Sociologia de la violencia


La violencia recorre medularmente las relaciones sociales de la sociedad contemporánea. Está presente en forma simultánea atravesando a la sociedad en forma vertical y horizontal, a cualquier hora, en todos los lugares del mundo y como respuesta a los más variados hechos. En física se habla del principio de “acción- reacción” según el cual todo cuerpo al que se le aplica una fuerza (acción) responde con otra fuerza (reacción) de igual intensidad y distinto sentido. Pero en nuestra cotidianidad no hay acciones privativas de ser respondidas con violencia sino, mas bien, que prácticamente cualquier hecho es pasible de ser contestado con violencia como si se hubiera convertido esta, en una cobertura epidérmica dispuesta a dejar su latencia, en forma irracional, ante sucesos que provocan disconformidad en sujetos o colectivos sociales. Sin embargo el concepto de violencia no es privativo de la sociología. Muy por el contrario ha sido trabajado por las más diversas disciplinas. Pero en sociología tiene un lugar de especial importancia como desarrollo de las teorías sobre el conflicto, de la dominación y del cambio social.
Las sociedades viven en conflicto. No existe teoría en las ciencias sociales que no admita este principio. El conflicto es un motor del desarrollo y del progreso; sin él no habría manera de producir las transformaciones que permiten evolucionar a la comunidad. De la manera cómo los gobernantes resuelven el conflicto, depende el tipo de sociedad que tienen (1). Solo que hoy en día, mediadas por múltiples factores se ha agudizado la exposición a situaciones violentas al complejizarse el flujo de relaciones interpersonales a través del desarrollo exponencial de las vías de comunicación. Esto ha generado un campo propenso a hechos violentos que surgen espontáneamente y que escapan a los mas diversos controles. Puntalmente este desarrollo permite comunicaciones inmediatas (trafico de imágenes, mensajes de texto, conexión a redes sociales), difusión global de hechos violentos que luego son tomados como reflejo (televisión, páginas web, canales web de video, publicaciones en redes sociales), exaltación a la violencia mediante el uso de redes sociales, videos caseros y diferentes publicaciones. Y la violencia escapa a la exclusividad de las relaciones de dominación y se instala como pandemia a nivel global.
En las sociedades abiertas, democráticas y amparadas en el Estado de Derecho, el conflicto suele canalizarse de manera funcional y positiva a través del diálogo y la institucionalización de mecanismos de concertación. En cambio, en las sociedades cerradas, autoritarias y sometidas a la dictadura de la élite, el conflicto sólo conoce la resolución por el cauce de la violencia. Asistimos hoy por hoy a sistemas democráticos débiles donde el Estado se encuentra sometido a los dictámenes del mercado y sujeto a los intereses de las clases dominantes en detrimento de las clases subalternas lo cual también implica una nueva forma de dominación.
La solución al conflicto no debe buscarse en el desenlace de sus manifestaciones, sino en la satisfacción de las causas que lo originan (hay un dicho bastante certero “vemos el humo y nos molesta, pero no hacemos nada con el fuego que origina ese humo”). El conflicto es siempre la revelación concreta de algún tipo de disfunción en la estructura social, algo así como la fiebre en el organismo que anuncia la existencia de una infección que no está en la superficie.
La violencia, es decir la respuesta autoritaria al conflicto, en realidad no es una verdadera salida, en el sentido de solución. Normalmente sólo consigue aplacar la manifestación del problema que luego retorna con mayor virulencia; además, con el ingrediente de la acumulación, que provoca más tensión y fricción y, por lo tanto, hace que la violencia sea cada vez mayor, como en una espiral. Esto último se puede observar en la actualidad en los problemas entre bandas de jóvenes o entre familias de un mismo barrio y la escalada que suele comenzar con una simple discusión de intereses encontrados, a veces nimiedades en el caso de vecinos, suele saldarse con muertos de un lado y del otro(2).
Si bien en teoría todos sabemos que la violencia produce más violencia, la tentación de utilizarla es muy recurrente en los Estados modernos, dado que el monopolio del uso de la fuerza les está reservado para utilizarlo contra los ciudadanos (3). Frecuentemente se confunde autoridad con autoritarismo y se actúa prefiriendo el camino fácil de la represión. En esas circunstancias, cuando el conflicto tiende a resolverse a favor del Estado por la vía de la coacción, es precisamente cuando nace la posibilidad de la violencia contestataria, que a la larga produce la salida revolucionaria. Claro está que en esta coyuntura no solo los conflictos Estado-ciudadanía o clases dominantes-clases dominadas, a lo que debemos sumar la violencia simbólica (4) si no que también los conflictos en el seno de las mismas clases se resuelven mediados por la violencia. En la actualidad ha sucedido una larga sucesión de linchamientos o intentos al menos, conflictos de intereses entre vecinos, violencia de género (los casos de femicidio han crecido exponencialmente) violencia en diferentes espectáculos y lugares de esparcimiento, peleas por problemas de transito, violencia por cuestiones vinculadas al narcotráfico, violencia sobre las minorías (cuestiones étnicas, raciales, sexuales, de minoridad o tercera edad) violencia escolar (mobbing, ataques a maestras, profesores o directivos, alumnos armados entre otros casos) violencia intrafamiliar y múltiples manifestaciones que dejan todo tipo de heridos, contusos y hasta inclusive muertos (5). La violencia entonces tiende a manifestarse en los momentos de emergencia de nuevas relaciones sociales y en los momentos de cuestionamiento de las formas de dominación, mediadas por la cultura y una comunicación de tipo deficitario. Una explicación posible surge de la idea de que el cambio acelerado o la modernización de finales del siglo pasado y principios del actual no ha sido acompañada de los debidos cambios institucionales creando en los sectores sociales, como producto de esta modernización incompleta, sectores marginados en los que suceden situaciones de descontento donde tienen gestación los procesos de violencia. Coser postula como un axioma que los seres humanos, con la excepción de aquellos a quienes se los entrena para el uso sistemático de la fuerza legítima o ilegítima, optan por la acción violenta sola bajo condiciones extremas de frustración, ansiedad y demanda de afecto (6). Por la tanto, si la incidencia de la violencia aumenta rápidamente ya sea en el conjunto de la sociedad o en uno de sus sectores, esto se puede tomar como indicador de desajuste severo.
Volviendo a la relación Estado-sociedad, mediada por la violencia. Muchas veces los gobernantes piensan que existe demanda ciudadana para el ejercicio legítimo de una violencia limitada y se lanzan al control del conflicto por esta vía (triste recuerdo en nuestro país de las aplicaciones de la llamada “ley Blumberg”(7), creyendo que, por el hecho de contar con cierto respaldo de sectores normalmente conservadores y rígidos, están por el camino correcto. Lamentablemente, no es así; el uso de la violencia para aplacar el conflicto, sea con apoyo ciudadano o sin él, produce el mismo devastador efecto. Está visto que las políticas de seguridad no han podido obtener el objetivo que perseguían como así tampoco las políticas sociales tendientes a la inclusión. Sin embargo no se puede achacar la responsabilidad absoluta de este fracaso, en términos cualitativos y cuantitativos, al Estado en cualquiera de sus niveles, sobre todo si seguimos la definición de Estado que proporciona Gramsci (8) , por lo que si no hay una conjunción entre la sociedad política y la sociedad civil para trabajar en forma mancomunada y no se ejercen mecanismos de control a nivel individual, grupal o institucional la efectividad de las políticas o de las acciones será nula.
Es hora de aguzar la imaginación y encontrar salidas inteligentes al conflicto y aquí nuevamente el Estado y la sociedad son los actores principales. La violencia sólo traerá consigo fracaso y, por supuesto, más violencia.

