El sujeto de la orientacion vocacional a fines del milenio


A modo de presentación … 
Es en las últimas décadas del siglo XX cuando se producen y aceleran a escala mundial, una serie de cambios en los procesos productivos, en las tecnologías y en las formas de organización, que constituyen una verdadera mutación de los entornos educativos.

No solo hablamos de mutaciones y cambios, sino de transformaciones esenciales que penetran en todos los dominios de la actividad humana.

Las innovaciones tecnológicas, las nuevas formas de producir y utilizar conocimiento, la anticipación de nuevos paradigmas que modifican el contexto educativo, la apertura hacia una economía cada vez más globalizada que provoca la reorganización de los espacios socio-productivos, plantean la necesidad de atender a nuevos procesos de formación de recursos humanos que atiendan a los desafíos de estos inéditos escenarios.

La Orientación Vocacional , como mediadora entre educación y trabajo, anticipa también un profundo replanteo de su campo de intervención, revisando sus prácticas, reconceptualizando su campo, incorporando nuevos saberes , atendiendo a los requerimientos “marcados” por la incertidumbre frente a las transiciones.

Sin ánimo de hacer un recorrido lineal por las últimas décadas del siglo XX en nuestro país, intentaremos focalizar la mirada en el sujeto de la orientación vocacional, a través del análisis del entramado de las transformaciones de los procesos productivos y educativos.

Del sujeto vocante…. 

A partir de los inicios de la década del ’70, el optimismo que caracterizaba la expansión de los sistemas educativos latinoamericanos en general y del sistema educativo en Argentina en particular, y la consiguiente visión de la educación como garantía de acceso al mercado de trabajo y a la empleabilidad, fue decreciendo y permitiendo cuestionar la inadecuación del sistema educativo a los requerimientos del mercado laboral. Se va percibiendo en este período un desfase entre el clima político optimista de 1973 , en el que se reinstaura un breve período de democracia, y la mirada económica internacional.

Durante esta década se produce un fuerte incremento de la sobre-educación o desvalorización de las credenciales educativas en el mercado de trabajo, en contraste con la concepción que tradicionalmente consideraba a la educación como factor de promoción social (Filmus; 1993).

Justamente son las teorías reproductivistas de la educación (Bourdieu, Passeron, Althuser) las que re-interpretan el papel de ésta en relación a la reproducción de las desigualdades sociales, responsabilizando a la escuela por la formación de sujetos “ajustados” a las expectativas y a los objetivos políticos de los sectores dirigentes.

La perspectiva optimista también tuvo un duro embate con la crisis del modelo del Estado Benefactor. Los cuestionamientos al Estado planificador y asistencial permitieron emerger la imagen de una escuela “no productiva”, y favorecieron el crecimiento de la educación privada en general y de las universidades privadas en particular.

En el contexto de la dictadura militar de 1976 se incrementa la especulación financiera, el endeudamiento externo, el desmantelamiento fabril, el debilitamiento del papel de los sindicatos, la parálisis productiva y el capitalismo de mercado con alto costo social y productivo, obturando un corto período de democracia (1973-1976) que se había caracterizado por ideales de “compromiso revolucionario bajo el ideal de la liberación: política, sexual, educativa”. (M. Müller:1998;104).

Con el gobierno militar del ’76 se reinstala una fuerte represión política y cultural, un control ideológico y también un vaciamiento de contenidos que incide notoriamente sobre la calidad de la enseñanza.

A inicios de los ’70, Rodolfo Bohoslavsky publica “Orientación Vocacional: Una Estrategia Clínica”. Con esta obra, que sintetiza una vasta experiencia del equipo de profesionales de la Dirección de Orientación Vocacional de la Universidad de Buenos Aires, se difunde y toma terreno un modo de entender la orientación vocacional que cuestiona la ideología vigente: el desarrollismo en lo político y económico, y el eficientismo y cientificismo en lo educativo.

“Los procesos de orden económico son entendidos como efecto del desarrollo tecnológico, y éste, a su vez, de desarrollos o ‘mejoramientos’ educacionales”. (Bohoslavsky, 1971;10). Es así que, en el caso de la educación universitaria, ésta debía garantizar una óptica de “cientificismo” frente a los problemas del subdesarrollo.

