Caballo que no galopa en Jesus Maria


Hace más de treinta años que veo o escucho en la radio el festival de Doma y Folclore de Jesús María, aunque nunca he podido verlo personalmente. Sin embargo en una tradición familiar de 4 generaciones todos los veranos los reyes nos traen el tumulto de caballos, jinetes, apadrinadores, payadores y cantantes o conjuntos folclóricos directo a nuestra casa. Esta temporada no fue la excepción y todavía recuerdo la emoción con que seguimos junto a mi hija y mi padre la faena del, a la postre bicampeón, Ramón Córdoba cuando en una de las primeras jornadas se fue al suelo con caballo y todo y cuando el animal se levanto el estaba pegado en el lomo. Por eso me llamo la atención al día siguiente cuando leí que representantes de 13 organizaciones protectoras de animales denunciaron penalmente a la comisión directiva del Festival de Jesús María por la muerte de la yegua “La Roseta” en la jornada del sábado. Me quede pensando en tantas cosas, en tantos caballos, en los maltratos de caballos tirando carros o azotados por nada, sin alimentos, durmiendo al raso en las heladas camperas. Y en estos otros como La Roseta o la Patagónica, que también se desnuco, con tantos cuidados y excepciones.
Pudo ser un Doradillo, Alazán, Oscuro o Ruano
Bayo, Cebruno, Tobiano, Moro, Lobuno o Rosillo
También pudo ser Tordillo o algún zaino requemao
Overo, Negro o Tostao, no interesa su pelaje pues que nació pa salvaje y por eso es reservau.
Desde muy chico me aprendí ese verso y cada tanto me viene a la memoria por circunstancias diversas no siempre relacionadas con los caballos. El caballo, este animal tan noble y tan caro a los afectos argentinos a partir de dimensiones históricas, económicas y deportivas. San Martin en su caballo blanco (ficticio o no) aunque ahora dicen que era bayo. Cuadros de gauchos arreando hacienda en los albores de la Patria o mapuches y pampas en el galope tendido del malón. Gardel lamentándose perder a una cabeza en una carrera reñida. Y los dichos, los cuentos, las fotos, los paseos en mateo, Molinas Campos y toda la iconografía que coloca al caballo como el verdadero amigo del hombre argentino. Dice Gieco de Todos los caballos blancos todos los caballos blancos y el campo y el campo y el campo. Pero no todos los caballos cumplen con ese derrotero romántico de llevar un charre, de cruzar el disco por varios o de ser el “pintado” del General Perón. Son aquellos caballos que por defecto, por edad, por imposibilidad de ser amansado o por ser demasiados son enviados a los frigoríficos, los cargan pa’ los tachos como se dice en el campo pese a que no está muy difundido el consumo de carne equina en nuestro país. Antes bien la carne de caballo argentina se vende principalmente a Rusia, Holanda, Francia, Italia, Japón, Bélgica y Alemania; siendo el mercado ruso el de mayor volumen de compras quedándose con más de la mitad de la producción argentina. En estos países esta difundido el consumo y sus bondades, ya que tiene menos colesterol que la carne vacuna, posee un alto contenido de hierro y está libre de aftosa. En nuestro país es casi un sacrilegio comer un caballo, salvo alguna potranquita de año en algún evento particular, y reciben muchas críticas aquellos que a veces apremiados por lo económico se deshacen de sus caballos con destino amargo Pa’l tacho lo liquidaste, adiós nocherito fiel. Muchos caballos salvan de su destino de frigorífico pasando a formar parte de las tropillas.

Por eso llama la atención que de repente haya asociaciones que se preocupen por el Festival de Jesús María y nunca hayan hecho nada en Liniers con las vacas o en Trenque Lauquen, Córdoba o Chimpay con los caballos a faenar. ¿Será porque no sufren maltratos si no que los matan directamente? ¿Se preocupan por la especie en general o solo por el sufrimiento? Los caballos que participan de las domas y jineteadas son poco menos que atletas con una alimentación y un entrenamiento acordes a su disciplina y los cuidados necesarios además de los riesgos y particularidades como lesiones, dopajes, situaciones de stress e incluso la muerte como ha sucedido igualmente con pilotos de automovilismo, rugbiers, ciclistas, futbolistas o incluso jinetes en festivales de doma. Además para poder concurrir a estos festivales las tropillas deben recorrer diferentes rutas con controles camineros donde deben exhibir certificados de buena salud y vacunación entre otros, por lo que están controlados en su sanidad, estado atlético y alimenticio. Aun así quizás algún lunático quiere hacer una analogía entre las jineteadas y las corridas de toros pero allí solo duran un festival los animales, ya que son entrenados para morir y tampoco se puede parangonar con los circos donde además de soportar practicas crueles permanentes, a los animales, se los puede ver a simple vista mal alimentados y llenos de cicatrices. Llama también la atención en este caso que algunos cronistas de televisión y noticieros coloquen en letra catástrofe títulos que hablan de la muerte de 10 caballos en el festival de Jesús María, cuando ocho de ellos perecieron tras un accidente de tránsito en un hecho que nada tuvo que ver con el evento. Las dos yeguas que murieron lo hicieron por una causa típica en los equinos, desnucamiento, hecho que sucede muy a menudo cuando no se tienen las precauciones necesarias durante el amanse de los animales y durante las palenqueadas, los trabajos sobre la docilidad en la boca de los equinos, en las primeras montadas o galopes y también obviamente en las jineteadas; los caballos se dan vuelta sobre su cuerpo, lo que se conoce como voleada, cayendo de lomo y golpeando violentamente su cabeza lo que a veces provoca la muerte instantánea y en otros casos cegueras o trastornos motrices permanentes. Una de las causas más importantes de decesos en los equinos aunque lejos de la principal que son los cólicos, fuertes dolores en el vientre que se acompañan de alteraciones funcionales e incluso en la topografía de las vísceras de la cavidad abdominal. Se pueden originar por cambios repentinos en la dieta del animal, “empacho” o una infestación parasitaria en el aparato digestivo. La estadística precisamente refleja una tasa prácticamente nula de muertes de caballos en 48 ediciones del festival y en tantos otros eventos que tienen que ver con la jineteada. Me da la sensación que si quieren hacer algo por la protección de animales en competencia, además de ir a los festivales de doma se den una vuelta por las carreras cuadreras, donde el maicito y el chocolate están haciendo estragos entre los caballos de carrera, pasen por las carreras de galgos donde a los perros se les da cualquier tipo de aditivo para mejorar su performance y aboguen por controles antidopajes para todos los competidores como sucede en los máximos hipódromos del país. Además, cierto tipo de “violencia” que se critica ha sido utilizado por generaciones en la domesticación de estos animales de 400 o 500 kilos para convertirlos en motores de la historia.
Sería interesante ver a estas asociaciones manifestándose en todos los eventos que involucren animales, obligando a realizar todo tipo de controles sanitarios en los mismos, prever medidas de seguridad y sobre todo realizar trabajos cuantitativos y cualitativos para determinar las principales causas de maltrato y muerte en los animales. Si no se puede suponer que hay otros intereses y que prima el deseo de aparecer en cámaras antes que proteger a los animales allí donde estén.
Caballos que no galopa va derecho al pisadero y al que lo topa la muerte va derechito al infierno.

JESÚS MARÍA. El sábado 5 de enero murió “La Roseta”, una yegua que se accidentó en el campeonato de doma.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s