de Vitivinicultura en Luján de Cuyo:

La vida ha quedado aprisionada en el frío obsceno del Pensamiento único, corazón impiadoso de occidente, que se realiza bajo el imperio de teorías productivistas que imponen barreras descomunales para que otras voces puedan ser escuchadas, de modo tal que la voz del amo cientificista bajo los dictados de la ley de mercado, impidan que el agua y otros saberes tengan derecho a ser, desmoronando el proyecto existencial de la diversidad y construyendo diques inmensos para sepultar las racionalidades diferentes, las racionalidades ambientales opuestas a la devastación engendrada en el útero de la Racionalidad Instrumental que habrá de tornar árida la vida tanto en las cuencas donde se cultiva el monocultivo de la soja transgénica, o en la cordillera donde la minería a cielo abierto arrasa montañas, cursos de agua y glaciares.
Frente al atropello al que son sometidas poblaciones que luchan por la conservación de la plataforma de la vida con el agua como sustento irreemplazable del ser, reprimidas hoy, desde la acción directa y desde la detestable humillación simbólica; nosotros nos paramos desde la Ética de la Sustentabilidad, y le decimos a esas voces del poder empresarial y político, que será la conservación de la diversidad la que impida el holocausto, mientras se conjugue el ethos de las diversas culturas. Esta ética alimenta una política de la diferencia, decimos en el Manifiesto por la Vida. Es una ética radical porque va a la raíz de la Crisis Ambiental para mover los cimientos filosóficos, culturales, políticos y sociales de esta civilización hegemónica, homogeneizante, jerárquica, despilfarradora, sojuzgadora y excluyente. Justamente todos atributos contaminados por el productivismo más cerril y que fuera cacareado por gobernadores y empresarios mineros. Poseen la lengua veloz para desprestigiar, descalificar, acusar y poner a los defensores del ambiente en el lugar de embajadores al servicio de la pobreza, la exclusión, mediante la práctica de engendros totalitarios. Ya es conocido el método del Poder para impedir que sus ganancias infames y devastadoras puedan ser perturbadas, menoscabadas y debilitadas. Debemos recordar que en 1939 se creó por primera vez en laboratorio una sustancia química sintética que fue usada tanto en tiempo de guerras, como en la producción agraria para aumentar los rendimientos y combatir las plagas. A su inventor se le otorgó el Premio Nobel de Medicina, y en su entrega, se lo glorificó como el salvador de la humanidad porque ese producto desterraría la enfermedad y el hambre. Una mujer, bióloga, comenzó a observar al poco tiempo que las voces de la vida se silenciaban. Investigó, y denunció que ese producto era perjudicial para la vida, intentó publicar sus investigaciones, era la década del cincuenta. La descalificaron, quedó separada de la academia, era insultada desde los medios de comunicación y desde las patronales agrarias del centro de los EEUU. El Poder personalizado, entonces en John F. Kennedy, la ignoró. Pero, obstinadamente, en contra de la inmensidad del Poder, siguió investigando y demostró la toxicidad de ese producto fatal para la vida y escribió uno de los más bellos libros de ciencia, “La Primavera Silenciosa”. El inventor del Producto, Peter Müller, Premio Nobel de Medicina 1948, un cínico despiadado, siempre ignoró estas denuncias. La Bióloga, Rachel Carson, murió de cáncer en 1962. El producto que iba a salvar a la humanidad y que generó la humillación, exclusión, amenazas violentas contra esta valiente mujer, el DDT, fue prohibido en 1975. Era hijo de la ciencia mecanicista de la Modernidad Insustentable y produjo ganancias inmensas en sintonía con la lógica del mercado. No curó, por el contrario, generó más enfermedades. No eliminó el hambre, lo aumentó, pues muchas regiones se desertificaron. Por eso, le decimos al poder que ignora y humilla a los que luchan contra las megamineras, que las amenazas y descalificaciones no son nuevas para los que defienden el ambiente. Una vez más, aparece, en su esplendor, la cultura xenófoba, individualista, conservadora y capitalista arrasadora que es la fe de los grupos de poder norteamericanos. En este sentido, resulta ilustrativo el video realizado por Michael Moore, Breve Historia de los Estados Unidos de América:

Parecida a la patética admonición de Gioja, gobernador sanjuanino, tildando de nazi a todos los opositores a la megaminería, es la caricatura del personaje de la última película del genial Clint Eastwood, “J. Edgar” que etiquetaba de comunistas a todos quienes se opusieran al modo de vivir yanqui fundado en la doble moral: ese sentido conservador religioso, individualista, sobreexplotador de los obreros y al servicio del capital. Desde ese punto de vista, Rachel Carson, era nazi. Chico Mendes, primer mártir del ambientalismo latinoamericano, que luchaba contra los latifundistas que arrasaban la selva, y fue asesinado por uno de estos patrones, era nazi. El Teólogo de la Liberación Leonardo Boff, que condena el modo irracional de explotar los bienes y la vida natural, es nazi.