La Orientación Vocacional como estrategia clínica cuestiona los supuestos, instrumentos y técnicas difundidos y vigentes hasta el momento. Con el desarrollo de aportes y líneas teóricas basados fundamentalmente en el psicoanálisis, en la psicología social, en la clínica, en el no-directivismo y en otros aportes se conforma una escuela Argentina de Orientación Vocacional ampliamente difundida y reconocida en América Latina.

El afianzamiento y difusión de esta modalidad de Orientación Vocacional coincide con el retorno de la democracia en 1973, oportunidad más que propicia para revisar una serie de planteos vigentes hasta el momento:

*la Orientación Vocacional no es una práctica a-valorativa, ni tampoco puede “abstenerse” ni ser neutral. Como toda práctica técnica-teórica, la Orientación Vocacional genera una ideología científica que refuerza en los orientados una ideología previa.

*no todos acceden a la Universidad, por lo que queda en tela de juicio el slogan de la”libre elección”. Se cuestiona la idea de la educación como promotora natural de ascenso social.

*la información en Orientación Vocacional debe tener en cuenta que no es lo mismo responder a “demandas sociales” que a “necesidades sociales”. Y en ese sentido se duda de los supuestos teóricos, ideológicos y políticos de las “profesiones” y sus prácticas.

*los instrumentos y técnicas que se utilizan en Orientación Vocacional derivan de las teorías e ideologías que los fundamenta. En ese sentido se pregunta: transformar, pero ¿hacia dónde?; orientar vocaciones, pero ¿para qué?, ¿cómo?: ¿develando u ocultando?, ¿desmitificando o reforzando?.

Se va perfilando una concepción de Orientación Vocacional Clínica, basada fundamentalmente en el psicoanálisis y en la formación clínica del orientador psicólogo, con una fuerte repercusión nacional por la novedad de sus aportes, y abriendo las perspectivas de los abordajes psicodinámicos en diferentes contextos, aún cuando es importante destacar la dudosa viabilidad de su práctica total dentro mismo de las instituciones escolares. Esta es una de las razones que dificultan que este modelo orientativo se instale masivamente dentro mismo del sistema escolar, coexistiendo una ‘mixtura’ de enfoques provenientes del abordaje actuarial y del abordaje clínico.

Esta nueva forma de entender la problemática de las elecciones vocacionales fue ampliamente difundida a través de las Jornadas realizadas desde 1971 a 1975 por la Junta Coordinadora de Organismos de Orientación Vocacional de Universidades Nacionales ( JOVUN) en reuniones y seminarios organizados en todo el país.

Quien elige, para la Orientación Vocacional Clínica, es un sujeto dinámico, pro-actor, histórico, en crisis, contextualizado y transversalizado por la historia personal, familiar, escolar y social. No es mensurable, “diagnosticable” ni predictible, pero sí capaz de hacerse cargo de su proyecto vital, de sus elecciones y de su toma de decisiones. En lugar de un sujeto con capacidades estáticas, se habla de un sujeto con potencialidades, con deseos, con conflictos, con imaginarios, con vínculos. Es un sujeto activo y colaborador, en permanente búsqueda de su identidad personal y vocacional.

El concepto de sujeto vocante en esta concepción alude a:

-un actor social que construye su subjetividad en relación con el contexto social, en donde hay un vínculo entre el esquema de sí y los diferentes esquemas sociales en que éste se forma.

-su subjetividad es relativamente maleable (depende del grado de complejidad de la estructura social y de la variedad de las interacciones en las que está inmerso). No se habla de una estabilidad cristalizada.

-está en constante búsqueda de conformar su identidad. Un sujeto, con su subjetividad relacionada con sus inserciones sociales, no definible por sus rasgos estables, nos lleva a pensar una Orientación que toma al vocante preocupado por la construcción de su identidad.

