Tiene cara de delincuente? Noooo


En el imaginario de la sociedad aparece siempre ese dicho lapidario “tiene cara de ladron” o “me cruce a unos con unas caripelas!!!!!”. En el mundo occidental se inicio una persecucion por portacion de rostro a partir de los estudios de un tal Lombroso,  célebre criminólogo italiano, cuyas teorias tuvieron gran auge desde finales del siglo XIX . Desde entonces la cara ha sido la primera impresion, errada por cierto, para definir una persona. De esa manera tambien en nuestro pais se han colado con su maldad tipos como Robledo Puch y Astiz por tener caras de buenos.

Muchos cientistas han refutado de mil maneras al tano prejuicioso y finalmente un consorcio de investigadores de diferentes países del continente americano demostró a través de un minucioso estudio estadístico que no existe asociación entre los rasgos faciales y el comportamiento. En otras palabras, la ciencia descartó de plano la posibilidad de juzgar a alguien por su apariencia. La investigación, que contó con la participación de especialistas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y el Centro Patagónico (CENPAT), contradice al célebre criminólogo italiano Cesare Lombroso, representante del positivismo criminológico.
Razzias callejeras o averiguación de antecedentes. La policía inventó numerosos eufemismos para justificar las detenciones por “portación de rostro”. Así, las clases populares, inmigrantes o descendientes de pueblos originarios fueron históricamente objeto de abusos policiales por el sólo hecho de ser morochos o no encajar con los patrones de belleza impuestos por las élites. Una práctica tan antigua como la humanidad.
No obstante, los científicos demostraron que la fisionomía y los rasgos de carácter no están relacionados de ninguna manera. Analizaron los rasgos faciales de casi 5000 hombres y mujeres de 94 sociedades humanas modernas de todo el mundo. Incluyeron no sólo comunidades rurales, urbanas e indígenas, sino también poblaciones de presidiarios, para determinar si esos rasgos estaban de alguna forma asociados con diferentes niveles de agresión.
Lo hicieron en respuesta a Lombroso, quien durante el siglo XIX destinó gran parte de su carrera profesional a demostrar la supuesta asociación entre las características físicas, especialmente la forma del rostro, y determinados comportamientos agresivos. También a una serie de estudios realizados en los últimos años que buscaron vincular ciertos rasgos con comportamientos antiéticos. De manera general, proponen que los hombres con caras más anchas que altas son más agresivos y tramposos. Según estas teorías, la supuesta “agresividad” de este tipo de hombres los ubicó en una suerte de dominación sobre otros hombres. En consecuencia, las mujeres los habrían elegido más y por lo tanto habrían tenido más posibilidades de dejar descendencia.
Para Claiton Bau, del departamento de genética de la Universidad Federal de Río Grande do Sul, Brasil, y otro de los autores, asumir que la personalidad de un individuo está determinada genéticamente y que esos caracteres se reflejan en la forma del rostro puede acarrear dos tipos de consecuencias. “Primero”, dice, “aplicar esos falsos ‘indicadores faciales’ puede llevar a una suerte de estigma negativo”; y después, “refuerza el concepto errado de que la influencia de la genética en el comportamiento sería simple y directa, al punto de que se podría predecir por la anatomía facial”.
“Nuestro objetivo fue evaluar en diferentes poblaciones humanas si había rastros de selección que habrían favorecido en el pasado a los varones con caras supuestamente más agresivas o dominantes”, explica Rolando González-José, investigador independiente en el Centro Nacional Patagónico (CENPAT) y coordinador del trabajo, publicado en la revista PLOS ONE. Según Raúl Carnese, director de la sección de Antropología biológica de la Facultad de Filosofia y Letras de la UBA, el hecho de que se hayan analizado diferentes grupos de todo el mundo aporta datos únicos. “Combina información biológica y sociocultural, y como la muestra es muy grande, permitió a los investigadores valorar las variaciones intra e interpoblacionales”, explicó
Estadísticamente, los resultados mostraron que las proporciones de la cara no influyen en ninguno de los dos sexos a la hora de elegir sus parejas. Además, los hombres con rostros más anchos tampoco tienen más hijos, lo que permitiría descartar la hipótesis de que las mujeres los eligen más.
Finalmente, los investigadores aseguran que no hay diferencias significativas entre las caras de hombres condenados por homicidio o robo y el resto de las personas analizadas. “En conclusión”, analiza González-José, “la hipótesis de que las mujeres en períodos históricos o prehistóricos eligieron varones con caras ‘agresivas’ o dominantes, queda descartada”. «

Fuente: Ramiro Barreiro

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