«Aquel que crea que el crecimiento exponencial puede continuar perpetuamente en un mundo finito: o es un imbécil o un economista.»
relato sanjuanino, la epopeya del pueblo entrerriano que luchó en contra de la construcción de la megarepresa Paraná Medio y logró que la legislatura declarara a Entre Ríos Territorio Libre de Represas. Como nazi ha sido el formidable proceso realizado por el pueblo misionero que, enfrentando a todo el establishment político y mediático, confluyendo desde todos los horizontes como afluentes primorosos de vida, expresado a través de los movimientos ambientalistas, el obispado de Monseñor Piña, los docentes, estudiantes y padres, los Pueblos Originales, en un plebiscito histórico dijeron NO a Corpus. Y cómo no recordar a ese acontecimiento epopéyico del NO al Basurero Nuclear en Gastre, en pleno corazón de la Patagonia argentina. También sus luchadores habrán sido nazis… ¡Cuánto desatino! La Racionalidad Instrumental, como veneno que anida en el corazón de las explosiones a cielo abierto para que sangre la tierra y el agua se desagüe, ha colonizado el pensamiento con los barros putrefactos del Pensamiento único. De ahí que deconstruir, desuniversalizar, desabsolutizar, los cimientos del Paradigma Mecanicista, tan fragmentador y reduccionista, está en los afanes de la Escuela Chico Mendes, para que los sentidos existenciales de la vida, vivan y para que el pensamiento, ante la encrucijada que le imponen los productivistas, pueda saltar el cerco de la lógica de mercado, y señale los nuevos mapas de la Racionalidad Ambiental.
Pero dónde nace el Pensamiento Único, ese pensar que engendró la crisis ambiental, crisis civilizacional, que es la crisis de un modelo económico, tecnológico y cultural que ha depredado a la naturaleza y negado a las culturas alternas, tanto aquí en las riberas del Río Paraná, donde el monoproductivismo sojero arrasó con la diversidad y aumentó el Calentamiento Global y aceleró el Cambio Climático que, hoy, y no sólo de ese modo, se manifiesta con la disminución del caudal del agua en la época de creciente; y en la región montañosa depredará de modo impiadoso la vida del agua, con la minería a cielo abierto, proceso inmundo y contaminante. Tanto en el caso de la sojización como en la megaminería, la furia destructora, deviene de la visión mecanicista del mundo que, ignorando los límites biofísicos de la naturaleza y los estilos de vida diferentes de las diversas culturas, está acelerando el calentamiento global del planeta. (Manifiesto por la Vida).
Desterritorialización y soberanía alimentaria
Mas ¿cuándo y cómo erramos el camino? Cuando sonó la “alarma ecológica” (como algunos la denominaron) a fines de los años 60 e inicios de los 70, vivíamos en la certeza del progreso, en el ilusionismo de un crecimiento sin límites que se mantiene hasta ahora. El desarrollo científico y tecnológico, ha sido interpretado como un designio y un destino, como la razón y el modo auténtico de ser de esta humanidad. El mundo moderno se mueve –como bien predijo Galileo– pero no sólo impulsado por las fuerzas cósmicas del universo, sino cada vez más por la racionalidad tecno-económica basada en el dominio científico de la naturaleza y en el control social. La construcción del mundo y de nuestros mundos de vida ha sido acarreada por la racionalidad de la modernidad –la objetividad de la ciencia, la innovación tecnológica, el crecimiento económico–, que habría de conducir la evolución de la vida humana siguiendo una lógica: la lógica del descubrimiento científico (K. Popper), la tecno-logía (H. Marcuse) y la “lógica” del mercado que han generado un mundo logocéntrico. El “descubrimiento científico” ha producido el encubrimiento tecnológico del mundo moderno (M. Heidegger); el conocimiento ha generado un desconocimiento del mundo. Esta teleología metafísica de la historia, que ha desembocado en un sistema-mundo cerrado en su jaula de racionalidad (M. Weber) y en el fin de la historia (F. Fukuyama), nos han llevado al borde del precipicio ambiental. El “progreso de la humanidad” ha conducido el proceso de evolución hacia la intervención tecnológica de la vida, por una voluntad de dominio de la naturaleza que se ha instituido y ha modelado al mundo, absorbiendo paso a paso las diversas formas de vida; constriñendo y determinando el sentido de lo humano (E. Leff).