Es en este breve contexto de crecimiento y afianzamiento de la modalidad clínica de Orientación Vocacional cuando hay un incremento a nivel nacional de la matrícula de carreras humanísticas y sociales como Psicología y Sociología, las que a continuación- y con la dictadura- se repliegan, llegándose al cierre de estas carreras en muchas de las universidades nacionales.

Del sujeto subjetivo y sobredeterminado… 

Los ’80 están caracterizados por un fuerte cuestionamiento a la eficiencia del gasto social, lo que trae aparejado una serie de ajustes presupuestarios por parte del Estado, y políticas de descentralización que trasladan la responsabilidad de la educación a las provincias y los municipios.

A fines de 1983 se reinicia la democracia y la juventud retoma protagonismo y participación política. “Se reabren carreras clausuradas y crecen las postergadas: Humanidades y Ciencias Exactas; se duplica la matrícula en Derecho” (M.Müller, 1998;105). En 1982 los ingresantes a Ciencias Básicas y Tecnológicas llegan a casi el 50% de la matrícula correspondiente a las universidades nacionales, correspondiendo aproximadamente un 30 % de la matrícula total a los ingresantes de las Ciencias Sociales y Humanas.

En la interpretación de lo escolar, cobra fuerzas la perspectiva del “curriculum oculto” en la que se resalta lo latente, lo implícito y lo subyacente de la vida cotidiana escolar, y en la que el contenido curricular da sentido a las prácticas.

“Progresivamente, la posición social del docente se ha más que deteriorado” perdiendo “las fuentes de gratificación cultural o simbólicas que anteriormente revestían su imagen” (Davini:1994;10).

Los cambios sociales, el aumento de la marginalidad social, la industrialización, la crisis de la deuda externa, y fundamentalmente la incorporación de nuevas tecnologías informatizadas a los procesos de producción con su consecuente demanda de incrementos de responsabilidades y competencias por parte de los trabajadores, la coexistencia de modos de producción capitalista -dominantes y hegemónicos- con economías regionales segmentadas, son grandes temas que “marcan” esta década.

La intencionalidad política de los primeros tiempos de la post-dictadura acerca de las demandas democratizadoras de nuestro sistema de enseñanza, fue diluyéndose y “asimilándose cada vez más a la de los sectores dominantes, y asumiendo vertiginosamente el contenido y la fisonomía de los discursos neoconservadores y neoliberales que se expandieron en el continente” (Gentili;1994;22).

Filmus señala algunas de las características principales de nuestra educación de fines de los ’80: “desatención por parte del Estado, endogeneización de las metas, autolegitimación del sistema, corporativismo en el comportamiento de los actores y una constante pérdida de vigencia frente a las necesidades de la comunidad” (1994;72), más un estado de “anomia” respecto de las demandas sociales. ¿Para qué educar?. Simultáneamente, “las transformaciones mundiales colocan al conocimiento como factor principal de la competitividad de las Naciones” posicionando al conocimiento en una creciente centralidad que co-existe, paradójicamente, con la anomia edcativa a la que alude Filmus.

Es durante este período que la Orientación Vocacional en Argentina comienza a trabajar en contextos organizacionales. Agotada la JOVUN (Junta Organizadora de Organismos de Orientación Vocacional de Universidades Nacionales), nace AOUNAR como una organización que continúa agrupando a los profesionales orientadores de universidades nacionales. Simultáneamente surge la Asociación de Profesionales de la Orientación Vocacional ( primero APOV y luego APORA), en la que los orientadores vocacionales se nuclean convocando a todos los profesionales de la orientación (psicólogos, pedagogos y psicopedagogos) de todos los niveles del Sistema Educativo, tanto públicos como privados, e inclusive a profesionales independendientes de todo el país.

El campo de la Orientación Vocacional comienza a verse como una práctica muy amplia que no se aborda sólo desde la Psicología, de la Pedagogía o de la Psicopedagogía. A partir de los ’80 la orientación es vista como una trans-disciplina que se va enriqueciendo con los aportes de la economía, la sociología, el derecho laboral, la antropología, la ecología, entre otros, que le permiten comprender y abordar la compleja realidad próxima al fin de siglo, marcada por la incertidumbre y la irreversibilidad.

