Todo tiempo pasado, fue pasado


La nostalgia por un tiempo que creemos mejor que el actual, a partir de nuestras experiencias propias básicamente, nos hace creer que todo tiempo pasado fue mejor. Es probable que algunos indicadores efectivamente reflejen, tras un pormenorizado estudio, que ciertas cosas sucedidas en el pasado nos traían mejoras a la condición humana que hoy no se verifican, como por ejemplo la forma de relacionarse cara a cara, la seguridad ciudadana, en caso de nuestro pueblo el hecho que todas las personas se conozcan lo cual redundaba en una mayor solidaridad por mencionar alguno. Sin embargo hay otros indicadores que muestran una gran ventaja a favor de la época actual, los adelantos en comunicaciones, en medicina y el confort en la vida cotidiana entre otros.
Las añoranzas de aquel tiempo pasado, en general, tienen que ver con aquel periodo en que nos encontrábamos en la plenitud de nuestras facultades, en el mejor estado intelectual, hormonal, económico, sentimental o de mayor armonía de todos nuestros planos y en una correspondida interacción mutua. Es decir que el impacto emocional que se produce en nuestra psiquis a través del bienestar general que nos producen los relativos éxitos personales, las buenas experiencias de vida y los grandes hechos históricos en diferentes planos nos hace ver como “especial” a la época en que se desarrollan esos éxitos, experiencia o hechos, de tal suerte que nos parecerá lo mejor del mundo la música de esa época, las costumbres de esa época, la ropa, las comidas, los deportistas, la política, en fin, todo el bagaje sociocultural-económico de un determinado fragmento de la sociedad local o global perteneciente a un bloque histórico determinado. En Argentina muchos se preguntan quien fue mejor futbolista: Maradona o Messi? Esta creo que es una pregunta que refleja claramente el planteo que estamos realizando. Si bien Diego tiene una gran ventaja, pues las franjas etarias que disfrutaron de sus éxitos son mayoría, con el tiempo Messi será erigido en el mejor de los dos por supremacía co-generacional, aunque en términos estrictos lo hecho por Maradona a nivel selección sea insuperable y lo hecho por Messi a nivel clubes tenga ribetes de imposibilidad de repetición.
Generalmente la edad de nuestras mayores impresiones a nivel mental se produce en la pre-adolescencia y la adolescencia al tiempo que nuestro desarrollo hormonal explota a un ritmo desenfrenado, mientras que entre los 18 y los 30 se producen nuestros máximos niveles de equilibrio entre actividad intelectual y hormonal lo que se podría caracterizar como una plenitud individual global y armoniosa. Podemos decir entonces que entre estos dos periodos nos suceden la mayor cantidad de cosas que impactan en nuestras vidas, ya sean estas por novedosas, por importantes, porque nos suceden por primera vez y por su relativo peso en las decisiones que tomamos a favor de llevar determinado curso en nuestras vidas. De allí que aquello que nos suceda a nivel subjetivo en esa época determinada nos hará creer que el centro de la humanidad es ese corte histórico donde hemos sido en general, plenos y felices.
Suelen circular por las redes sociales escritos que grafican la niñez en los 80 donde nos hablan de cosas tales como. “El colegio duraba hasta el mediodía, llegábamos a casa a almorzar. No teníamos celular… así que nadie podía ubicarnos. Impensable” estas acciones marcan el pulso de ciertas actividades dentro de un determinado paradigma sociocultural e inserto en las posibilidades educacionales y tecnológicas determinadas por la época en cuestión. Cabe preguntarse qué hubiera sucedido de haber habido celulares en los 80; hubiésemos sacrificado su uso en aras de salir a jugar con autitos y tomar agua con la manguera? Es algo contra fáctico pero seguramente nos habríamos inclinado hacia lo que estuviese a mano en esa época. Seguramente dentro de 20 o 30 años los niños y adolescentes de hoy en día dirán que el hecho de contar con celulares y computadoras en su niñez y adolescencia le permitía comunicarse con sus amigos y jugar en red con ellos por lo que disfrutaban enormemente de esas ventajas comparativas con épocas pasadas. Siempre cuento que mi abuela a los 8 años faenaba pollos y mi hijo a su misma edad operaba un celular de alta generación con total simpleza. En el medio estoy yo que a esa edad no hacia ninguna de las dos cosas; estas experiencias marcan que, en general, somos “hijos de nuestra época” y nos manejamos con naturalidad en ese ambiente que está influenciado por las ideas de la época, las corrientes mayoritarias de opinión, la evolución sociocultural, la tecnología imperante y toda clase de desarrollos que no dependen de nosotros sino que nos aparecen como dados a partir de la coyuntura del modelo productivo.
Por lo tanto podemos decir que tanto nuestra formación, nuestros pensamientos y nuestros gustos dependen de la época en que nos ha tocado vivir y que aquellas cosas y hechos que consideramos como destacadas en cada plano en general se refieren a aquello que nos ha impactado, sobre todo emocionalmente, entre los 13 y los 30 años. A partir de esto podemos explicar porque se dice que todo tiempo pasado fue mejor ya que las personas tienden a establecer con criterios de universalidad hechos que le sucedieron en su época de mayor esplendor y en consonancia con un equilibrio hormonal e intelectual.

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