El Pensamiento Único Occidental, antes que un proceso de globalización del mundo, produce un veloz proceso de occidentalización de las culturas y la producción, que reconoce antecedentes y tiene fecha de nacimiento. Acudimos al filósofo Sergio Bergallo, entrerriano, docente de la Universidad Nacional de Entre Ríos, quién en su estupendo libro “La desaparición de los dioses”3, editado por Arriba la Luna, nos dice que el 28 de Febrero del año 380 los emperadores Teodosio, Graciano y Valentiniano II, éste último un niño de 9 años, promulgaron el Edicto de Tesalónica, por el cual la religión cristiana y católica se convirtió en la única religión oficial del imperio romano, con carácter obligatorio para todos los pueblos del imperio, precisando que quienes no la profesaran u osaran combatirla serían considerados “dementes y delirantes”, y por ende, serían perseguidos y exterminados. El proceso avanzó. Se convirtió en dogma y se persiguieron las herejías de quienes llegaran a pensar diferente. Se eliminaron y destruyeron todos los templos de los dioses de otras religiones a quienes se les denominaba paganos. El fanatismo teológico hizo estragos, por ejemplo, el papa san León I, manifestó que había que empuñar la espada refulgente contra todos los impuros, expresando: “La impiedad de los paganos, la ceguera de los judíos, los hombres de pensamiento carnal, lo prohibido de las artes ocultas, la magia, en fin el sacrilegio y la blasfemia, son una letrina, una inmundicia que debe ser exterminada”. La ola de terror inundó todas las ciudades del imperio, cuyos ejecutores fueron soldados, monjes y las turbas fanatizadas. León I fue declarado doctor de la Iglesia por Benedicto XIV. Hoy, el fanatismo teológico neoliberal contribuye a construir las bases del Pensamiento único que aún, sigue perturbando a la humanidad.

Otro modo de imponer el Pensamiento único fue el acontecimiento ocurrido en el año 415, cuando fue asesinada la sabia Hipatia de Alejandría por una horda de monjes que respondían a san Cirilo. Era hija del famoso matemático Theón y había logrado reconstruir la Biblioteca de Alejandría, con los libros salvados de la expoliación efectuada hacia el año 391. Los monjes, dirigidos por el clérigo Pedro, la descubrieron en la calle, la arrastraron, la desnudaron y le dieron muerte despedazándola con trozos de cristal. El cadáver fue quemado, finalmente con todos sus libros.
Y en América, Abya Yala, debemos recordar tantas cosas para la imposición del Pensamiento Único. No olvidemos que América fue la mina inmensa que se tragó decenas de millones de indios y negros, y construyó los ríos de riqueza que alimentaron al capitalismo y aceleraron la formación del aparato tecnocientífico de la Modernidad Insustentable, expresión acuñada por H. Leiss 4.
Luego de que Francisco Pizarro destruyera Cusco y asesinara, junto a miles a Atahualpa en Cajamarca, su hermano Gonzalo, se lanzó en busca del País de la Canela (Ospina, W., 2008)5. Quería explotar la riqueza de la canela tan apreciada en la Europa de entonces. Cruzó las montañas, le habían dicho que detrás de ellas estaba la riqueza soñada. Armó una expedición con más de cuatro mil indios. Llegaron a la región amazónica. Había árboles de canela. Pero él quería que la selva fuera solo de canela. Amenazó a los indios y les exigió que le dijeran la verdad. Dónde estaba la selva sólo de árboles de canela. Los incas de la montaña no pudieron darle la información… y entonces sucedió lo increíble: el triunfo del Pensamiento Único mediante el calvario y sangre derramada sin compasión. De a diez eran convocados los indios y se les exigía la verdad sobre la canela. Como no escuchó lo que deseaba los aperreaba. Había llevado consigo tres mil perros, y entonces, los lanzaba contra los indios para que los descuartizaran. El Pensamiento Único no anda con miramientos, los perros se comieron tres mil hombres.

