Los cinco hermanos


Los equipos de fútbol de antes tenían formaciones fáciles de recordar por que sus jugadores pasaban muchos años en el mismo club y el equipo salía de corrido para el hincha de fútbol que los domingos escuchaba la radio o iba a la cancha. Aquella defensa de Boca de Vacca, Marante, Valussi y Sosa, la maquina de River con Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Lousteau, los rojos de Lacasia, Grillo y Cecconato o el San Lorenzo de Farro, Pontoni y Martino que, en aquellas viejas trasmisiones de radio, aprendíamos de memoria a recitar de acuerdo al club del cual éramos hinchas y que después  con el tiempo se convirtió en un torneo de memoriosos para ver quien recordaba mas y mejores equipos, me acuerdo por ejemplo de mi tío Tito que llevaba en la memoria incluso equipos que no pertenecían a su época y discutía con tipos mucho mas grandes que el  y les ganaba las discusiones porque se acordaba de equipos casi inexistentes. Un bocho el tío.

Pero la formación del Club Atlético Lamarque, del pueblito rionegrino del mismo nombre, allá por la década del 50 tenia una delantera muy fácil de recordar; es que estaba integrada por los cinco hermanos Saldaño. El wing derecho era el mas chico de edad, Juan Manuel, al mismo tiempo el mas moreno, no muy alto pero de buen físico, muy potente en su carrera y en su disparo cuando estaba cerca del área; el insider derecho era Martin, el segundo en edad, flaco, desgarbado y de buen manejo de pelota, además dueño de una tranquilidad absoluta, también era el mas rubio; el centro forward era Diego, el cuarto del grupo, el mas alto, el que mejor cabeceaba pero  a su vez el que menos sabia con la pelota, pero un terrible buscapleitos que siempre tenia algún encontronazo con los rivales o con los hinchas, un tipo con un carácter bastante fuerte. El insider izquierdo era Hernán, el del medio en edad, corredor incansable y gustoso de meter pierna fuerte, un jugador con mucha personalidad. El wing izquierdo era el mayor, Gabriel, un tipo distinto que felicitaba a los rivales cuando hacían una buena jugada y que era capaz de parar la jugada si el marcador que burlaba se golpeaba muy fuerte contra el suelo. Solía tener destellos de gran habilidad pero aparecía muy pocas veces en el partido, también flaco y uno de los tres zurdos junto a Diego y Hernán. Una característica común de todos ellos era su afición por la música y la habilidad con que tocaban cuanto instrumento caía en sus manos, es mas, muchas veces los invitaban para fiestas o actos escolares para que amenicen la festividad y tanto las navidades como los años nuevos, en la casa materna, daban lugar a largas sesiones de música y baile a la cual asistía casi todo el pueblo que pagaba por el espectáculo con corderos, chivos, novillos o bebida en abundancia. Mas de una vez la parranda duraba desde una fiesta a la otra y los hermanos de turnaban para dormir de a dos durante el día y por la noche ya estaban los cinco juntos como en la delantera del Atlético Lamarque

Dentro del campo de juego, Martin, era el mas completo de todos los hermanos, siempre se destacaba por sobre el resto del equipo fuerte, habilidoso y el que mejor le pegaba a la pelota de todos; hasta tuvo algunas oportunidades de jugar en Buenos Aires en clubes como Tigre o Estudiantes deLa Platae incluso jugo unos meses en la no muy lejana Bahía Blanca, en Comercial, en aquel año 49 que jugaron un desempate con Olimpo por el primer puesto que ganaron los aurinegros dos a uno y Martin convirtió el gol del descuento; sin embargo se volvió por que extrañaba el pueblo, mas que nada a su novia, la bella Carolina Solaris.

Esta joven era la única hija de uno de los hacendados más poderosos de la región, su abuelo había venido  con la campaña militar que al mando del general Roca había tenido como objetivo eliminar a los pueblos originarios o correrlos hacia los contrafuertes de la cordillera para ganar leguas de cultivo y pastoreo. Muchos soldados se quedaron por las zonas que iban siendo ocupadas y entre ellos Cosme Solaris quien “ligo “ unas ocho leguas de campo al sur del río Negro, por fuera de la isla de Choele Choel en las que parecía que las vacas parían de tres terneros por año por la velocidad con la que se incrementaba la majada.

