Se me fue a mano con los churros


El relajo en las vacaciones suele ser total. Uno se acuesta y se levanta a cualquier hora. No hay rutinas ni obligaciones y se tiende a dejar de lado todo lo que demanda cierto esfuerzo. Lógico, a fin de cuentas, para eso son las vacaciones. Y la comida tampoco escapa al esquema del relajo. Los yogures y el bife con ensalada dejan lugar a docenas de churros y facturas, grasientas achuras, kilos de helados, baldes de mates azucarados y botellas de vino y cerveza. Encima hace calor y no dan ganas de hacer gimnasia o matarse con la bicicleta. El resultado no puede ser otro que engordar. A buen ritmo se suben hasta dos kilos por semana, alertan los expertos.   Se sale de la pileta, del rio, del canal y ni hablar si se esta en el mar, con un hambre como para devorar una ballena . se multiplican las invitaciones de amigos. Se desayuna a las 11, se almuerza a las 13, a las 14 un heladito a las 16 unos teres con churros o donas,  si no tortafritas. a las 18 nueva ronda de mates o teres. A las 20 picada con Gancia o Fernet mientras se activan los pollos al disco…

En la Playa tomando mate y comiendo churros y suspiro de monjas

Intentar reparar el desmadre puede costar dos meses . Pésimo negocio.

Comer es un gran placer, pero si las vacaciones pasan por la comida, ahí hay un problema, dicen los especialistas. Lo ideal sería darse gustos aunque sin tanta indulgencia porque sino después la vuelta a la normalidad será durísima. “Somos oportunistas. Quienes veranean en hoteles con mesa libre quieren comer todo y quienes tienen menú fijo no dejan nada. Quienes optan por llevarse comida apelan a la panadería, económica y portátil. Y quienes disfrutan de la compañía se juntan para comer, y eso significa agasajarlos con mucha comida”, dice Edgardo Ridner, presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición.

He tenido pacientes que han ganado 8 kilos en una semana . El mínimo son 2 kilos”, estima Mónica Katz, médica especialista en nutrición.

“Por lo general una persona puede aumentar entre 3 y 4 kilos durante las vacaciones. Y podemos tardar más de 2 meses en perderlos. Aunque depende de los hábitos alimentarios de cada uno, su metabolismo y el estilo de vida.

Este desfasaje no es bueno para el organismo, provoca complicaciones digestivas ”, sostiene Marcela Leal, directora de la carrera de Nutrición de la Universidad Maimónides.

“No es difícil imaginarse que en un país en el que el 50% de las personas tiene sobrepeso, en el momento del año en que ‘la boca se relaja’, un porcentaje amplio, mayor a ese 50%, vuelva de las vacaciones con un 3 o 4% más de peso que cuando salió.

Recuperar el peso dependerá de la conducta al volver: un mes de alimentación saludable y caminatas pueden ayudar mucho ”, opina Sergio Britos, de la Escuela de Nutrición de la Universidad de Buenos Aires.

La nutricionista Liliana Trifone, del Hospital de Niños, tiene una mirada optimista: “El significado de las vacaciones es placer, alegría, socialización, ocio. Alimentarse con tranquilidad y placer, no comer contando los minutos y en familia es bueno, mas allá de la calidad de lo que se ingiere”.

El sentido común siempre ayuda: equilibrio y moderación.

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