Luego vino la invención del occidente moderno, heredero del occidente europeo, construido en torno al derecho romano canónico, arquitectura técnica jurídica del orden nuevo. La teología nueva pasó a ser la ciencia y no admitió otro pensamiento que el suyo, y así se realizó un inmenso epistemicidio. A partir de entonces, qué significa Occidente. Seguimos a Legendre y decimos que se trata de una inmensa petrificación fragmentada entre ciencias naturales, ciencias sociales y las artes y una bola estratosférica donde se inflama el reino de la libertad para que el hombre flote envuelto en un diálogo desolado con la Ética, la Política y la Trascendencia, vinculándose con el suelo petrificado de la naturaleza con el individualismo y la propiedad privada (Legendre, P. 2008)6. Así nació la nueva versión dogmática del Pensamiento Único. Megaordenada por la Lógica de Mercado. Legitimada con la Ciencia, el Progreso, el Desarrollo, palabras mágicas que nunca han producido otra cosa que violencia y destrucción. En nombre del Progreso y de la organización nacional se llevó a cabo la Conquista del Desierto, comenzó el genocidio en nuestras pampas y Patagonia, y surgió el latifundio. De este modo, el Progreso, desde el saber que no sabe, se eleva esclavizando a la naturaleza, violando su sacralidad y produciendo riqueza que se concentra y desolación que se expande.
Como Escuela de Educación y Formación Ambiental, y ante el escenario depredador que nos propone el productivismo agrario genetizado y la megaminería, confrontamos con la Racionalidad Instrumental destructora, estamos con los que se oponen desde las asambleas populares, desde organizaciones ambientalistas, desde los Pueblos Originales, desde los intersticios de la Academia, con todos aquellos que apuestan a la Racionalidad Ambiental, “para abrir la complejidad del mundo de lo posible, al poder-ser, al por-venir” (Leff, E., 2007). Sostenemos que el AMBIENTE debe ser valorizado por la cultura y no por el mercado y las empresas. El productivismo, tanto agrario como minero debe ser gobernado por un sentido ético en el proceso de transformación de la vida. Como expresamos en el “Manifiesto por la Vida”, “sin desconocer los aportes de la Ciencia para transitar hacia la sustentabilidad, es necesario repensar la globalidad desde la localidad del saber, arraigado en un territorio y en una cultura, desde la riqueza de su diversidad y singularidad; y desde allí, reconstruir el mundo a través del diálogo de saberes intercultural y la hibridación de conocimientos científicos con los saberes locales”.

Imaginar el mundo desde Latinoamérica, desde Abya Yala, en tiempos turbulentos, es pensarlo desde otro lugar del pensamiento. Debemos hacer como hace unos días hicieron los estudiantes, en la cueva de la economía neoliberal que torturó al mundo durante las últimas décadas, descuartizando la interculturalidad y destruyendo ecosistemas complejos, que le dieron la espalda a los profesores y exigieron su renuncia, “que se vayan”, gritaban los jóvenes. Porque sus ideas habían sido las que llevaron al mundo al borde de la catástrofe. No podemos aplicar en nuestra casa común otro proyecto que el emancipatorio, ése, que nos legaron los fundadores, en un proceso de diálogo intercultural. De ahí, nuestra oposición a la sojización y a la megaminería. Por estos días, los caminos latinoamericanos desde Panamá, pasando por Perú y llegando a Argentina, están siendo recorridos por las tensiones generadas por la megaminería a cielo abierto y en estos contextos, los pueblos afirman, con pasión y compromiso su aspiración de ser escuchados, y que su grito: “Si al Agua, Si a la Vida”, sea la bandera de una visión del desarrollo y la ética.
Ambientalizar el desarrollo y los modos de vida significa descolonizar el conocimiento y descontaminarlo de las inmundicias que naturalizó el engañoso fenómeno del Progreso. Justamente en esta idea de currículo popular y cultural, ante el avance de las multinacionales que están decididas a cumplir el mandato arrasador de occidente, es imprescindible construir otro concepto de sujeto, reencantado en la práctica de una nueva racionalidad que dialoga con otras racionalidades, obstinado en la construcción del Saber Ambiental, donde se redefinirán las antiguas y siempre subordinadas relaciones entre Saber y Poder, para construir otras representaciones del Mundo, de la Naturaleza, de la Ciencia, de la Vida y de la propia Cotidianeidad.