Carolina y Martin se conocieron en una de las tantas parrandas de navideñas en la casa de los Saldaño. Néstor, el padre de la joven, aprobó la relación casi de inmediato por cuanto temía que sus propiedades quedaran a la deriva por no estar asegurada la descendencia. Puso dos condiciones. Un año de noviazgo vigilado, casamiento y lo principal: Martin se tendría que ir a vivir al campo para ayudarlo en todas las tareas para aprender el manejo del campo. Todo fue aprobado y la pareja en solo un año ya estaba instalada en el campo. Martin puso, a su vez, como condición seguir tocando con sus hermanos y continuar jugando al fútbol por lo que todos los viernes armaba el charre y junto con su esposa se venían a pasar el fin de semana,  cuando había partido de fútbol o fiestas y el domingo por la tardecita emprendían el regreso al campo.

Es una verdadera lastima que ese equipo que integraban los hermanos Saldaño no haya sido nunca campeón en la, por entonces, joven Liga Avellaneda.

Obtuvieron algunos subcampeonatos, es cierto y buenas actuaciones enla mejor delantera del At. Bilbao de los años 50:Iriondo,Venancio,Zarra, Panizo y Gainzaotros torneos, pero nunca alcanzaron la gloria; incluso en el 52 fueron punteros casi todo el campeonato y en la ultima fecha se les escapo perdiendo en Luís Beltrán frente al  también aurinegro equipo de Rivadavia. Pero el desquite vendría en el año 54 cuando le arruinaron el tricampeonato a los beltranenses, posibilitando a su vez la conquista de Belgrano, el “albiceleste” archirival del mismo pueblo que Rivadavia, hecho que no se recuerda tanto por la definición del partido si no por el tiro libre que Martin Saldaño tardo cinco días en poder efectivizar, si una semana en la cual el partido por diferentes motivos fue siendo aplazado todos los días.

Era un 18 de diciembre de 1954 y el partido  comenzó tal cual estaba pautado a las cinco en punto de la tarde. El día era diáfano, bien típico de los últimos días de la primavera, con una temperatura que había superado seguramente los 30 grados y sin nada de viento e inusualmente se estaba jugando en esa fecha tan cercana  a las fiestas de fin de año, cuando en general los torneos iban desde abril a noviembre con un breve paréntesis en julio, por las bajas temperaturas; pero esta vez el motivo estaba plenamente justificado y tenia que ver con la enorme crecida del río Negro que imposibilitaba a los equipos de fuera de la isla de Choele Choel, tales como Sportsman, Villa Mitre, Darwin, Belisle  y Chimpay entre otros, cruzar a jugar a Luís Beltrán o Lamarque, dos de los pueblos de la isla, que albergaban a Rivadavia y  Belgrano en el primero y al Atlético en el segundo. Esta contingencia hizo que deba postergarse la definición del campeonato hasta esta fecha cercana al fin de año; pero el torneo debía terminar porque luego entre las diferentes cosechas y los trabajos culturales de la época estival los equipos no se juntaban hasta finales de marzo por lo que debía haber un campeón antes de  la llegada de 1955.

Desde el comienzo se vio que el partido no iba a ser un dechado de virtudes. Muchos jugadores nerviosos, imprecisos, pierna fuerte y pitazos varios del referí eran la característica  del juego, a lo que se sumaban los gritos de afuera de la cancha por parte de los locales , los visitantes y algunos parciales de Belgrano que se encontraban en la cancha esperando un resultado que los beneficie para poder salir campeones.

