“No le tengamos miedo a desentonar” por Gaston Lauriente


Estoy en contra de la minería del oro en la Línea Sur rionegrina y quiero contarles un cuento repetido para que no se vuelva a repetir.

Un día hubo en Argentina una sociedad que apoyó un golpe de Estado y se cansó de festejar los goles del 78. Los militares se fueron y dejaron 30.000 desaparecidos, 3.000 pibes muertos en Malvinas y 80.000.000.0000 de dólares de deuda externa… entonces ahora todo el mundo dice “¡Qué malos los militares, che!”.

Pasaron unos años y llegó el mesías: Menem. Todo el mundo alegre, contento, feliz. De diez personas nueve lo adoraban. ¿Se acuerdan? Todo el mundo lo había votado. Se fue y dejó las empresas del Estado desmanteladas y millones de personas en la calle. En el 2000 toda esa gente que se jactaba de haberlo votado resulta que no lo votó.

Moraleja: los argentinos tenemos una debilidad por querer estar siempre del lado del ganador, como si la política fuera un campeonato de fútbol o una carrera de caballos. Y son dos cosas distintas. La consecuencia de un campeonato de fútbol es el descenso y de la carrera de caballos, la apuesta perdida. Pero elegir y sobre todo apoyar incondicionalmente a un político es darle la posibilidad de que haga lo que quiera y las consecuencias son la desaparición de personas, la extranjerización de la economía y de la cultura, el hambre, la muerte, la exclusión, la pobreza, el daño a la vida y a la salud de las personas, etcétera.

La minería de oro en la Región Sur es la crónica de una muerte anunciada. Que se haya elegido un cambio en la provincia no quiere decir que todo lo que quiera hacer este gobierno esté bien.

Espero que en esta cruzada sepamos discernir con seriedad y madurez qué posición tomar frente a este intento de saqueo de riquezas mineras que dentro de 20 años dejará contaminación, muerte y desolación.

La realidad es la única verdad. Estas empresas se están retirando de otras partes del mundo por la inminente prohibición de ese tipo de explotaciones en los países desarrollados y están haciendo pie en países como el nuestro, con leyes anacrónicas y permisivas que les permiten gastar poco y ganar mucho.

Estos datos son objetivos y los podemos conseguir por nuestros propios medios en internet, en bibliotecas o en medios informativos independientes.

Un ambientalista no gana dinero oponiéndose a un proyecto minero. Por el contrario, pierde tiempo y deja de hacer muchas cosas. En cambio, las empresas y los gobiernos se esfuerzan por convencer a la población de las bondades de sus emprendimientos, porque para ellos sí hay un negocio multimillonario de por medio.

Que este intento de justificar lo injustificable nos encuentre unidos y podamos gritar fuerte “No a la megaminería”, para que dentro de 20 años no tengamos que arrepentirnos sino estar felices de haber preservado un ambiente sano con buenas condiciones para producir y vivir.

No le tengamos miedo a desentonar, no vaya a ser cosa que por ir con el montón estemos siendo arreados al matadero.

 

Gastón Edgardo Lauriente

DNI 26.808.194

Los Menucos

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