Parafraseando los decires del Presidente de la Confederación Indígena del Ecuador (CONAIE), Luis Macas: para nosotros la cuestión ambiental es un proyecto simultáneamente político y epistemológico. Y desde esa encrucijada hablamos de la megaminería, de la sojización, del productivismo depredador y de los espacios que, supuestamente se han creado y desarrollado para resolver la Crisis Ambiental, perceptible desde comienzos de los 70 del durante el pasado siglo. La Cumbre de Río de Janeiro, en 1992, fue uno de esos tantos espacios para reorientar el camino del mundo que por la aplicación de una concepción economicista entrópica y utilitarista, tenía como parada final las honduras oscuras del abismo. Y la Cumbre de la Tierra fue un fracaso. Como lo fueron últimamente Copenhague o Durban. Y lo será Río+20, que, de antemano sabemos será revestido por los Estados, y el occidente de OTAN – USA, en particular, con ropajes verdificados, de una economía verdecita pero que conserve los rendimientos descomunales de beneficios y de producción de basura. Y eso no sirve. Como no han servido los Partidos Verdes, creados a partir de los 60 en el siglo XX. Hace poco, en Europa, los hemos visto apoyando las políticas de genocidios contra los pueblos indefensos de Libia, Irak, Afganistán y acordando con la invasión a Irán. Por eso, y sabiendo que esa no es una herramienta política liberadora, Marina Silva, quien fuera Ministra de Ambiente de Lula, renunció al Partido Verde en Brasil, donde obtuvo en las últimas elecciones más del 22% de los votos, y formó un Movimiento por la Ética y la Política, que arraiga en la Ética para la Sustentabilidad, inscripta en el Manifiesto por la Vida, que ella también acordó en Bogotá durante el año 2002.
Qué pueden decir algunas universidades de la lucha de los pueblos si están subvencionadas por quienes devastan su hábitat. Las universidades del país que están programando Seminarios para Río+20, generando aportes para el debate sobre un supuesto desarrollo sustentable y de protección de los bienes naturales, y de “uso prudente de los recursos naturales”, como dice el pensamiento hegemónico, subestimando nuestra inteligencia, pretendiendo que creamos que están preocupados por los equilibrios ecosistémicos, se encuentran en las tierras oscuras de la inmoralidad si aceptaron los fondos de financiamiento de las Mineras, o acordaron, como algunas facultades, convenios con Multinacionales nefastas y genocidas de la biodiversidad, por ejemplo, la insuficientemente mentada, Monsanto. Esos fondos tienen las marcas irreversibles de la represión, del encarcelamiento de los luchadores sociales y de la sangre derramada por las sendas latinoamericanas que, obstinadamente, se oponen, como en la región andina argentina, a que las multinacionales caven el hoyo mortífero para vaciar al ser, con explosiones que implosionan sobre la vida y el agua.

Río+20 debe ser un proceso en marcha, hasta junio del 2012, para entender que la Crisis Ambiental no es una cuestión que pueda abordarse desde perspectivas biologicistas, economicistas, ecologistas, tecnológicas, sino que el problema ambiental, como crisis civilizatoria, es un problema de la cultura, que debe referenciarse y fraguarse como decires en la Complejidad Ambiental. Y allí, ante ese paisaje nuevo y luminoso, habrán de sucumbir el pensamiento unidimensional, la razón instrumental que despojó de vida al ser, cosificando todas sus dimensiones. Río+20, deberá ser un atractor para que el despojo de las culturas y ecosistemas naturales de Latinoamérica sucumba ante las luchas y reclamos populares, que se han convertido en verdadero Diálogo de Saberes y caja de resonancia emancipatoria que recupera las voces de Abya Yala y el mandato emancipador de los libertadores que imaginaban, como Bolivar, una sola nación. En todo caso, hoy, podemos seguir pensando en el espacio común de la UNASUR.