La jugada previa al tiro libre que terminaría por ser histórico no había sido gran cosa, una doble pared entre Diego y Juan Manuel Saldaño, allá por los 23 minutos del segundo tiempo y con el partido cero a cero fue cortada de cuajo cuando el menor de los Saldaño estaba a punto de ingresar al área, por la férrea pierna de Tito Lamas, uno de los defensores de Rivadavia. La patada fue tan fuerte que no solo rompió la media del delantero lamarqueño si no que le produjo un profundo corte en la tibia a Juan Manuel Saldaño. Hernán, el tercero de los Saldaño que a pesar de tener 26 años tenia muy poco pelo, lo cual le daba aspecto de ser el mayor de los hermanos, cobró venganza aplicando un certero golpe de puño en la quijada del defensor beltranense provocándole el inmediato desmayo y un tumulto generalizado que, sin embargo, solo dejo como saldo la expulsión del entreala lamarqueño devenido en púgil. Lito Lamas, el hermano mellizo y compañero de zaga del desmayado corría con un viejo cubo de madera a buscar agua en la acequia que pasaba detrás de la cancha, para tratar de reanimar al que había perdido el conocimiento. Como wing derecho de Rivadavia jugaba el recién llegado medico cordobés Pablo Lima, paradójicamente de pasado en los celestes de Belgrano pero de Córdoba, quien recomendó no moverlo hasta que no volviera en si. Al décimo baldazo de agua pareció reanimarse, pero cuando el árbitro obligo a irse a Hernán Saldaño se desato una batahola tremenda en la cual intervinieron fundamentalmente los hinchas de los dos equipos y alguno que otro de Belgrano. Cuando finalmente la policía separo a los revoltosos, llevándose incluso algunos detenidos, el partido estuvo en condiciones de reanudarse,  pero ya el sol era una bola de fuego en el Poniente pintando de naranja todo el horizonte y don Ramón Legaz, el veterano arbitro de Darwin, decidió que no se jugaran los 22 minutos restantes y la comisión de la Liga Avellaneda, cuya mayoría de miembros  estaba en la cancha, creo que solo faltaban el gringo Alesio Olivieri de Chimpay y el rusito Haag de Belisle, decidió que se jugara el tiempo restante al otro día que era  lunes. El turco Terc representante de Lamarque protestó porque bien sabia que al termino del partido Martin Saldaño se iría para el campo provocando una sensible baja en los azulgranas lamarqueños, pero el resto de la comisión  lo convenció haciéndole ver que el domingo siguiente seria Navidad, el otro Año Nuevo y después todo el mundo estaría trabajando día y noche en las cosechas. Obviamente Martin Saldaño, muy a su pesar, debió marcharse al campo tal cual lo que había convenido con su suegro.

Sin embargo el lunes 19 los lamarqueños no pudieron jugar por no tener medio de transporte.  Resulta que al regresar  el domingo de Luís Beltrán el camión Chevrolet modelo 39, con cabina verde y caja de madera roja, había dejado de funcionar y era el único medio con el cual se podían movilizar. Enterados algunos miembros de la comisión de la Liga del contratiempo decidieron enviar a un mecánico a verificar por un lado y por otro a tratar de solucionar el tema. Curiosamente, o no tanto, el elegido fue Roberto Fernández el centro forward de Rivadavia. Sin embargo la tarea fue infructuosa y el delantero beltranense debió quedarse a dormir en Lamarque para poder terminar el trabajo y tener al viejo camión en condiciones aunque sea para el otro día.

El martes 20 el inconveniente vino por el lado de la balsa que unía Choele Choel con la isla y don Pedro Legaz el árbitro del encuentro no pudo pasar. Resulta ser que un camión que traía a unas familias a una fiesta familiar de cumpleaños  se quedo sin frenos llegando a la pendiente que terminaba en la balsa.  Con la velocidad que traía corto los dos cables que servían de límites a ambos lados de la balsa y se precipito al rio en una parte profunda y con mucha correntada, además de contar ese sector, con varios remolinos. Solo dos de las 20 personas que iban en el camión pudieron salvar sus vidas  merced a sus destrezas en el nado. El resto de las personas que viajaron pereció y sus cadáveres fueron encontrados en los sucesivos días, incluso el del mayor de los accidentados, Don Ramón Molinero de 80 años, cuyo cuerpo fue encontrado quince días después enredado en unos raigones. De quien no se supo nunca más nada fue de chofer del camión Honorio Garay. Esto dio motivo a un dicho popular que se mantiene hasta nuestros días. La tragedia, en cuanto ha víctimas fatales, ha sido la mayor de la historia de la comarca Vallemediense.

El miércoles 21 la acequia que corría por la parte de atrás de la cancha se reventó  anegando parte del área contraria adonde se debía reanudar el juego con el tiro libre. Algunos vieron por el lugar al caracterizado hincha del Atlético y carnicero, el pollo Leguizamón, arreando una punta de vacas, seguro de dudosa marca y conociendo de sus pillerías algunos beltranenses elucubraban acerca de que este habría provocado el hecho para aplazar el partido. Aunque la verdad era que unos  nenes habían estado cazando renacuajos para lo cual habían hecho una especie de dique con adobes, maderas y ramas de sauces. Cuando los llamaron sus padres se marcharon corriendo y olvidaron la represa casera que termino inundando gran parte del área del arco que defendía Pocho Giuliani para los de Lamarque.