El sujeto de la Orientación Vocacional está sobre-determinado por la familia, las estructura escolar, los medios masivos de comunicación, la cultura. Se habla de un sujeto sobre-determinado y no determinado, pues se subraya el concepto de articulación compleja entre las instancias de causalidad estructural.

La Orientación Vocacional ve a la escuela como un espejo estructurado que le propone a los jóvenes un cierto reflejo de sí mismos, en el que se reconocen de cierta manera. Este espejo estructurado se convierte en estructurante, y para su entendimiento se integran enfoques de la psicología social y la psicología cognitiva.

El sujeto, en Orientación Vocacional, ya no es sólo el adolescente que elige su proyecto ocupacional o vocacional, que está en búsqueda y construcción de su identidad profesional en el paso de la escuela secundaria al nivel superior. Ahora se habla de un sujeto no necesariamente púber o adolescente, sino también de sujetos adultos que eligen en relación con el desarrollo de proyectos institucionales e institucionalizados.

Comienza a hablarse de un sujeto como:

*capital humano al que hay que “cuidar”

*recurso humano al que hay que “adiestrar”

*heramienta para la producción a la que hay que “instrumentar”

Del consultante abordado clínicamente desde lo psicológico, se pasa a una consideración de clínica institucional psicopedagógica, en donde va cobrando fuerza la situación de “aprendizaje de la elección vocacional”.

El contexto de creciente desempleo y la modificación de las reglas del mercado productivo y laboral, se convierte en terreno generador de cuestionamientos y estudios referidos a : la alienación y enajenación profesional; al replanteo de la elección de determinadas profesiones en función de ejes como prestigio y valoración social; la necesidad de incorporar en el curriculum escolar conocimientos sobre el mundo del trabajo que permitan su comprensión por parte de los sujetos en formación; el sujeto en relación a las transiciones vitales; los estudios de género y formación profesional y a planteos sobre retiro y jubilación, entre muchas otras problemáticas.

La Orientación Vocacional profundiza dos grandes funciones: la de asesoramiento (que apunta a esclarecer problemas y resolver situaciones de un sujeto o grupo de sujetos con determinadas necesidades para la toma de decisiones), y la función educativa (que apunta a “armar” un marco identitario para aprender mediante un repertorio de estrategias).

Del sujeto en carrera… 

En los ’90, van desapareciendo del mundo de la producción, algunos tipos de trabajo y otros pierden contenido tornando innecesarias ciertas calificaciones. Las organizaciones están cada vez menos dispuestas a proveer seguridad en la posesión del empleo, lo que genera un profundo cambio en el ‘contrato psicológico´ entre el individuo y la organización, constantemente renegociado. “Emerge una corriente de autores latinoamericanos quienes, desde la economía política, postulan que la función de la educación es articular y mediatizar los procesos educativos” (Llomovate;1993;16).

El clima de fin de siglo está fuertemente marcado por las teorías neo-conservadoras y neo-liberales, que otorgan al mercado mundial una fuerte definición sobre las economías nacionales y regionales , por sobre una presencia mínima por parte del Estado. En las medidas concretas de política existe un achicamiento del Estado y un retiro relativo de éste respecto de lo social, y de la creciente y dramática problemática de la exclusión, marginación, desempleo y pobreza.

El rol de la educación que alguna vez fue un instrumento de movilidad social, comienza a comportarse como un “duro instrumento de selección, debido a las restricciones del mercado de trabajo y al achicamiento del empleo público” (Gallart:1996; 103). Refiriéndose a la paulatina devaluación de la acreditación académica, G. Riquelme afirma que ésta se va generando por la mayor disponibilidad de la fuerza de trabajo educada, lo que tiene grandes beneficios para el sector empresario -que selecciona a los mejores- independientemente de los requerimientos educativos de los puestos de trabajo.