1 Comentarios sobre un texto de Ricardo Paz Ballivián (en cursiva texto original)

2 Durkheim indica que en una situación de descontento prima una forma de coacción “más o menos violenta y más o menos directa que liga a los individuos a sus funciones y por consiguiente solo es posible una solidaridad imperfecta y perturbada”
3 Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio reclama (con éxito) para sí el monopolio de la violencia física legítima dice Max Weber
4 Violencia simbólica es un concepto creado por el sociólogo francés Pierre Bourdieu en la década de los 70, que en ciencias sociales se utiliza para describir las formas de violencia no ejercidas directamente mediante la fuerza física, sino a través de la imposición por parte de los sujetos dominantes a los sujetos dominados de una visión del mundo, de los roles sociales, de las categorías cognitivas y de las estructuras mentales
5 Dice Weber que la acción se orienta por el propósito de imponer la propia voluntad contra la resistencia de la otra u otras partes
6 Coser, Lewis A (1970). Continuities in the study of social conflict. Free Press. New York
7 La llamada Ley Blumberg (Ley 25.886) es una ley aprobada por el Senado y la Cámara de Diputados el 14 de abril de 2004, que modifica en el Código Penal argentino la figura de los delitos con armas. 1 Existen otras dos leyes que se conocen como Blumberg, que son la Ley 25.882 que modifica el art. 166 del Código Penal que entró en vigor el 4 de mayo de 2004 y la Ley 25.891, de servicios de comunicaciones móviles por la cual se instituye un Registro de Usuarios. Entre otras cosas las Leyes Blumberg estipulan en 50 años la pena máxima de prisión por sumatoria de delitos para un condenado o una condenada por delitos gravísimos (violación seguida de muerte, secuestro extorsivo seguido de muerte, etc.).
8 Gramsci proporciona una definición ampliada del concepto de Estado como el resultado de las relaciones orgánicas entre Estado y sociedad política y ‘sociedad civil’”

Marcelo Guerrero Roman

marce_lamarque@hotmail.com

segui leyendo articulos de sociologia en bajoelparral.wordpress.com

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