Femicidios con fuego


Especialistas de Argentina y España coincidieron hoy en la necesidad de que los medios de comunicación informen siempre sobre los casos de femicidios con fuego pero priorizando el por qué de la violencia de género, atendiendo que desde el asesinato de Wanda Taddei, otras 50 mujeres murieron a causa de quemaduras.

Ayer, el Tribunal Oral Criminal N° 20 condenó a 18 de prisión a Eduardo Vázquez, por el asesinato con fuego de su esposa Wanda, atenuado por emoción violenta, lo que generó críticas de sectores que trabajan en la prevención de la violencia de género.

La utilización del fuego como metodología violenta se incrementó a partir del femicidio de Wanda en 2010, y en lo que va de este año ya se contabilizan 11 femicidios y 17 mujeres quemadas que aún sobreviven con sus secuelas, según datos del observatorio de la ONG La Casa del Encuentro.

Hoy, a la penosa lista de mujeres quemadas, se sumó Paula González, de 21 años, quien perdió a su bebé de siete meses de gestación tras sufrir quemaduras en el 75 por ciento de su cuerpo.

“El `cómo` de una información sobre violencia de género no es un asunto importante por dos importantes motivos: primero, porque crea morbo y es un paso que se da hacia el sensacionalismo, y en segundo lugar porque desviamos la atención de lo que, realmente, es importante en la violencia de género: el `por qué`”, afirmó a Télam desde España, Pilar López Diez.

Periodista y especialista en género, la española es una referente cuando se analiza el tratamiento mediático de la violencia de género. Entre sus numerosos aportes al tema se cuenta la elaboración del “Manual de Urgencia para tratar las noticias sobre violencia de género de Radio y Televisión Española”.

“Mientras la gente quiere saber si antes la roció con gasolina, si primero prendieron las ropas y su cuerpo quedó desnudo, si las quemaduras afectaron al 30, 70 o 90 por ciento del cuerpo; si este tipo de muerte es extraordinariamente dolorosa para la mujer…la gente está totalmente desinformada de por qué se producen tantos asesinatos de hombres contra mujeres”, agregó.

En el mismo sentido, opinó Marcelo Pereyra, magíster en periodismo e investigador en representaciones de las violencias en los medios, para quien “el modus operandi del victimario no es relevante, más allá de que es particularmente brutal, aunque no mucho menos que 30 puñaladas o un escopetazo o un estrangulamiento”.

Ada Rico, presidenta de La Casa del Encuentro, aporta que la difusión de los casos de violencia de género en los medios de comunicación “sirve para que la sociedad tome conciencia sobre esta problemática y para que estos temas dejen de estar en el ámbito de lo privado, donde el secreto protege al agresor”.

Al mismo tiempo pidió que los medios “terminen con el eufemismo de `crimen pasional`, que no justifiquen al violento y no difundan tanto los argumentos y estrategias de los agresores, ya que hemos visto cómo, en el caso de las mujeres incineradas, se repiten caso a caso las versiones que desarrollan los femicidas”.

Por su parte, Claudia Laudano, autora de “Construcción mediática de casos de violencia contra las mujeres” reconoció que “resulta difícil afirmar de manera categórica que la difusión periodística de casos de violencia hacia mujeres donde se las quema, genera otros casos similares”.

Para la especialista “al no contar con estadísticas nacionales de la última década es complicado afirmar que el aumento de casos análogos es producto de la difusión periodística”.

Laudano, quien junto a Marcelo Pereyra, analizó la cobertura mediática del femicidio con fuego de Wanda Taddei, “se naturalizó el desenlace violento” y “psicólogos y psiquiatras intentaron justificar al victimario a partir del estrés post traumático que habría sufrido después de Cromañón”.

Vázquez era integrante de Callejeros, la banda de rock que tocaba en el boliche porteño Cromañón cuando el local se incendió el 30 de diciembre 2004 causando la muerte de 194 personas.

“El caso de Wanda fue instituido como ´emblemático´ por los medios, que desde allí abordaron a otros por analogía, aunque sin otorgarles la misma publicidad ni jerarquía en las coberturas”.

La investigadora recordó que desde ese crimen, “los diarios generaron la etiqueta distintiva `mujeres quemadas`, con la consecuencia de separarlos del tratamiento general de la problemática de violencia de género” y se preguntó: “¿Estos casos concitaban antes el mismo interés periodístico para ser registrados?”.

La respuesta parece ser “no”, ya que las estadísticas sobre femicidios que realiza La Casa del Encuentro en base a notas publicadas en medios nacionales, sólo registran dos casos en 2008, seis en 2009, y la cifra trepa a 11 en 2010 y 29 en 2011.

En tanto, el psiquiatra Enrique Stola consideró que las noticias de femicidios con fuego “deben servir para la prevención de nuevos episodios; quien escribe sobre un caso necesita dirigirse muy especialmente a esa otra probable víctima que ya está sufriendo violencia y que está leyendo el texto”.

También se trata de “estimular a los testigos a denunciar y a las víctimas a buscar protección. Un teléfono o una dirección de mail de un programa de ayuda bien ubicado pueden salvar muchas vidas”, enfatizó el psiquiatra.

Wanda Taddei y los femicidios con fuego son un nuevo desafío para la sociedad en el respeto a los derechos humanos, del cual el periodismo, no puede estar ajeno.

Silvina Molina

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