Con poquito la cancha se secaba pero el jueves 22 pasadas las once de la mañana se desato una terrible tormenta eléctrica que término de anegar la cancha, incluso, hubo que lamentar el fallecimiento de Catalina  Vidal, reconocida vecina beltranense, quien mientras se peinaba frente al espejo, fue alcanzada por una centella. A las 4 de la tarde dejo de llover pero ya era imposible jugar aquel día. Si seguía el sol con la misma intensidad, seguramente el viernes a partir de las 17 finalmente se iba  a poder jugar. Por otro lado era la última chance. Para los lamarqueños era un alivio porque precisamente en la mañana  del viernes Martin Saldaño llegaría del campo e iba  a estar en condiciones de jugar.

Como lo hacía cada vez que llegaba del campo sus pasos se dirigían hacia el Bar-Tito, donde lo esperaban sus hermanos tocando la guitarra y cantando mientras se tomaban algún vinito servido por el mítico Rodolfo González. Recién al llegar Martin se anoticio de lo ajetreado de la semana y de las sucesivas suspensiones, tuvo tiempo de lamentarse por las muertes de la balsa donde habían varios conocidos suyos y también con lo ocurrido con Catalina quien era prima de una antigua novia de Hernán el del medio de la hermandad, y se  sonrió ante lo sucedido con la acequia dando credibilidad  a lo que se decía del Pollo. Y así mientras Diego preparaba el asado cantaron todo el repertorio mientras se iban sumando los otros jugadores, curiosos, vecinos e hinchas.

A las 3 de la tarde partió el camión rumbo a Luis Beltrán en un viaje tranquilo con alguna que otra sacudida por los barquinazos del vehículo en algunos charcos dejados por la lluvia reciente. Llegaron a la cancha y como era costumbre se fueron a cambiar detrás de un tamarisco entre las bromas de Juan Manuel, el menor de los Saldaño, quien le ponía sobrenombres nuevos a todos cada vez que jugaban. A las 5 menos cinco entraron a la cancha. Gabriel saludaba a todos cortésmente, Juan Manuel seguía con las burlas, Diego provocaba y amenazaba a los rivales y Martin sonreía mientras esperaba que se acomoden todos; Hernán desde el camión gritaba con palabras de aliento. De todas maneras tampoco fue tan fácil ejecutar el tiro libre. Los hermanos querían que también fuera expulsado Lamas para que el partido sea parejo y que haya igualdad y justicia. Luego vino la discusión por el lugar de la ejecución, Don Pedro Legaz no acertaba recordar el lugar de la ejecución y ambos bandos trataban de sacar ventaja respecto del punto de  disparo.

Cuando finalmente se pudo ejecutar, después de cinco días de espera y pese a toda la expectativa generada, la pelota, ejecutada de zurda por Martin Saldaño tras 4 pasos de carrera, paso sin pena ni gloria a varios metros del palo izquierdo del arco que defendía  “Joselito” Llorente, el único de la familia que jugaba para Rivadavia pues los otros integrantes de la tradicional familia beltranense eran todos jugadores de Belgrano.

Desde que se volvió a poner en juego la pelota con un saque de arco tras el fallido tiro libre,  se jugaron tan solo 15 minutos en medio de un concierto de patadas por parte de los 21 jugadores que quedaron, ante la pasiva mirada de Don Legaz que quería que todo aquello terminara rápidamente y con el menor problema posible. Los de Rivadavia comenzaban a festejar el titulo mofándose de sus eternos rivales de Belgrano que también habían concurrido a la cancha, puesto que con el empate eran los campeones y además concluían con una racha de dos campeonatos seguidos de su rival. Pero en el minuto final Diego Saldaño conecto con el parietal derecho un preciso centro que envió su hermano Gabriel y la pelota se coló junto al palo derecho del arquero sin muchos aspavientos ni ceremonias, aunque en definitiva con el enorme sabor de gol de revancha para Lamarque, gol de campeonato para Belgrano y gol de desazón para Rivadavia.

Sacaron del medio y terminó el partido; la gente de Belgrano inicio la caravana del festejo hacia la sede de calle Vicente López y Planes, en pleno centro de Beltrán, haciendo explotar unos preparados con pólvora que les había entregado don Manuel Guerrero quien por aquellos años estaba a cargo de la construcción de los canales de riego de la región por lo que la pólvora era uno de sus elementos de trabajo.

Los de Rivadavia no entendían nada, los de Lamarque festejaban, la gente se retiraba de a poco, los jugadores también, pero dentro de la cancha un episodio conocido se repetía; Tito Lamas yacía en el piso desmayado y su hermano mellizo Lito corría con el cubo de madera; esta vez el golpe  se lo había propinado el lastimado Juan Manuel que jugo casi en una pierna. Este duelo iba tener sucesivos episodios marcado por la violencia pero eso ya es otra historia.

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