Dos mujeres, el mismo camino


Dos mujeres, el mismo camino
Muchas cosas las unían, algunas similitudes hasta parecen increíbles. Las dos fueron hijas de familias tradicionales de sus ciudades y con buena posición económica, las dos profesionales aunque sin títulos de los considerados más “importantes” por una sociedad de la cual sus familias formaban parte del pináculo, sociedades de ciudades pequeñas donde los notables además son los dueños del pueblo. Las dos tuvieron novios de otras clases sociales y de familias poco adineradas. Se casaron con su primer novio y tuvieron 4 hijos cada una. Sus maridos abrazaron sendas carreras políticas y ambas los acompañaron, desde cerca, pero con perfil bajo. Ellos, aunque parezca el guion absurdo de una mala película, también se parecían sobre todo a partir de la consecuencia ideológica con el modelo neoliberal que gobernara nuestro país en los 90, privatistas, amigos de la mano dura; similares además por la búsqueda permanente del poder a cualquier precio, por la amistad con grandes grupos corporativos, por su participación política e ideológica en resonantes asesinatos de militantes sociales en medio de protestas multitudinarias, (Carlos, Maxi y Darío presentes). Ambos fueron electos gobernadores en la Patagonia, uno fue candidato a presidente, el otro quería serlo; también, los dos, fueron amigos del ex presidente Menem e incluso los dos lucían con orgullo cierto bigote entrecano. Pero volvamos a ellas, Liliana y Susana tales sus nombres de pila; criaron a sus hijos para que se parezcan a sus padres, aun, a expensas de verse permanentemente relegadas, muchas veces humilladas, soportando la carga de la familia y las derivaciones de las carreras políticas de sus maridos. Ambas sobrellevaron una vida para la cual no venían preparadas de cuna, sus depresiones se hicieron cada vez más continuas, sobre todo a partir del carácter y las acciones de sus esposos a quienes siempre se les achaco llevar vidas paralelas e infidelidades varias. Liliana era de Neuquén, Susana de General Roca, a las dos las rondaba permanentemente el fantasma del suicidio y en derredor de sus 6 décadas de vida tomaron decisiones extremas. Liliana se arrojo de un noveno piso en pleno centro de la capital neuquina. Susana termino con la vida de su esposo y la detuvieron cuando iba a terminar con la suya.
Dos mujeres, dos historias similares y una vida que no imaginaron.

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