Acordamos con los principios planteados en Porto Alegre para elaborar nuestra propuesta rumbo a Río+20, tal como lo propone Boaventura de Souza Santos para la Cumbre de los Pueblos, en oposición a la conferencia organizada por la ONU:
Primero, la centralidad y la defensa de los bienes comunes de la humanidad como respuesta a la mercantilización, privatización y financierización de la vida, implícita en el concepto de “economía verde”. Los bienes comunes de la humanidad son bienes producidos por la naturaleza o por los grupos humanos, a nivel local, nacional o global, que deben ser de propiedad colectiva, a diferencia de lo privado y lo público (estatal), aunque le compete al Estado cooperar en la protección de los bienes comunes. Entre los bienes comunes están el aire y la atmósfera, el agua, los acuíferos, ríos, océanos, lagos, las tierras comunales o ancestrales, las semillas, la biodiversidad, los parques y las plazas, el lenguaje, el paisaje, la memoria, el conocimiento, el calendario, Internet, HTML, los productos distribuidos con licencia libre, Wikipedia, la información genética, las zonas digitales libres, etc. Los bienes comunes presuponen derechos comunes y derechos individuales de uso temporal. Algunos de estos bienes pueden exigir o tolerar algunas restricciones al uso común e igualitario, pero deben ser excepcionales y también temporales. El agua comienza a ser vista como el bien común por excelencia, y las luchas contra su privatización en varios países son las que han tenido más éxito, sobre todo cuando se combinan luchas campesinas con luchas urbanas.
Segundo, el pasaje gradual de una civilización antropocéntrica a una civilización biocéntrica, lo que implica reconocer los derechos de la naturaleza; redefinir el buen vivir y la prosperidad de modo que no dependan del crecimiento infinito; promover energías verdaderamente renovables (no incluyen a los agrocombustibles) que no impliquen el desalojo de campesinos e indígenas de sus territorios; diseñar políticas de transición para los países cuyos presupuestos dependen excesivamente de la extracción de materias primas, ya sean minerales, petróleo o productos agrícolas de monocultivo, con precios controlados por las grandes empresas monopólicas del Norte.
Tercero, defender la soberanía alimentaria, el principio de que, en la medida de lo posible, cada comunidad debe tener control sobre los bienes alimentarios que produce y consume, acercando a consumidores y productores, defendiendo la agricultura campesina, promoviendo la agricultura urbana, de tiempos libres, prohibiendo la especulación financiera con productos alimentarios. La soberanía alimentaria, junto con la idea de los bienes comunes, exige la prohibición de la compra masiva de tierras por parte de países extranjeros como pasa en Argentina, Africa, China, Japón, Arabia Saudita, Kuwait o multinacionales (el proyecto de la surcoreana Daewoo de comprar 1,3 millones de hectáreas en Madagascar), en busca de reservas alimentarias.
Cuarto, un vasto programa de consumo responsable que incluya una nueva ética del cuidado y una nueva educación para el cuidado y el compartir: la responsabilidad ante los que no tienen acceso a un consumo mínimo para garantizar la supervivencia; la lucha contra la obsolescencia artificial de los productos; la preferencia por los productos producidos por las economías sociales y solidarias basadas en el trabajo y no en el capital, en el florecimiento personal y colectivo y no en la acumulación infinita; la preferencia por consumos colectivos y compartidos siempre que sea posible; mayor conocimiento sobre los procesos de producción de los productos de consumo, para que se pueda rechazar el consumo de productos realizados a costa del trabajo esclavo, la expulsión de campesinos e indígenas, la contaminación de aguas, la destrucción de sitios sagrados, la guerra civil, o la ocupación de tipo colonial.
Quinto, incluir en todas las luchas y en todas las propuestas de alternativas las exigencias transversales de profundización de la democracia y de lucha contra la discriminación sexual, racial, étnica, religiosa, y contra la guerra.
Recordamos para finalizar, un escrito anónimo, que recuperó el Teólogo de la Liberación Jesús Olmedo, en Humahuaca, tierras mineras si las hay, y que dice:
Un día pregunté en casa,
Abuelo, dónde está Dios,
Mi abuelo se puso triste,
Y así me contestó:
Tu Padre murió en la mina,
Sin doctor, ni confesión,
Lo enterraron los indios
A golpe de pala y tambor.
Tu hermano vive en el bosque
Y no conoce la flor.
Roja sangre de un minero
Lleva el oro del patrón.
Y que nadie me pregunte
Si es que acaso existe Dios,
Pero es seguro que almuerza
En la mesa del patrón.
Hay una cosa en el mundo
Tan importante como Dios y que nadie escupa
Lo que para otro sirve para que viva mejor, como el agua.
Yo canto la voz del Pueblo,
Que canta mejor que yo
Roja sangre del minero
Lleva el oro del patrón.
Por último, les proponemos compartir con Uds. este material realizado por actores argentinos contra la megaminería contaminante:
http://www.concienciasolidaria.org.ar/noalamineria.html

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