Las credenciales educativas pasan a a funcionar como “un filtro o indicador de la idoneidad laboral del joven”, de modo que “la sociedad establece unos ‘separadores sociales’ a partir del papel que tiene el sistema escolar” (Brunet y Valero;1997:337)

El sistema educativo formal se constituye así en un factor discriminante que divide, segmenta y jerarquiza al sistema social al imponer sus credenciales (exámenes, diplomas, dispositivos de prácticas, pasantías, etc) como una condición cada vez más necesaria para acceder al mercado laboral.

La personalización creciente “inducida” desde los modelos tecnocráticos, va llevando cada vez más a respuestas de exacerbado individualismo que permite pensar que cada sujeto es responsable de su propia ingeniería profesional o- en términos ocupacionales- de “inventarse” una ocupación, de emplearse a sí mismo o de crear servicios por medio de la capacitación o del perfeccionamiento en áreas novedosas.

Durante esta década se deja de lado la prohibición de crear nuevas universidades privadas, y por vía de excepción se incrementa el número de instituciones superiores tanto públicas como privadas, asciendiendo el número de universidades autorizadas a 87 en 1999. El total de títulos y carreras de nivel superior universitario y no universitario que se ofrecen en Argentina supera los 2.500, en un formidable proceso de expansión y diversificación casi caótica que se intensifica a lo largo de esta década, y que tiene como dato relevante un sostenido incremento de la matrícula en todo el nivel superior. “La creación de carreras no tiene demasiada lógica y en muchas ocasiones obedece más a razones políticas y comerciales que a cuestiones estrictamente académicas” (Rascován S:1997;14).

La Ley N° 24.195 sancionada en 1993 , marca el inicio de la reforma educativa nacional y significa un cambio curricular con la modificación de la estructura del sistema educativo. En su redacción confluyen distintas concepciones teóricas que convergen a la hora de asignar un papel desleído del Estado en cuanto a resposabilidad y sostenimiento del sistema educativo.

“La Ley Federal de Educación es una propuesta que se encuadra dentro de las políticas de ajuste del gobierno nacional que se propone descentralizar el sistema transfiriendo a las provincias la responsabilidad de su efectivización sin tener en cuenta la capacidad económica de las mismas”. (Bianchetti G: 1994; 38). Surge una valorización de la importancia de la educación general, por encima de la capacitación específica, basada en un análisis ocupacional estrecho de los puestos de trabajo.

En ese sentido, “es interesante señalar que el término sistema educativo, prácticamente está siendo reemplazado por el de sistema de producción y difusión del conocimiento, en el que se debe asegurar el acceso a los códigos de modernidad y la formación de la nueva ciudadanía”. (Feldfeber M:1999;298)

Resulta interesante transcribir el Título III, Capítulo IV, Artículo 15, inciso e: (Educación Polimodal): “Desarrollar habilidades instrumentales, incorporando al trabajo como elemento pedagógico que acredite para el acceso a los sectores de producción y del trabajo“. A partir de ésto, es relevante preguntarse cuáles son esas habilidades necesarias para que un joven sea ‘empleable’ y productivo en un mercado de trabajo moderno.

Surge todo un debate respecto de la noción de competencias, concepto que se sitúa a mitad de camino entre los saberes y las habilidades, en una implicancia que va más allá del curriculum escolar, relacionándose con trayectorias que implican una combinación de educación formal, aprendizaje en el trabajo y, eventualmente, educación no formal.

No cabe duda que se alude a un sujeto activo, abierto y flexible a la incertidumbre y a los cambios, en construcción y reconstrucción a partir de su interacción con el medio, y competente desde lo intelectual, lo práctico, lo interactivo – social y lo ético. Un sujeto que pueda responder a las tres funciones que se desprenden del Nivel Polimodal: a) función ética y ciudadana; b) función propedéutica y c) función de preparación para la vida productiva.

¿Cómo responde la Orientación Vocacional a esta problemática compleja de la incertidumbre frente a la formación, a la capacitación, a la actualización de determinadas competencias profesionales?. ¿Cómo puede mediar la Orientación Vocacional en los nuevos contextos de educación?

Deja de hablarse de vocación para pasar a referirse a carrera. Y este concepto de carrera también difiere del utilizado hasta el momento, en el sentido que ya no es el de un camino lineal, ordenado y progresivo, no es simplemente una estructura ni es una biografía. Podemos hablar de un concepto de carrera – que alude tanto a una realidad objetiva como subjetiva, en donde “lo objetivo (deberes observables, prerrogativas, requisitos, etc.- produce un modo de hacer y desemboca en toda una serie de sentimientos, aspiraciones y reflexiones personales que van delimitando y dibujando la carrera de un individuo en particular (Rodríguez Moreno :1998,158).

Puede entenderse la carrera en términos económicos (recursos, oferta, demanda), y también en términos sociológicos, políticos y psicológicos. A partir de estas consideraciones se va conformando lentamente, también en Argentina la orientación y la educación para la carrera en la que el énfasis se traslada de la elección de una ocupación o una profesión a la elección de un proyecto de vida, de estudio y de trabajo, incluyendo, (según D. Aisenson) a:

-la orientación, educación, desarrollo y planificación de la carrera profesional.
-el aprendizaje de recursos y competencias personales
-la transición escuela/trabajo y la inserción al primer trabajo
-la formación laboral; la reconversión y la reinserción laboral
-los itinerarios y trayectorias profesionales; las re-orientaciones y cambios; la relación que establecen las personas con su actividad laboral
-la problemática de la desocupación
-la preparación para la jubilación

Pero además, es necesario tener en cuenta que, a partir de acuerdos internacionales, y particularmente a partir del acuerdo Mercosur, la Orientación pretende ampliar sus fronteras. Para Veinsten (1993), éstos serían los ámbitos de acción de la Orientación a fines de milenio:

-Orientación de las negociaciones para convenir sin subsumir
-Orientación para los problemas de la preservación folklórica en el futuro intercambio cultural
-Orientación para la nueva producción de bienes y servicios
-Orientación para el cambio de actitudes frente al cambio
-Orientación de las actitudes cooperativas para pequeños productores que quieran crecer
-Orientación de actitudes para la producción de calidad

El sujeto de la orientación de fines de milenio da cuenta de un yo personal en el que inciden dos tipos de órdenes: el tecnológico-económico de la estructura social, y el simbólico-imaginario de lo cultural. Este es un yo en estado de “relacionalidad”, embebido cada vez más en una sobresaturación de mensajes y en una colonización de “otros” que lo lleva a tener una expansión indefinida de opciones identificatorias. Es lo que Gergen llama “saturación del yo” y “multifrenia”.

El proceso de autoconocimiento y de conocimiento de la realidad a que se dedica la Orientación Vocacional “es dificultado por estas características, ya que la proliferación de mensajes culturales contradictorios, conflictivos, obstruye su integración significativa, la discriminación de sus contenidos y la reflexión crítica sobre los mismos.” (Müller M:1998;51).

El sujeto al que alude la Orientación para la carrera requiere de su participación activa en el proceso de análisis y construcción de su autoconcepto y de la realidad contextual, con el objeto de desarrollar las competencias necesarias para su proyecto socio-profesional- personal.

Desde esta perspectiva, el sujeto desarrolla su carrera, y en interacción mutua, la carrera desarrolla al sujeto. En ese sentido, la carrera es un proceso de adaptación, que a lo largo de toda la vida – y atendiendo a procesos de cambio, progreso y crisis – relaciona al sujeto con la preparación para el trabajo, con el trabajo, con el cambio del trabajo y con dejar el mundo del trabajo.

No cabe duda que hablamos de un sujeto de la carrera, en carrera

A modo de reflexión… 

Si la Orientación Vocacional busca posicionarse como uno de los mediadores entre la educación y el trabajo, dinamizando la relación entre la lógica de la educación y la lógica del mundo laboral y de la producción, merece reflexionarse sobre aquellos colectivos que quedan en la exclusión y en los márgenes, sin la posibilidad de hacer elecciones y de hacerse cargo de la toma de decisiones sobre sus proyectos vitales y/o profesionales ; sobre aquellos sujetos enajenados de sí y del trabajo, sujetos de la diversidad, sujetos de la pobreza extrema, de la precariedad, sujetos excluídos y marginados, en fin, sujetos “no-decididores”.

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